jueves, 20 de diciembre de 2012

La eterna historia de Sandy Hook

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Tiroteo Connecticut

Dov Cohen, Richard Nisbett y la Cultura del Honor

En una tarde cualquiera de principios de los años noventa, un grupo de alumnos, de disciplinas distintas, de la Universidad de Michigan, fue llamado, individualmente, a tomar un cuestionario en un aula. Al terminar, cada joven tenía que dejar el papel en una oficina, al final de un pasillo largo y angosto.

Para el grupo control no había nada especial en la actividad. A la otra mitad lo esperaba un corpulento joven que interrumpía su paso abriendo gabinetes y casilleros. No contento con eso, el actor (portero en un bar local) los “tropezaba” desafiantemente, acabando la faena con un seco “Asshole” –“Pendejo”-.

Los investigadores detrás del estudio, los doctores Dov Cohen y Richard Nisbett, psicólogos, querían medir el grado de odio que el portero causaba en ellos. Le daban la mano a cada alumno para ver si apretaban más que lo normal, tomaron muestras de saliva de cada uno, antes y después, para estudiar los niveles de testosterona y cortisol (hormonas de la excitación y la agresión). También mandaron a leer una historia en la que un individuo presenciaba cómo cortejaban a su prometida delante de él, preguntando cuál sería la reacción ideal.

Los resultados fueron exactos e inequívocos. Los alumnos más afectados, aquellos que imaginaban que la historia terminaría con una reacción violenta, eran los alumnos que venían del sur de los Estados Unidos, cuyos antepasados habían llegado a América del mediterráneo. El de Cohen y Nisbett es uno de los estudios más importantes que existen sobre lo que llaman los sociólogos la Cultura del Honor.

En los pueblos agricultores hay una reacción distinta ante las ofensas que en los que se han visto obligados, por sus terrenos infértiles, a trabajar con animales, los pastores. La explicación: los pastores tenían que defender con las armas su ganado. Cualquier robo podía significar un duelo a muerte. Los pueblos agricultores son más pacíficos porque era mucho más improbable robar una cosecha entera. Los códigos de los pastores, eso que ya está en el ADN de la gente del mediterráneo, son los códigos de las Culturas del Honor.

Los criminales se hacen, no nacen

El 18 de mayo de 1927, tres explosiones en el colegio Bath, en Michigan, acabaron con la vida de 45 personas e hirieron a otras 58. El autor, Andrew Kehoe, murió en el atentado. Durante los esfuerzos de rescate los cuerpos de seguridad encontraron más de 200 kilos de dinamita que no detonaron.

Andrew Kehoe era el menor de 13 hermanos. Vio morir a su madre cuando apenas tenía cinco años. Cuando tenía 14 vio cómo su madrastra, con quien no tenía buena relación, prendió en llamas en un accidente de cocina. La vio arder por unos minutos hasta que decidió apagar el fuego.

Los que lo conocieron lo recuerdan, o recordaban, como una persona especialmente inteligente. Obsesionado con la limpieza hasta bañarse y cambiarse de ropa varias veces al día. Cruel con los animales –una vez mató a golpes a un caballo-.

Luego de los atentados, los investigadores encontraron un tablón de madera colgado en la entrada de la hacienda de Kehoe, en el que el asesino había escrito su último mensaje: Los criminales se hacen, no nacen.

Adam Lanza y la era del terror

El viernes pasado, 14 de diciembre 2012, Adam Lanza se presentó en la escuela primaria Sandy Hook, en Newtown, Connecticut, armado con un rifle de asalto y dos pistolas semiautomáticas. 28 personas murieron, entre ellos 20 niños menores de 7 años y la madre de Lanza.

Lanza, un muchacho de 20 años que sufría de Síndrome de Asperger –un tipo de autismo que se refleja en la incapacidad para la interacción social y en el comportamiento repetitivo-, tenía acceso al tipo de armamento capaz de asesinar a más de 20 personas. Lo mismo que Seung-Hui Cho, estudiante coreano-americano que apretó el gatillo al menos 32 veces en Virginia Tech el 16 de abril del 2007 (algunas teorías post-mortem aseguran que Cho, a pesar de ser muy inteligente, sufría un tipo de autismo). De todas maneras hay que acotar que expertos en la materia han asegurado no ver ninguna conexión entre la enfermedad de Lanza y la tragedia.

Dos de las tres masacres que han dejado mayor saldo de muertes en instituciones educativas, en los Estados Unidos, han tenido lugar durante los últimos cinco años. Cinco de las peores siete, en los últimos 15 años. Este año, más de 35 alumnos han muerto por ataques con arma de fuego en los Estados Unidos.

Del lado de las armas, uno de los argumentos principales de la NRA (National Rifle Associaton, organización que ha defendido a capa y espada el derecho constitucional a portar), como muestra Michael Moore en Bowling For Columbine, es que todo el mundo tiene el derecho a poder defenderse en caso de un hipotético ataque. La mayoría de las víctimas en Newtown tenían menos de 7 años, ¿podían ellos defenderse? Se espera una conferencia de prensa de la NRA para el próximo 21 de diciembre, quizás se expongan puntos importantes.

Estados Unidos necesita un estudio como el de Cohen y Nisbett: necesita un perfil psicológico de la gente que puede manejar la responsabilidad que significa un arma de fuego y cambiar la ley, de manera que sólo ellos tengan derecho y acceso a ellas. También necesita prestarle más atención a los muchachos que sufren todos los días. Esa es la reflexión que hago desde afuera. El debate está abierto.

Twitter: @rodrim3105

Foto: Youtube