lunes, 1 de octubre de 2012

Alejandra Cifuentes Díaz: “Para que la música pueda tener vida…”

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Alejandra Cifuentes Díaz Adoptez un  musicien

En el marco de las festividades de la Jornada Internacional de la Música, que se desarrollan hoy, primero de octubre, se ha organizado, con el apoyo del Conseil Québécois de la Musique, la edición 2012 de la campaña “Adoptez un musicien”, la cual invita a los medios de comunicación de la ciudad a homenajear a la música y a sus cultores “adoptando” durante este día a un músico montrealés de excelencia. 

Noticias Montreal tuvo el placer de ser uno de los medios invitados a unirse a la campaña y, como se trata de un medio en español, creyó que lo ideal sería adoptar a uno de los “nuestros”. Y contamos con tan buena suerte que, en el abanico de músicos talentosos que el Conseil Québécois de la Musique proponía promover en este día, se encontraba Alejandra Cifuentes Díaz, una de las pianistas más prometedoras del panorama del Quebec, la cual, para orgullo de nuestra comunidad, es de origen chileno.

Desde el año 2009, cuando, recién egresada del predoctorado en el Conservatorio de Moscú, ofreció un recital como solista en la Place des Arts, los ojos de los conocedores de la música clásica de la ciudad se han posado sobre ella. La crítica la ha estimulado y los grandes maestros la han “bendecido” y le han pronosticado un gran éxito. Y, hasta el momento, esos sabios no se han equivocado: los espectadores que la han visto tocar en más de veinte ciudades la han ovacionado con la mayor efusividad.

Este 2012 es un año muy especial en su carrera: su primer álbum, “Sous les chandelles” ha sido producido con éxito y está ya a la venta en importantes tiendas de música.

Para Noticias Montreal es todo un honor adoptar a esta pianista políglota (habla seis idiomas), hija de la Universidad de Montreal, que, a pesar de su juventud, ya es toda una realidad en el paisaje de la música clásica del Canadá.

-¿De dónde surge el sueño de una joven de origen latinoamericano por convertirse en pianista clásica?

– A los 12 ó 13 años de edad, me di cuenta de que la música clásica iba a ser muy importante en mi vida. En ese momento, yo estudiaba en un internado y ese era un lugar en el cual no había muchas actividades para entretenerse. Entonces, me concentré en la música, encontré un refugio en ella. ¡Practicaba hasta seis horas al día! Me di cuenta entonces de cuánto me gustaba la música y de cuán rápido podía aprenderla. De allí surgió el sueño por ser pianista, el cual ahora, ¡ya es una realidad que vivo a diario!

-¿Cuáles fueron los factores decisivos para afirmar su vocación y temperamento de artista?

– En cuanto al temperamento artístico, ahora, cuando veo la personalidad de mis alumnos, veo reflejados algunos rasgos de mí misma. He sido una persona solitaria, no soy muy de grupos. Y al mismo tiempo, tengo bastante paciencia para aprender cosas, y eso es muy importante para un pianista, porque se requieren muchos años para lograr la técnica interpretativa adecuada y para alcanzar un sonido propio. Además, hay que mantenerse, a lo largo de la vida, y siempre buscar nuevos modos de tocar las obras. Entonces, para mí, esos factores decisivos serían la paciencia, la determinación y la curiosidad por buscar todo lo que tiene que decir la música a través del instrumento que uno elige.

-¿Qué tanto fue apoyada en sus comienzos?

– Yo empecé en la música a los seis años, cuando mi madre me inscribió en cursos de piano. Y, a medida que fui avanzando, empecé a ganar concursos y medallas. En ese entonces, mis padres estaban muy contentos de que yo tuviera una actividad aparte del colegio y me apoyaron mucho. Pero cuando le dije a mi familia que quería hacer mis estudios universitarios en Música, las opiniones fueron cambiando. Eso fue un golpe difícil para una mente muy lógica como la de mi madre, que es contadora. Ella me sugirió hacer dos programas simultáneamente en el Cégep: uno en Música y otro en Ciencias Humanas. Eso fue lo que hice, pero eso me reforzó en la idea de dedicarme por completo a la música y en la de probarles a todos que la música era lo mío. Más tarde, cuando empecé a trabajar como profesora y a vivir de la música, fue más fácil convencer a la familia de seguir apoyándome, y, hoy día, todos me respaldan y me dan buenas ideas para mis proyectos y mis objetivos.

-¿Comparte con otros miembros de su familia la sensibilidad artistica?

