miércoles, 19 de diciembre de 2012

La orquesta I Musici le apuesta a los aires del Sur

Publicado en:
Ciudad
Por:
Temas:

Jean-Michel Malouf

Otro espléndido concierto de la orquesta de cámara I Musici, el jueves, viernes y sábado pasados, en la bellísima Salle Tudor, de la Maison Ogilvy. Director, el excelente, admirado, talentosísimo y joven Jean-Michel Malouf. Y solistas invitados, el formidable bandoneonista y compositor canadiense Denis Plante, y el guitarrista David Jacques, que, juntos, forman el ya reputado grupo de Tango Boréal.

La orquesta nos recibió con la extraordinaria “España”, de Albéniz. A continuación, el conjunto y nuestro bandoneonista, Plante, nos regalaron el siempre alucinante “Libertango” de Piazzola, con un arreglo del propio solista. ¡Gran aplauso!

Entre las obras presentadas posteriormente, se encuentra el celebérrimo “Adiós muchachos”, de J. Sanders. En cuanto a la interpretación de la música, no acusa ni errores instrumentales ni desfases, pero siento que hace falta más énfasis en el golpe del ritmo porteño. Siempre que una orquesta clásica juega a interpretar ritmos autóctonos termina pecando por la falta del sabor picante que el oído espera. Ese síncope, tan sui géneris, lo encontramos presente cuando la orquesta expone el tema, pero posteriormente, se pierde.

La Yumba”, de Pugliese, desplegó bellos solos instrumentales en las frases melódicas que todos conocemos y amamos. Uno no se aguantaba la necesidad de tararear a lo largo del desarrollo, junto con cualquiera de los instrumentistas. Muy efectivo el arreglo de Denis Plante.

Luego vino la ejecución de “Fuga y misterio”, de Piazzolla, y otra vez lloré la falta de contundencia en el ritmo, y hasta de volumen por parte de todo el conjunto. A todos los instrumentos les faltó sinuosidad, “tirabuzón” (si sirve la figura), en la emisión del sonido, para que las frases se estiren como espirales de danza. Hasta al bandoneón le faltó un poco ese “zest” ¡a pesar de que estudió con el mismísimo Piazzolla!

Pero, según avanza la noche, la orquesta se acompasa más y más, hasta llegar al capítulo verdaderamente novedoso de la velada: la ejecución de dos suites formidables compuestas por el solista Plante. Este compositor quebequés, motor clave para el desarrollo de la música para bandoneón en el Canadá, es el autor de la suite “Le tombeau d’Astor”, en homenaje a Piazzolla, y de la prodigiosa “Noche de tango”: proezas virtuosísticas y de romance evocativo del eco tanguístico. Increíbles. El conjunto de estas obras tiene forma de arco, de arco iris. Un sugerente y bello arco iris. Pero mejor aún, un arco arquitectónico: la más fuerte y sólida estructura inventada, para dar soporte a cubiertas y secciones diversas en obras de peso cultural, casi siempre una creación artística, y además monumental, y con la importante función de dar abrigo, hábitat, identidad sociológica y expresión personal al ser humano. Sí: estas piezas unidas tienen, desde todos los puntos de vista, ¡sabor del Sur! La eclosión de su energía intrínseca levanta los temas en un clímax central hasta formar un resplandeciente arco de fusión latinoamericana. Y se desarrolla a lo largo de una trama rica en recursos rítmicos y melódicos entrecruzados, (primando, por supuesto, las vaguedades de tango en el aire), con sugestivas frases cuasimodernas, a veces cantábiles (con son de valse), a veces herméticas (herencia de los Andes) filosóficas (como la letra sabia de cada tango) o simples como recónditos y dubitativos interrogantes psíquicos (como aquella nostalgia que se respira en cada rincón de Buenos Aires, y un poco en el Quebec).

La partitura utiliza efectos sonoros o tímbricos de excelencia que nos llenan de alegría y esperanza, al sentir que es posible que en el Canadá haya nacido otro Piazzolla. Quién haya podido pensar que el tango y el bandoneón son cosa del pasado, bien se equivoca. Nos gustaría escuchar muchas más obras, siempre excelentes, de Plante.

Aunque haya algunas pocas cosas que criticar, el balance total vuelve a ser muy positivo: es una presentación que vale la pena y que, además atrae nuevo público a degustar y comenzar a “gustar” de una orquesta tradicionalmente clásica. Seguro que muchos de esos nuevos asistentes, van a “Volver”.

Foto: Orchestre de chambre I Musici de Montréal.