martes, 13 de noviembre de 2012

«Le vaisseau fantôme» de la Ópera de Montreal: intensidad y buen gusto

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Opera Montreal

En lo musical, todo lo que hace la Ópera de Montreal es perfecto, y siempre logra y exhibe la mayor excelencia.  Por estos días, la compañía está presentando su segundo espectáculo de la temporada 2012-2013:  Le vaisseau fantôme («El holandés errante» o «El buque fantasma») de Richard Wagner.  La presentación de este título es un homenaje al gran compositor operístico alemán en el marco de las celebraciones previas al bicentenario de su nacimiento.    Asistimos a la première, el pasado sábado.

Al podio, la canadiense Keri-Lynn Wilson; y  la magnífica puesta en escena en manos de Christopher Alden y Marilyn Gronsdal. Fabuloso el efecto de «barco» en alta mar, en el proscenio.  Esta es una de esas escenografías cifradas en el minimalismo esquemático… pero, tanto como es posible en tal escuela, esgrime la calidad de la elaboración y el buen gusto. Muy bien logradas las escenas, con muy buena «regia».

La atracción principal del elenco fue la cada vez más famosa joven soprano alemana Maida Hundeling, en el papel de Senta (el mismo que interpretará próximamente en Eslovenia, con la Ópera de Liubliana).   Hundeling cuenta no sólo con su magnífica voz y su impecable escuela, sino además con una personalidad fogosa y desenvuelta que la ha llevado, a lo largo de su promisoria carrera, a actuaciones de gracia y vivacidad espectaculares.  Sin embargo, en esta ocasión, fiel a su papel, dramático y melancólico, entregó al público con belleza inefable momentos de angustia y dolor, esos que para interpretar adecuadamente, hay que tener una lágrima en la garganta.  Hundeling no sólo sale adelante con semejantes despliegues, haciendo que el público se enloquezca y la adore, sino que sabe complementar a la perfección a sus compañeros en escena.  Sobra decir que el público la glorifica con sus aplausos.

En cuanto a las voces masculinas, tres grandes de la ópera alemana actual, quienes exhibieron formidables timbres y excelente actuación mímica:

El bajo-barítono  Thomas Gazheli (en el papel del holandés): es el típico heldenbariton wagneriano. Brilló, con su espléndida voz y gran actitud de carácter; su postura histriónica, bien calibrada. Aunque no es un veterano, maneja los matices vocales a la perfección.Opera Montreal

El bajo Reinhard Hagen (como el ambicioso Daland, padre de la protagonista). Se lució en sus solos, de partitura consabidamente prodigiosa.  Hizo las delicias de la audiencia. Su interpretación resulta a tal punto memorable, que uno no puede deshacerse en días de los ecos mentales de sus cánticos.

El  tenor Endrik Wottrich, como el pobre cazador enamorado de Senta, quien se siente engañado y, al sentir que la pierde, la asesina (lo cual no ocurre en la ópera original de Wagner). De bellísima voz, llena de tonalidades poéticas que acentúan el sentido de sus quejas y sentimientos.  Conoce perfectamente este papel, gracias al cual ha sido aclamado en en Alemania y en el Japón (sin hablar de su reciente triunfo, también interpretando a Wagner, en el Teatro alla Scala).

La orquesta, en términos generales, se oyó bien y Keri-Lynn Wilson cumplió con su cometido. Dirige con energía, buena dinámica, propiedad y óptimos resultados, con inmejorables intensidad y volumen en los ataques de cada obra. A mi parecer, hizo falta, sin embargo, subrayar los momentos protagónicos de un instrumento u otro, aquí o allá, cuando se intercalan como solistas instrumentales en diálogos con los solistas vocales. Perfecto el unísono de todas las secciones.   El finale, estuvo claro y brillante.  El coro se escuchó muy sólido y vigoroso, con ataques tajantes y buena marcación del ritmo.

Los espectadores de Montreal hemos podido vivir una exquisita experiencia por cuenta y riesgo de la Ópera de Montreal, que a buena hora se recupera de su desbalance económico.  El lleno de la sala es prueba de que nuestra ciudad tiene sed de ópera.  Ojalá el nuevo Ministro de Cultura, que proviene del medio cultural, ponga manos a la obra y saque adelante un proyecto que promueva la presentación masiva de espectáculos de ópera en Montreal.  Si el gobierno no apoya a la ópera, no podrá realizarse el sueño de ver a Montreal como la gran ciudad europea de América del Norte.  Si Montreal no cuenta con una ópera que tenga el respaldo suficiente para poder producir más de una docena de espectáculos por año, la ciudad nunca podrá ser “vendida” como la capital cultural del Canadá.

«El holandés errante», esta ópera mayor, de dos horas y media de duración (más intermedio), se presentará en la Salle Wilfrid-Pelletier, de la Place des Arts, el 13, 15 y 17 de noviembre, a las 7:30 pm.

Fotos: Yves Renaud