lunes, 3 de septiembre de 2012

Sobre el Parti Québécois, la defensa del francés y los inmigrantes

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Bandera de Quebec

«Un verre de lait c’est bien, mais deux c’est mieux»*. Hace unos años una campaña publicitaria en Quebec utilizaba ese lema para promover el consumo de leche. Un vaso es bueno, pero dos es mejor.

Eso es lo que pienso cada vez que se dispara el histórico y desgastador debate sobre el francés y la cultura québécoise; su presente, su peligro de extinción y qué hacer para protegerlos.

Pero en realidad el debate es simple: dos es mejor que uno cuando se trata de idiomas, tal como explica la publicidad sobre la leche. Tres es mejor que dos y así…

Las heridas se abrieron y los nervios se tensaron luego que el Parti Québécois lanzara una de sus propuestas: extender los poderes de la ley 101 a los cégeps y algunas empresas con más de 11 empleados. Sus seguidores aplaudieron la medida de manera automática y cualquier crítica fue tomada como un ataque sistemático de los partidos opuestos (Liberales y la CAQ).

Pero la medida lanzada por Pauline Marois, una más que busca asegurar el voto de los «nacionalistas» más radicales, deja de lado muchas factores y carece de argumentos sólidos.

¿Por qué?

Primero, las cifras no cuadran. Contrario a lo que se quiere hacer creer, el francés, piedra angular de la cultura québécoise, no está en peligro en Montreal ni mucho menos en el resto de la provincia.

Lo interesante es que no soy el primero en hablar sobre los datos de Statistics Canada. En resumen: la cifra de inmigrantes en Quebec que decide tomar el camino del francés a la hora de elegir uno de los idiomas oficiales de Canadá ha aumentado en los últimos años.

En 1991 el 68,6% de los alófonos (término en Canadá para señalar a las personas cuya lengua materna no es el inglés o francés) hablaba francés. En 2006 esa proporción llegó a 75,3%. Incluso en el caso de los anglófonos el arraigo hacia el francés ha aumentado.

En cuanto a los cégeps, campo de batalla de esta nueva lucha lingüística, la historia es parecida. Vincent Geloso y Martin Coiteaux explican en un texto, citando estudios oficiales, que en 1981 el 16% de los alófonos elegía estudiar el college en francés. Para 2009 esa cifra llegaba a 69%, según el Conseil Supérieur de la Langue Française.

Pero el PQ y muchos de sus seguidores argumentan por el lado equivocado. Señalan que la proporción de personas francófonas ha venido en declive. Esto, sin embargo, deja de lado una realidad fundamental de Canadá y Quebec: la inmigración.

Por un lado está una generación (baby-boomers) que ya envejecen y que no tuvieron muchos hijos. En el otro está una gran masa de inmigrantes de cientos de países diferentes que llegan cada año a la provincia para trabajar e integrarse, al tiempo que deciden tener hijos. Las matemáticas más simples dirán que es lógico que los inmigrantes quiten algo de terreno a los nativos.

¿Podemos decir entonces que el francés está en peligro? De momento, no.

Pero el problema va más allá. La postura radical de Marois podría generar el efecto contrario y herir fuertemente a una provincia que tiene muchos problemas pero que también cuenta con los recursos para salir adelante.

La pregunta será si la persona que dirija a Quebec está dispuesta a unir a todos en una misma dirección.

Vengo de una sociedad dividida. Dejé mi país en medio de una polarización que se hizo  insoportable. Es por eso que siento que las políticas agresivas del PQ no tendrán el efecto esperado sino lo contrario, un rechazo completamente visceral.

Para que el francés perdure no es efectivo obligar a la gente a hablarlo. Es necesario que la gente, esos inmigrantes que decidieron por voluntad propia hacer su vida en Quebec, se enamoren de la lengua y se conviertan en sus embajadores. Con políticas radicales eso no pasará.

Mismo caso con la cultura québécoise. El día en que esa minoría radical (sí, soy optimista y creo que son la minoría) abra los ojos y entienda que todos somos parte de esa cultura, que la riqueza de Quebec está en todos sus colores y sabores, ese día la cultura de la Belle Province ganará miles de embajadores, que la defenderán como defienden a su familia o a su mismo idioma materno.

Desde otro punto de vista: hay mucho miedo en varios sectores inmigrantes de Quebec. Algunos ya tienen las maletas listas para irse a Ontario en caso de que Marois se convierta en la jefa de gobierno.

Si bien me parece una postura todavía exagerada, no deja de ser una realidad que hay que analizar. Una realidad en la que el francés y Quebec pierden una vez esas personas dejen la provincia. Se pierde capital humano, se pierden familias emprendedoras que hicieron todo el esfuerzo por llevar sus vidas en francés y que aman la diversidad de Montreal, su caos, sus manifs y todo eso con lo que pueden estar en contra pero que ya consideran suyo.

Se pierden niños y por ende generaciones, que crecen viendo los juegos de los Canadiens de Montréal, que saben qué es la Saint-Jean-Baptiste y que van camino a convertirse en profesionales con CVs que incluyen “español, francés e inglés” bajo la casilla de “idiomas”.

Todo eso se perdería si se van a otra provincia por miedo.

Yo opto por no desesperar todavía y mantener el optimismo…

Twitter: @PabloJinkopablo@noticiasmontreal.com

Foto: Pablo A. Ortiz / Noticias Montreal

*Para los que no conocen la campaña «Deux c’est mieux», aquí el video que la acompañaba: