miércoles, 28 de noviembre de 2012

Guillermo del Toro: «Espero hacer animación el resto de mi vida»

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En los ojos de uno de los hombres más cotizados de la industria brilla un indudable espíritu de bondad. No podría adivinarse nunca semejante grandeza a simple vista, vestido con ropa intrascendente, de deporte, cómoda y unas gafas de contable, de aspecto frágil. Pero lo es, enorme en este negocio tan cambiante que se respira. Guillermo del Toro es la piedra angular de Dreamworks y referencia indiscutible del cine de fantasía y animación que sale de Hollywood estos días.

Texto y entrevista publicados en El Mundo

En su más reciente proyecto, Rise of the Guardians, dio el golpe de mando como productor cuando hizo falta,y de no ser por el mexicano —según admite el propio William Joyce, el creador de los libros infantiles en los que se inspiró la cinta— muchos de los personajes andarían todavía sin un rumbo definido.

Del Toro, conocido por cintas como Hellboy y El laberinto del Fauno, tiene una forma clarividente de entender los guiones que vale millones de dólares, aunque no se los gaste en ropa ni el estilo de vida lujosa de otras estrellas de Hollywood. Lo suyo es dedicarle infinidad de horas a su pasión, el cine fantástico y creativo, y a no perder de vista a la familia en el intento.

PREGUNTA. Dicen que no para con tantos proyectos que tiene encima. ¿Cómo hace para que la familia aún le tenga en cuenta?
RESPUESTA. (Risas) Es que somos una familia circense, así que viajan conmigo a donde decido ir. No duermo bien, no como bien, anoche llegué a las tres de la mañana a casa, y hoy me he levantado a las 5.30 am. Trato de decirles buenos días y buenas noches como norma, pero tengo la tranquilidad de que mis hijos adoran lo que hago. Mi hija viene conmigo a Dreamworks y disfruta viendo mi trabajo.

P. ¿Tuvo algo que ver con su infancia?
R. Hasta cierto punto, sí. Mi padre era vendedor de coches. Tenía un concesionario y cuando me llevaba a su trabajo a lavar los coches me sentía como un rey. La idea es pasar tiempo con tus hijos. No importa a qué te dediques.

P. En una ocasión dijo que quería recuperar los años perdidos esperando en Nueva Zelanda por The Hobbit. ¿Tiene eso que ver con su frenesí actual?
R. Cuando volví de Nueva Zelanda, una de mis primeras llamadas fue de Dreamworks para que viniera a trabajar con ellos. Desde entonces, los proyectos han sido constantes. Sí siento cierta obligación de recuperar el tiempo perdido.

P. ¿Hasta cuándo se ve haciendo animación?
R. Espero que el resto de mi vida. Es el medio que más control te da y creo que en el futuro lo vamos a ver desarrollarse aún más contando historias de adultos. No hay límite.

P. ¿Cuanta presión hay en cada película a la que mete mano teniendo en cuenta cómo están las cosas en el aspecto financiero?
R. Siempre hay presión, pero al mismo tiempo un director o un productor tiene ser  aventurero y capaz de llevar el barco sin tener que mirar los peligros que vienen por detrás. Con una película siempre hay que mirar hacia adelante.

P. En su caso, su nombre se ha convertido en un fenómeno. ¿Es una presión añadida o disfruta con la sensación?
R. Las decepciones que tengo no tienen que ver con la presión de ser quien soy, sino con la tristeza de no haber podido hacer determinados proyectos que se quedaron por el camino. La presión no es un factor para mí. Intento vivir de la misma manera que cuando tenía 7 años, que es amando lo que hago. Por eso me rijo.

P. Hablando de niños. ¿No cree que esta película le ha salido un tanto más azucarada, con el Conejo de Pascua, Santa y todos los demás personajes, con respecto a lo que usted suele ser habitual?
R. El problema es que como adulto siempre quieres un drama psicológicamente equilibrado y eso es casi imposible de congraciar con una fábula infantil. Yo traté de calibrar durante años ese factor con El laberinto del Fauno y ahora me doy cuenta de que el error es tratar de pensar que puedes psicoanalizar a un personaje y hacerlo que funcione en una fábula. Es algo que no se puede hacer.