jueves, 6 de diciembre de 2012

La OSM y su “Alemagne romantique”: Excelencia temática, instrumental y programática

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Alemagne Romantique

Interesantísimo el programa de la Orquesta Sinfónica de Montreal, el pasado martes, 4 de diciembre.  La noche abrió introduciendo el género de la ópera, que se tomaría más tarde la segunda parte del concierto.  Escuchamos a Weber con la obertura “Oberon”, dirigida con el ceremonial, la sonoridad y el dramatismo necesarios, por el director invitado, el francés Marc Piollet, especialista en el repertorio alemán.

A continuación, escuchamos el Concierto para violín #1, la obra más reconocida del compositor romántico Max Bruch, en el arco del joven concertino de la OSM, Andrew Wan.  Obra de difícil ejecución y de gran elocuencia violinística.

En nuestra opinión, es de suma importancia la tarea de divulgar en este país a un músico que, a pesar de ser autor de tan preciosa producción, es poco atendido en la marea de compositores clásicos “superestrellas” que por siglos han ocupado el frente de las batallas musicales en nuestra historia.  Mas, como sucede en todas las artes, y en otras disciplinas de la humanidad, nunca están todos los que son, ni son todos los que están.   Nos preguntamos por qué un compositor como Bruch, creador de tan hermoso concierto, lleno de inspiradas melodías, expresivas frases y eficiente y depurada orquestación, y quien fue inspirador de Brahms, no es representado con la misma frecuencia ni la grandilocuencia con que se presenta en el mundo entero su coetáneo y contemporáneo Brahms, cuya calidad musical es perfectamente comparable a la suya.

Alemagne Romantique

El joven Wan como mencionamos, esta noche no fue concertino, sino concertista.  Estuvo a la altura de las exigencias que el concierto presenta y entregó las cautivadoras melodías, con toda la expresividad que exige el estilo del período de la obra, con gran lucimiento.  Se pudo apreciar  el bellísimo sonido que este solista es capaz de arrancarle a su instrumento, alternando prodigiosas frases de melancólico sonido, pasando por crispados arpegios, glisandos, escalas prodigiosas, y cuerdas dobles de gran dificultad.  La orquesta estuvo a la altura, exquisitamente bien preparada y bien dirigida.

Tras el intermedio, el público pudo deleitarse con la ejecución de una atrayente selección de música instrumental de Wagner, específicamente de “El crepúsculo de los dioses”, la ópera final, la parte culminante de la inmortal Tetralogía de “El anillo de los Nibelungos”.   Aunque recopilaciones como esta son accesibles en colecciones discográficas, es una oportunidad poco común poder escuchar la música orquestal de Wagner en antologías no vocales.  Estos segmentos de música se atienden siempre como un paréntesis en medio de una ópera completa, cuajada de voces, personajes, escenografías y situaciones.  Por lo tanto, escucharlos de manera presencial separados del contexto es una oportunidad excepcional para poder apreciar con más atención y detenimiento la excelencia temática, instrumental y programática del glorioso compositor.

Acentuaba este placer la posibilidad de observar al excelente director Piollet (quien se encargó personalmente del arreglo de la obra) absorto en la conducción de su orquesta, imprimiéndole ritmo y energía, no solamente por medio de sus brazos, sino por la entrega de todo su cuerpo, en agitado movimiento.   Las opiniones del público han estado desde siempre divididas en cuanto al factor gestual característico de cada director.  Hay quienes prefieren un director estático, discreto, con absoluta economía de movimientos.  Mientras el gusto de otros se enfoca en directores energéticos, extrovertidos, entusiastas, expresivos, que, con toda amplitud comuniquen las cualidades dinámicas de la obra dirigida.   Piollet llevó la  orquesta a la apoteosis.  Si hubiera dirigido con batuta, habríamos podido decir que logró de la orquesta lo que consigue un un mago con su varita mágica.

Alemagne Romantique

La obra wagneriana se incluyó en el programa como un homenaje a los 200 años del nacimiento de este compositor, que se celebrarán próximamente.  De todos es sabido el pedestal que alcanzó, por la excelencia extraordinaria de su música, su obra, con un cuerpo copioso de producciones operáticas que han alcanzado a ser no solamente patrimonio musical de su país, sino del mundo entero, y no sólo musical, sino también literario, poético y mitológico.  Wagner, casi siempre, fue el autor de los textos de sus óperas, y, como ningún otro artista, fue cultor y divulgador de las preciosas historias mitológicas de la cultura nórdica.  Gracias a sus obras, el mundo cultural se dio a revivir la literatura de estos mitos, en producciones que han incluido no sólo ópera, sino también trabajos con giros socio-filosóficos y hasta del género de los cuentos infantiles.  De ese modo, hoy en día, vemos nuevas y ricas ediciones dentro de esta temática, que llegan hasta el cine, la televisión y el ballet, sin hablar de los grandes premios internacionales literarios.

Es magnífico que la OSM nos esté trayendo ¡tan buenos directores!, y ha sido, además, de gran entusiasmo para la comunidad la invitación al joven concertino para ser concertista de su propia orquesta. Así lo indicó el público con su masiva asistencia la noche del martes, en la Maison Symphonique.

Fotos: Sofía Carrero – Noticias Montreal