– Sí, mi hermana, que estudió Cine, tiene también una personalidad bastante artística y nos entendemos muy bien. En cuanto a la música, mi abuela paterna era pianista. Aunque yo no la conocí, imagino que por ese lado me viene la vena musical, que espero siga operando a través de mi sobrino, a quien hace poco comencé a enseñarle música.

-Hablemos de su trabajo como pianista acompañante…

– En el Cégep, había un programa de acompañamiento de cantantes, y ahí tuve por primera vez la oportunidad de entender cómo es estar al servicio de ese instrumento tan delicado y sutil que es la voz. En la universidad, acompañé más a instrumentistas que a cantantes. Ahí aprendí a complementar el sonido de los otros instrumentos. Durante unos cinco años, me enfoqué en este aprendizaje. Y eso es una tarea que me gusta mucho, porque es bonito ver cómo podemos amoldar el sonido del piano al de otro de la familia de las cuerdas o al de uno de la de los vientos.

Cuando estudié por primera vez en Rusia, recibí cursos de Piano, de Ruso y de Acompañamiento y fui acompañante de un violinista durante todo un año. Y cuando regresé a ese país, tomé también un curso intensivo de Acompañamiento, pero más enfocado hacia la voz, con talleres especializados para poder comprender bien cómo funciona el instrumento del cantante. Así, cuando uno toca el piano solo, aprende a incorporar toda esa técnica de canto y, con el tiempo, uno ya entiende más cómo hacer cantar un instrumento percusivo, como es el piano. Para ello, hay que entender cómo funciona la voz y tratar de producir el mismo sonido, la misma proyección y la misma línea melódica larga, para que la música pueda tener vida…

Alejandra Cifuentes Díaz adoptez un musicien-¿Cómo fue a dar al Conservatorio Tchaikovski, de Moscú?

– Durante mi carrera y durante la maestría, tuve un profesor vietnamita (Dang Thai Son) que había estudiado en Moscú. Él me enseñó la manera de proyección musical rusa. Su asistente también había estudiado en el Conservatorio de Moscú. De ellos aprendí mucho a cómo mantener el control mental, pero sobre todo el físico. Los rusos tienen una forma muy concreta de tocar, que uno podría creer que es dura o agresiva, pero, en realidad, es la proyección de su fuerza interior, que le da una riqueza impresionante a la ejecución.

Cuando terminé la maestría, estuve participando en varios concursos, y me fue muy bien. Me propuse, entonces, pasar audiciones para un conservatorio importante. Y mi profesor Patrice Laré me recomendó ir a Rusia. Durante un año, él siguió dándome clases, hablándome de la vida en Rusia y preparándome para pasar las audiciones allí. Finalmente, en el 2007, viajé a Rusia, y, tras la audición, me aceptaron en el conservatorio.
Como dice Goodman, los hábitos varían ampliamente, según tiempos, lugares, personas y culturas, y, asimismo, varía la expresión musical. ¿Cómo se ha nutrido su trabajo de sus estadías en diversos países?

– Yo he tocado en varias provincias del Canadá, y uno ya encuentra bastantes diferencias entre una provincia y otra, especialmente el idioma. Pero, cuando uno interpreta el piano y ve cómo la música toca a la gente, uno se da cuenta realmente de que la música es universal.
En Chile, he tocado en sectores de todas las clases sociales. En Rusia, he tocado en todo tipo de ambientes. En Argelia, toqué con la Orquesta Sinfónica Nacional. Y siempre he sentido que, cuando se toca música clásica, se crea un vínculo muy especial con el espectador, sea este de cualquier edad o conocedor o no de la música clásica.La música clásica sabe buscar lo más íntimo del ser humano, para que cada persona la digiera, la interprete y le ponga una imagen personal a lo que está interpretando. Me convenzo, entonces, cada vez más, de lo cercanos que somos todos, a pesar de tantas diferencias que uno podría calcular. La música clásica es una manera de unir a los seres humanos, sin que estos se den cuenta.
-¿Qué tan difícil es para un joven hispanoamericano sobresalir en la escena musical de Montreal?

– Eso es difícil para cualquier joven en el mundo de la música clásica. La música clásica está lejos de estar muerta, todavía tiene mucha vida, pero es un mundo en el cual hay muchísimos pianistas que están listos para tocar y darse a conocer. Y el problema es que no hay espacio para tanta gente que está dispuesta a tocar. Generalmente, los que ya están bien ubicados en este medio es porque llevan muchos años de carrera.

Ahí es cuando se hace difícil para un joven tener su propio espacio y poder sobresalir en la escena musical, porque es fácil perderse entre tantos artistas de alto calibre.

¿Cree que su compromiso con la música culta puede estimular a los latinoamericanos del Quebec a interesarse más por la música académica?

