domingo, 16 de septiembre de 2012

Gobierno argentino minimiza el “cacerolazo”. Opositores creen que el oficialismo no rectificará

Publicado en:
El Mundo
Por:
Temas:

Luego de una impresionante manifestación de protesta contra la política del gobierno argentino, las reacciones del sector oficial fueron no darle importancia al evento y minimizar su impacto.

El secretario de Transporte, Alejandro Ramos, manifestó que las únicas “cacerolas que nos tienen que quitar el sueño son las que todavía están vacías”.

Para el gobierno se trata de una protesta de la clase alta y media acomodada. Sin embargo, uno de cada tres votos que reeligieron a la presidenta Cristina Fernández, eran de la clase media.

Por su parte, los voceros de la marcha aunque están satisfechos por del logro alcanzado, son pesimistas en cuanto que el gobierno vaya a rectificar su rumbo. Piensan que no van hacer nada al respecto. Que los van a ignorar.

La información de Clarín.com

La clase media bien vestida y cuidadosa de no pisar el pasto de la Plaza de Mayo, según la interpretación que hizo el kirchnerismo, comandó las protestas del jueves en los principales distritos urbanos de la Argentina. Quizá la Casa Rosada haya preferido no reparar en que uno de cada tres argentinos que convirtieron a Cristina en Presidenta pertenece a ese sector, un sector que arraiga al 50 por ciento de la pirámide social.

¿Se mantendrá la subestimación del Gobierno al cacerolazo? Los analistas que habitualmente realizan sondeos de opinión pública y mediciones de imagen de la dirigencia política consideran que el oficialismo debería ponerse en estado de alerta y trabajar para apaciguar el descontento, entre otras cosas porque representó una marcha espontánea que podría poner fin a la retórica de que no existe oposición (pese a que ningún referente anti-K logra capitalizar el malhumor). Los analistas creen que los reclamos tuvieron epicentro en la Presidenta, a la que le achacan desde la negación de la inflación y la inseguridad hasta su política cambiaria, y que ni Cristina ni sus ministros deberían insistir en asociarlo a un fenómeno provocado por habitantes de posición acomodada. Pero también opinan que difícilmente el Gobierno acepte modificar el rumbo. Más bien, aseguran, hará todo lo contrario.

“Lo primero que debería entender el Gobierno es que no se trató de un fenómeno de las clases medias de la Capital Federal”, opina el sociólogo Hugo Haime, que se especializa en investigaciones de opinión pública, inteligencia competitiva y estrategias. “Se trató de la aparición de un sector social que salió a la calle carente de toda representatividad y que provocó un segundo fenómeno: la horizontalidad de la comunicación a través de las redes sociales”.

Su colega Rosendo Fraga, fundador de Centro de Estudio Nueva Mayoría, asevera: “La marcha es el primer límite al poder de Cristina desde que fue electa y expresa una disconformidad con el giro político e ideológico, en especial con el sesgo autoritario. Pero no esperemos que el Gobierno cambie. Va a redoblar la apuesta ”.

Lo lógica cristinista de no evaluar nunca la posibilidad de dar pasos hacia atrás, también es compartida por Mariel Fornoni, la directora de la consultora Management & Fit. “El mensaje de la gente fue para toda la clase política pero el oficialismo reaccionó con más provocación.

Salió a despreciar los reclamos y redoblará la apuesta como hace siempre.

No comprende que la protesta fue de gente que no concurrió para cambiar al Gobierno sino para decir ‘acá estamos y estos son nuestros reclamos’”.

Consultores y encuestadores asumen que las protestas no sólo abarcaron al Gobierno. “Primariamente se interpeló a la Presidenta y luego a la oposición. Los partidos están en crisis y la dirigencia devaluada”, razona la socióloga Graciela Römer. Fabián Perechodnik, fundador de Poliarquía Consultores, especifica: “Es un reclamo a la política en su conjunto con epicentro en Cristina por el cepo al dólar, la inseguridad o el estilo en la comunicación. Es un fuerte llamado de atención para el Gobierno y para la oposición.

No se puede soslayar el reclamo . Eso sería no entender un tipo de fenómeno que la sociedad está expresando”.

¿Habrá efectos políticos concretos? “ Es difícil anticipar que haya cambios . Pero es una noticia de impacto, de alerta”, arriesga Perechodnik. Algo más optimista, Römer remarca que “ es de esperar que haya respuesta del poder para descomprimir los niveles de insatisfacción”.

Un año parecería demasiado tiempo para imaginar cambios drásticos en la conformación del Congreso. “El contexto económico era más negativo en 2009. Es difícil determinar si la gente castigará al Gobierno en 2013. Desde 2010 nadie de la oposición ha sabido canalizar el reclamo”, apunta Federico Aurelio, director de la consultora Aresco. Aurelio trabaja siempre sobre la idea de que el país está dividido en tres tercios. “Un tercio apoya irrestrictamente al Gobierno, otro es muy contrario y el tercero actúa por conveniencia”, asegura. Para Aurelio, el clima social de los próximos tiempos tendrá que ver con “la generación de las expectativas que se van a ir desarrollando.

Creo que el Gobierno va a prestar atención a los reclamos ”.

Analía del Franco, de la empresa Analogías, parece convencida de que el cacerolazo desnudó que “mucha gente no tiene canales de representación y por eso estalló espontáneamente. Está en contra del Gobierno, preocupada e insatisfecha”. Eso demostraría, para Del Franco, que habría que rever eso de que “no hay oposición. Quizá ese sea el mayor impacto”.

La consultora ve difícil un golpe de timón de la Presidenta: “La tensión siempre puede generar cambios pero no en las políticas públicas”.

Ricardo Rouvier es otro que avala la idea de que “considerando el estilo K el Gobierno redoblará la apuesta” tras los ruidos del cacerolazo. Apoya su visión en dos argumentos. Por un lado, considera que “desde 1983 no se veía a una oposición tan débil”. Y, por otro, alerta que “hasta ahora lo ha hecho y mal no le ha ido”.

Foto: Efe