lunes, 16 de julio de 2012

Advierten que recortes previstos en la Ley C-38 amenazan a los trabajadores temporales extranjeros

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Evento Trabajadores Extranjeros Temporales - Montreal Oratorio St-Joseph

Ayer, el Oratorio Saint-Joseph de Montreal, dejó escuchar otras voces. Mostró otros rostros. Tuvo otro paisaje. Este domingo, desde la entrada de la imponente iglesia, se vio como grupos de trabajadores temporales iban y venían curiosos sobre lo que ocurría en el espacio donde el grupo Dignidad Migrante había citado a medios de comunicación locales (anglófonos, francófonos e hispanos) para denunciar lo que consideran como una amenaza directa a la mano de obra que trabaja en los campos canadienses: la aprobación de la Ley C-38, que contempla recortes a un gran número de programas.

Noé Arteaga fue el encargado de convocar a los medios, aprovechando el marco de una misa en la que participarían los trabajadores temporales agrupados en asociaciones católicas que los ayudan. Sabía que dar su mensaje dentro del recinto no sería tan fácil, por lo que optó por declarar a los medios en plena entrada del Oratorio. A su lado, activistas francófonos y anglófonos -aunque Noé se defiende bastante bien en francés- retransmitían el mensaje de este guatemalteco que llegó a Canadá hace ya cuatro años y que ahora trabaja en pro de sus excompañeros, mientras espera una respuesta a su solicitud de refugio.

Su denuncia: “Los trabajadores no tienen derecho al seguro de trabajo y antes en la ley existía. Ahora, hasta los ciudadanos canadienses les están cortando los beneficios. Conozco casos de personas que han tenido accidentes en el trabajo y que no podrán recibir atención médica. Ahora el estatus del trabajador temporal no es el mismo del residente permanente. La opción es regresarse a su país de origen”, advierte.

Para Noé, esta nueva realidad del programa de trabajadores temporales, por el cual hay unas 7.000 personas “poco especializadas” -según estimados no oficiales-, representa una verdadera amenaza para sectores básicos como la agricultura. “Ellos, como lo hacía yo antes, siembran papa, remolacha, etc. Hay también nuevos sectores que los están contratando, como por ejemplo el de reciclaje y otros trabajos que los québécois no quieren hacer. Las mujeres también están viniendo para el sector de hotelería”. Según datos de La Presse, hay actualmente unos 30.000 inmigrantes temporales en el país.

Lo más grave, denunció el activista, es que pocos organismos responden por sus quejas. Reprocha que cuando se dirigen a sus patrones por necesidades presentes, éstos los envíen con los consulados de sus países de origen, los cuales, asegura, les piden que vayan con las autoridades del programa por el cual están en suelo canadiense. Esto ocurre incluso cuando hay situaciones ilegales de por medio como “el prestar” empleados entre empresas aunque éstos hayan ingresado a Canadá con “un permiso de trabajo cerrado”, es decir, efectivo únicamente para la compañía que lo trajo al país.

“En Ferme (Fondation des Entreprises en Recrutement de Main-d’oeuvre agricole Étrangère) no hacen nada. Siempre sacan un discurso no tan especial para los trabajadores. Hay patrones que dicen que somos salvajes y que por eso nos tienen que aplicar ciertas medidas, que hay gente que se quiere apuñalar, que venimos de países salvajes…”.

Evento Trabajadores Extranjeros Temporales - Montreal Oratorio St-Joseph

El costo y el sacrificio

Modesto Zúñiga es uno de los trabajadores que asistió ayer a la misa (que, vale destacar, era en español). La contundencia de su mensaje no tenía relación con la baja voz con la que se expresó. En representación de unos seis compañeros que lo flanqueaban dijo: “No pueden desaparecer la clase obrera campesina. La preocupación que tenemos es por qué desaparecer al grupo campesino si es la fuerza mayor en el territorio canadiense. Somos los inicios para que este país marche».

Zúñiga, quien trabaja desde hace 14 años como agricultor (en Ontario y en Quebec) cree que “no es justo que de la noche a la mañana piense el gobierno, o quien sea, desaparecer este grupo. Nosotros hemos dejado nuestras familias, nuestros hijos, nuestras esposas y no es justo que se haga una cosa como ésta”.

El empleado reconoció que el sacrificio tiene una razón. Aseguró que en México jamás podrían tener el salario que perciben en Canadá, incluso si son subpagados por lo que hacen. «El sacrificio es grande, pero nos hace falta esta economía”. Ese costo no implica solo dejar a sus familias atrás y todo lo que conocen con ellas, pues incluye también jornadas laborales que pasan de 12 horas, sol, calor, malas condiciones en sus viviendas y en ocasiones malos tratos de parte de sus empleadores. “Hay veces que vivimos bien, pero hay algunos grupos que viven en malas condiciones, se quejan de los servicios que tienen en casa. Depende del patrón”.

Noé, que ya pasó por el proceso, coincide con Modesto. Aseguró, sin embargo, que en muchos casos el avance para estos trabajadores es una simple utopía: “hay muchas personas que no se quejan por el trato, porque, por ejemplo, lo que ganas aquí en una hora es lo que ganas en Guatemala en una semana. Con eso construyes tu casa, haces tus economías. No están de acuerdo con lo que están viviendo pero dicen ‘voy a soportar dos, tres años y tal vez mi situación va a cambiar’. Al final resulta una utopía. No es cierto. Con el tiempo, conoces personas aquí y en 20 años no les ha cambiado la situación”.

Jornada con un fin delicado

Noé quiso hablarle también a los trabajadores temporales que asistieron a la misa. Para ello, pidió permiso al cura encargado del oficio y luego de que otro compañero tomó la palabra, comenzó a dar su mensaje desde un megáfono, en plena capilla.

Sin embargo, sus palabras fueron interrumpidas y tras gritos de parte y parte, los agentes de seguridad del Oratorio se acercaron para pedir que su intervención terminara. Así fue, no sin antes de que al lugar llegaran también oficiales de la Policía de Montreal, quienes le advirtieron que no convenía que tuviera un registro criminal. El activista aseguró que los policías pidieron a un fotógrafo presente que borrara las fotos del trato que recibió en medio de la intervención. Aunque aseveró sentir mucha decepción por lo ocurrido en el Oratorio, siempre mencionando que está en un país de libertad, no cree que el episodio pase a mayores. “Me siento algo confundido”, concluyó.

Fotos: Pablo A. Ortiz  – Noticias Montreal