– Una de las responsabilidades de cualquier artista es la de estimular y de educar. Yo espero que lo que estoy haciendo lleve hacia algo positivo. Cuando doy conciertos, trato de crear una comunicación con el público. Me he dado cuenta de cómo hacerlo, a mi manera, sin conversar, a través de una comunicación musical, emocional, sicológica. A veces, esto puede ser como una terapia para la gente. Y mi deber, como artista, es el de ayudar a lograr esto. Por supuesto, no todo el mundo tiene un interés hacia la música clásica, pero mi compromiso es el de estimular este interés.

En cuanto a los latinoamericanos, se me viene a la mente el caso del chileno Claudio Arrau, que tocaba en lugares en los cuales la gente ni siquiera había oído hablar de Chile. Y, al conocerlo a él, la gente creaba como un vínculo con Chile y con su cultura. Yo, por eso, siento que tengo el compromiso de representar a los latinoamericanos, pero también a los canadienses y a los quebequeses. Tengo el orgullo de representar a todos estos grupos de personas, y, si les gusta la música clásica, estoy feliz de que hayan abierto esa curiosidad para apreciarla y amarla.

-¿Se ha visto afectada alguna vez por los arquetipos y prejuicios que hay en ciertos países respecto de los latinoamericanos?

-No creo. No he sentido que haya recibido un trato diferente por ser latinoamericana. En general, lo que ocurre es que, cuando la gente escucha un nombre latinoamericano, no lo asocia con música clásica. La gente, cuando oye mi nombre, piensa que a lo mejor toco música latina o soy bailarina de salsa. Pero, cuando les digo que soy pianista clásica, se sorprenden y cambia la imagen que se habían hecho de mí.

-¿Se ha interesado por tocar y promover la música culta de América Latina?

– La poca música clásica latinoamericana que he tenido en partitura me interesa, pero no la entiendo al punto de poder presentarla en concierto. En general, lo que tengo como partituras de América Latina son obras de compositores cubanos, que me interesan bastante.

-¿Se siente identificada psicológicamente con alguno de los compositores que más admira?

– No específicamente con uno solo. Con todos los compositores Románticos, tengo una mayor comprensión de lo que quieren transmitir con su música y, cuando he leído sus biografías y sus correspondencias, he logrado entender su sufrimiento y por qué compusieron lo que compusieron. Es así cómo, cuando toco su música, puedo identificarme psicológicamente con ellos, porque ya conozco lo que les tocó vivir. Admiro especialmente a los compositores Románticos, como Tchaikovsky, que era homosexual, en una época en que eso era muy mal visto, y por eso tuvo que ocultarlo y llevar una vida llena de sufrimiento. Afortunadamente, nos queda su música. Si él hubiera revelado su orientación sexual, no lo habrían aceptado, y eso habría sido una terrible pérdida para la humanidad, porque no contaríamos con su obra.

Alejandra Cifuentes Díaz-Hablemos del proceso de selección, grabación y publicación de su álbum “Sous les chandelles”…

– Este álbum es un reflejo de los conciertos que hago con Michel Corbeil, que es el productor de la serie de “Concerts sous les chandelles”. Son conciertos en los cuales se toca a la luz de las velas. Hace un año que estoy trabajando con él y en esas oportunidades toco, por lo general, obras serenas y románticas, como para tocar a la luz de las velas, en un ambiente de intimidad y de calor humano. Estos conciertos los hacemos en iglesias. Michel me dio la idea de grabar un disco y yo consideré que lo mejor sería hacerlo con música suave y tranquila. Así, seleccioné las obras que comprenden el disco. Siendo una autoproducción, mía, busqué los estudios de grabación, grabé, y mi esposo, que es diseñador gráfico, me ayudó con lo referente al diseño. Luego, comenzamos a hacer la promoción. El disco está a la venta en Archambault y ha pasado varias veces en la radio. Hasta el momento, la crítica ha sido bastante buena.

-Próximos proyectos…

– Proyectos no me faltan. Para lo que queda de este año, tenemos planeados dos conciertos más de “Sous les chandelles”. Uno será el trece de octubre, en Verdun, y el otro, el 27 de octubre, en Saint-Hubert. También estoy preparando algunos conciertos para la época de Navidad, en el Quebec y, muy probablemente, en el resto del Canadá. Tengo, además, con un amigo pianista, un proyecto para presentar un concierto de obras de Mozart, para piano a cuatro manos.

Para mayor información sobre esta artista, puede visitar la página www.alejandracifuentesdiaz.com

Fotos: Cortesía Alejandra Cifuentes Díaz