sábado, 15 de diciembre de 2012

Sobre Newtown, la cultura de las armas y las leyes para controlarlas

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Tiroteo Newtown Connecticut

Lo que ocurrió en Connecticut no debió haber sucedido. Lamentablemente las estadísticas y la realidad indican que en el futuro algo similar volverá a pasar, en menor o mayor medida. Será igual de doloroso y nos dejará igual de frustrados.

¿Pero qué podemos hacer hoy, ahora, en este momento? ¿Qué podemos cambiar de manera instantánea?

Periodistas, políticos y ciudadanos han lanzado muchas y buenas ideas, pero todas parecen situarse en un extremo de la balanza, lejos de las otras, como tratando de evitarse.

La Casa Blanca quiso jugar la carta de la emotividad, planteando que no era el momento para hablar sobre alguna política de control de armas, mientras del otro extremo dejaban entender que ya no era momento de oraciones sino de acciones. Ambos tienen razón y están equivocadas a la vez.

Ambas posturas necesitan fusionarse, entenderse la una a la otra y comprender que el problema de la violencia armada en los Estados Unidos tiene más de un arista, más de un nombre y, por supuesto, más de una solución. Es un problema que va más allá de las fronteras del vecino país y que interesa de igual forma a Canadá, una nación con una tradición ligada a las armas pero que la ha sabido manejar de distinta manera.

«La gente va a matar al otro así le prohíbas comprar armas» – Cierto, pero como muchas cosas en la vida es necesario tener un enfoque preventivo. Cuántos padres no estarían de acuerdo con que un ciudadano común y corriente no tenga acceso a muchas armas que parecen exclusivas para los soldados de guerra.

Que alguien mate a otra persona con una pistola 9 mm no debería desmotivar alguna propuesta para ilegalizar rifles de alto calibre capaces de disparar hasta 50 balas antes de recargarse.

Eliminar las armas no es la única solución, pero limita las opciones del asesino, del psicópata o del irresponsable que puede cometer un error con un arma en sus manos.

«Es el momento de hablar de política, no de orar» – Que existan muchas tareas pendientes en cuanto al control de armas no limita a una sociedad a aprender o desahogarse a través del luto. Además, para entrar en el debate político es necesario conocer y entender a la sociedad a la que quieres defender.

Cualquier debate sobre la Segunda Enmienda y las leyes de control de armas tiene que analizar de dónde viene el amor americano por las armas, el por qué la National Rifle Association tiene más de 4 millones de miembros. Por qué las armas que Adam Lanza utilizó para asesinar a 20 niños y seis adultos estaban registradas por su madre, una de las víctimas.

Estoy convencido que el presidente Obama quiere hacer algo, que el dolor sincero que demostró en su breve rueda de prensa quisiera convertirlo en acciones. Pero las leyes no harán nada mientras no incluyan un plan para generar cambios en la sociedad, para educarla sobre los problemas de la cultura de las armas, así como mejores proyectos de prevención para que las personas con perturbaciones mentales sean tratadas cuanto antes y no puedan poner sus manos sobre algún tipo de arma.

Debatamos, lancemos cifras y hagamos comparaciones odiosas, pero hagámoslo mientras lloramos, mientras sufrimos por los fallecidos que no conocimos y que están a cientos de kilómetros de distancia. Solo así nuestras acciones tendrán la fuerza suficiente para cambiar los problemas reales y profundos y no solo lo que dice un papel llamado ley.

Twitter: @PabloJinko – pablo@noticiasmontreal.com

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