sábado, 27 de octubre de 2012

Perahia en la Maison Symphonique: depuración, genio, destreza, pericia

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Murray-Perahia-Montreal

El fugaz pero inolvidable regreso del Maestro Murray Perahia a la ciudad de Montreal (en la cual no había tocado desde 1988) será recordado como uno de los eventos musicales más importantes del año.   Gracias a la Orquesta Sinfónica de Montreal y a ProMusica,  los privilegiados asistentes al concierto que este excelso pianista ofreció anoche, en la Maison Symphonique, fuimos testigos de una maratón como ninguna.

Es gracias a actuaciones como esta, en las salas principales de las capitales importantes del mundo, que muchos de los grandes críticos de la prensa culta han declarado a Perahia como LA estrella internacional del piano para siempre. 

En esta ocasión, Perahia se abocó, de un solo embate, sobre el piano, y, con técnica insuperable, interpretó un programa que incluyó obras gloriosas y exigentes, como la «Sonata en Re Mayor», de Haydn; «Seis momentos musicales», de Schubert; la sonata «Claro de Luna», de Beethoven; «Carnaval de Viena», de Schumann, y el «Impromptu #2 en Fa Sostenido Mayor» y el «Scherzo #1 en Sí Menor», de Chopin. 

Toda su ejecución estuvo enriquecida por expresiones nunca antes oídas en las frases en cuestión, inflexiones distintas aquí o allá, rubatis, pausas, pianísimos, etcétera, que le acreditan interpretaciones muy propias o personales para estas conocidísimas y famosas obras. A los andantes y los adagios decide imprimirles un carácter más intimista que lo acostumbrado, lo cual tiene sentido lógico.

En el Claro de Luna, no salimos del asombro y la admiración. Perahia le imprimió un dramático pathos. A veces, tocó serenamente, y otras,  con todo el énfasis requerido.  Si comparamos con sus primeras versiones de esta sonata, vemos cómo hoy la presenta más ligera de humor y le pone mejor síncope al segundo movimiento. En cambio, el último movimiento, ahora lo logra con mucha más energía vital, dándole toda la fuerza psicológica que pueda alcanzar el lenguaje de la ejecución y la expresión.

En todas las obras, la fuerza de acordes insistentes en una mano llevan la intensidad del grito anímico, mientras que el intrincado discurrir continuo de la otra, cumple las exigencias intelectuales y virtuosísticas con perfección que sobrepasa la excelencia.

Qué interesante sería poder escuchar con detenimiento alguna grabación de las primeras épocas de Parahia, y la del prodigioso concierto de anoche,  con las mismas obras, y prestarles atención, simultáneamente, en paralelo, para analizar a fondo las diferencias y similitudes entre las varias interpretaciones del mismo pianista. Si alguien pudiera hacer un análisis así, sobre las ejecuciones en una misma obra de gran intensidad, a través de los años, de un pianista de la calidad de Murray Perahia, podría escribir la historia de su vida personal, y de su formación artística e intelectual. Se produciría un mapa transparente que, si se pusiera sobre un diagrama de los acontecimientos e influencias biográficas, mostraría las coincidencias en la evolución de su fisonomía psicológica, la magnitud de las influencias sufridas y la maduración de su temple y su personalidad.

La claridad con que Perahia despega y destaca los enfáticos acordes de una mano, de las simultáneas y complejas escalas de la otra, los detalles de ciertos staccati, la nitidez de su movimiento dactilar son características de su extrema depuración, de su genio, su destreza, su pericia.  Perahia  logra que no se le emborronen las notas bajas continuas: cada una de las notas le suena por separado, ¡hasta las de los acordes! Aun cuando deban llevar resonancia, sabe evitar la reverberación mezclada. Se podría decir que puede “pulsar” el piano como nadie, y no solo con el pulso (la muñeca de la mano), y la pulsación del ritmo, sino además, con el pulso del pie (si se nos permite el paralelo); o sea, puede ¡“pulsar” los pedales! Su habilidad y su disciplinado e incansable ejercicio a través de toda su vida le han dado el poder de que ¡bajo sus manos, un piano suene como un instrumento distinto de lo que suena en otras manos!

Y a lo largo de cualquier obra, su vena artística nos hace entender las insinuaciones que deben marcar cada viso emocional que el compositor deseó, en su momento, que sus intérpretes supieran transmitir… Murray Perahia es, como pocos músicos solistas, un lector genial, y un ejecutante de increíble virtuosismo. Y no nos olvidemos de su fabuloso cerebro, con tan prodigiosa memoria, capaz de memorizar volúmenes y volúmenes de literatura pianística.

Desde el momento mismo en que el concierto terminó, con dos «encores» extraordinarios, los asistentes teníamos ya el deseo de escuchar a Perahia de nuevo.  Siempre será un regalo apreciado por nuestro público que entidades como la Orquesta Sinfónica de Montreal y ProMusica nos brinden la oportunidad de escuchar los más gloriosos artistas extranjeros.  ¡Qué privilegio!

Foto: Captura de pantalla – YouTube