miércoles, 22 de agosto de 2012

El debate de los jefes «québécois» ¿con edecán?

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Entre Fronteras
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Si en el debate del domingo por la noche, que fue transmitido a través de Radio-Canada, hubiera participado la edecán del tan comentado debate de los candidatos presidenciales en México, habríamos tenido una ganadora. Porque a decir verdad, en el encuentro que tuvieron los jefes de los partidos políticos, que participarán en la próximas elecciones en Quebec, no hubo un claro ganador.

Pero contar con la presencia de la famosa edecán habría sido un escenario imposible de repetirse aquí, en Quebec. Nada más imaginarse a una pizpireta dama, de pleno escote, yendo de un lado a otro, contorneándose delante de los jefes partidistas, simplemente habría sido fin de mundo.

¿Qué habría dicho Pauline Marois?. Habría levantado la cabeza, fijado la vista al techo, con mirada fría, y pensando para sus adentros:  Cette femme, n’est pas à nous de choisir. En otros términos ésta no va pa’l baile.

Jean Charest quizá habría seguido las sinuosas curvas de las coqueta chica, rumbo hacia el Plan Norte. François Legault habría levantando los dos brazos y mirando a la dama, inquieto, le habría dicho «Voyons donc… madame«. Por su parte, la señora Françoise David, tan paciente como es ella, simplemente habría esbozado una de sus mejores sonrisas y se habría encogido de hombros, señal de aprobación.

Como se ve, ese escenario simplemente habría sido más escandaloso de lo que fue en México. Pero Radio-Canada habría batido todos los récord de audiencia, aún tratándose de un aburrido programa político. De otra parte quizá le habría dado un toque picante a la campaña electoral, que a veces luce tiesa y tautológica.

II

Ahora bien, no perdamos el rumbo y ocupémonos  del debate.

Si juzgamos a los candidatos participantes por sus discursos de presentación y de despedida, todos serían ganadores. Hablando de sí mismos, todos ellos son un verdadero primor.

Igualmente, si les preguntamos a los representantes de las toldas políticas por sus respectivos candidatos todos responderían, sin dudar, que fue su candidato el ganador. Ya no queda ni rastros de esa antigua costumbre -que la mayoría ni se imagina que existía- de reconocer en el otro sus triunfos y hasta felicitarlo.

Antaño, por ejemplo, era de muy mal gusto y de pésima educación que en unas elecciones el candidato emita su voto a favor de sí mismo. Siempre se votaba por el adversarios. Hoy en día un acto de esa naturaleza se le llamaría gafería.

Pero  bueno, para no seguir dando vueltas en redondo, como lo hace Marois, voy atreverme a dar un resultado. Par mí, el orden de los ganadores sería el siguiente:  1) Jean Charest, 2) François Legault: y, 3) Paulina Marois

Clase aparte, considero a Françoise David, a quien algunos quizá la puedan dar como ganadora, pero le doy mención especial y si hubiera una categoría pluma, ella sería la ganadora.

Québec Solidaire, el partido de Françoise David, no logra aún tener la fuerza de opacar a los tres principales partidos políticos en lid, a la excepción del Parti Québécois. En eso, David estuvo muy consciente que, en esta coyuntura, a quien podría quitarle los votos es al PQ. La oportunidad le fue propicia cuando se trató el tema de la soberanía de Quebec. David le dejó muy en claro a Marois, que para soberanista, soberanista y media. Marois, sorprendida,  igual fue vaga en su reacción, tal como le había increpado David, en cambio en Québec Solidaire no escondemos nuestra condición de independentistas, remató David.

III

¿Por qué Charest de primero? El es un viejo zorro y no en vano está asido al timón del gobierno de Quebec desde hace 9 años. A pesar del desgaste y la presunción de ser un gobierno bastante salpicado por la corrupción, los candidatos adversarios no fueron lo suficientemente fuertes en atacar estos flancos débiles. O mejor dicho, el primer ministro, fue bastante hábil en zafarse de estos asuntos, con respuestas habitualmente precisas, directas y acompañadas de buena información.

Francois Legault llegó a este debate con mayor madurez, forjada durante todos estos días de campaña electoral. Está más desenvuelto con su verbo y sus gestos, que contrastan con el candidato de la primera vez, poco fluido en su hablar. Si bien Legault es la primera vez que se presenta como candidato al premierato, ya ha tenido experiencia en funciones públicas. Ha sido ministro de un gobierno pequista, este es su pecado original que no lo ayuda en sus propósitos actuales.

Sin embargo, la noche del debate, François Legault precisó que ni él, ni su partido eran independentistas y que no estaba entre sus prioridades embarcarse en un asuntos que «no es una prioridad hoy en día para los québécois«. Incluso dijo que en ningún autobús -¿anda en autobús Legault?, había escuchado que la prioridad de la gente fuese la independencia de Quebec.

Pero la pregunta que queda en el aire es ¿Qué pasaría si Legault comienza a escuchar, en los autobuses, que la gente empieza hablar de soberanía? ¿Se pasará al modo soberanista?

Ahora bien. En cuanto a Pauline Marois, diremos que para ser la jefa del partido que encabeza las preferencias del público para las elecciones del próximo 4 de septiembre, vino al debate sin ninguna novedad, ni nuevas armas. Aunque las acusaciones pueden ser siempre las mismas, sus planteamientos podrían tener otros ángulos de enfoque. Pero no. Y en cuanto a las respuestas Marois lució excesivamente argumentativa, para al final no responder nada.

Diremos, sin embargo que éste es el estilo Marois, siempre girando en redondo para finalmente quedar en el mismo lugar. Pero, por el momento este no es un defecto para la jefa pequista, sino una positiva cualidad. En política sucede lo inverosímil.

Con esto queremos señalar que, haya quien haya ganado el debate, no necesariamente significa que ese ganador ganará las elecciones del 4 de septiembre en Quebec. Puede ocurrir todo lo contrario.

 Foto: Pantalla video radiocanada + noticias.terra.com.mx