miércoles, 26 de diciembre de 2012

Los Grands Ballets Canadiens de Montréal y su Cascanueces: Cautivante excelencia y merecido prestigio

Publicado en:
Ciudad
Por:
Temas:

Cascanueces Montreal Ballet

La compañía de Les Grands Ballets Canadiens de Montréal, por estos días, abre una vez más sus telones, en la Salle Wilfrid-Pelletier, de la Place des Arts, para su tradicional presentación del más amado ballet navideño, la suite Cascanueces, de Tchaikovski. La première tuvo lugar el pasado 13 de diciembre, y la última representación se realizará el 30 de este mes. 

Esta, la principal compañía balletística del Quebec, casa madre del famoso y querido coreógrafo Fernand Nault (QEPD), repuso esta preciosa producción, con su elenco de reconocida excelencia y merecido prestigio.

La exquisita música de Cascanueces fue ejecutada con el virtuosismo de siempre por la Orquesta des Grands Ballets, actuando como director invitado el maestro Earl Stafford, quien durante un cuarto de siglo se desempeñara como director musical del Royal Winnipeg Ballet, la otra gran casa balletística del Canadá. 

FOTOS: El Cascanueces de los Grands Ballets Canadiens de Montréal en Places de Arts

De todos es sabido que la producción de Tchaikovski incluye numerosos ballets, todos basados en cuentos de hadas, especialmente en los de renombrados cuentistas del período Romántico, que ocuparon un lugar importante en la literatura de la época, con su visión prístina del espíritu de fábula y de trama aleccionadora, que tanta popularidad alcanzó en esa época. En esta ocasión, el argumento de la obra se deriva del cuento Cascanueces, que escribió el alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, en los albores del siglo XIX. 

Pero lo principal de las obras que Tchaikovski compuso para el ballet es, sin duda, el extraordinario sentido poético que el compositor mostró en todas estas creaciones maestras, cuajadas de ritmos atractivos, “pegajosos”, de orquestaciones brillantes, de preciosas melodías que se convirtieron en tonadas que el mundo entero conoce y tararea.

La calidad de obra maestra de este ballet se evidencia por el solo hecho de considerar que, después de más de 120 años de su estreno, todavía, en nuestra agitada vida moderna, llena de cambios tecnológicos y, sobre todo, estilísticos (tanto en la música como en las demás artes y en el gusto del público en general) esta obra continúa presentándose, noche tras noche, durante cada invierno, en casi todas las ciudades importantes del mundo occidental.

En esta ocasión, la orquesta estuvo a la altura de los prodigiosos bailarines. El virtuosismo del conjunto soporta cada paso y cada expresión romántica correspondiente con el período de la obra de Tchaikovski. El director Stafford, enfrentado a la difícil tarea de complacer a los ejecutantes en sus necesidades de tempo y de ritmo, estuvo al tanto de cada incidente.

Cascanueces, como los demás ballets del genio de Tchaikovski, ofrece gran variedad de ambientes, según se narra la historia. El primer acto transcurre en le cálido ambiente de la mansión familiar de la niña Clara, interpretada con encantadora gracia por Anna Sánchez y Clara Corbo. Se trata de la velada navideña. Los invitados desfilan, se intercambian saludos corteses, bailan, se reparten regalos. El doctor Drosselmeyer, padrino de Clara, de quien se dice tiene poderes mágicos, presenta sus prodigios: a veces encanta a los niños, a veces los asusta con sus mágicas maniobras y sus hechizos.

El histrionismo de Robert Deskins,como el doctor Drosselmeyer, es de gran elegancia y recursividad. Y la brillante escenografía realza el espíritu de la época y le ofrece la utilería necesaria para sorprender en cada momento.

El doctor Drosselmeyer regala a su ahojada un simpático cascanueces, que, de inmediato, se convierte en el centro de atención. Los niños, fascinados, lo manipulan y gozan con él, hasta romperlo (para después ser reparado).

La fiesta termina, con despedidas solemnes. Los invitados se alejan. La familia se retira a dormir. Clara se retrasa, fascinada con el bello árbol de Navidad, y, cuando el reloj vuelve a dar sus campanadas, misteriosos sucesos comienzan a desarrollarse. Surgen relámpagos dentro del salón, en el árbol, todo parece bajo un hechizo. Clara cree que el árbol ha comenzado a crecer, y no se da cuenta de que lo que sucede es que ella se está achicando. Los ratones domésticos asoman por todas partes y son de tamaño inusitado. Cascanueces convoca a sus amigos para defender a Clara, y se realiza la batalla danzante más ingeniosa y ágil que pueda imaginarse. Toda una proeza del coreógrafo. Resulta cautivante observar los recursos de pasos y saltos en complejos grupos y situaciones. La batalla se prolonga hasta que el Cascanueces héroe derrota al batallón de los ratones. 

Gracias a las habilidades mágicas del doctor Drosselmeyer, Cascanueces, el tosco muñeco para triturar las conchas de las nueces, se convierte, mediante conjuros y gestos, en un gallardo joven que, inmediatamente, protege y corteja a Clara. Todo se transforma y los adolescentes enamorados abordan un carruaje que los llevará al País de las Nieves.

El cuadro siguiente es uno de los más hermosos números de danza de los ballets de Tchaikovsky. Las hadas de las nieves vestidas de escarcha danzan entre árboles nevados, con titilantes vestuarios. 

Pronto, los jóvenes protagonistas entran al segundo acto, en el Reino de los Dulces, en donde presenciarán, como invitados de honor, un crecido número de danzas de distintos personajes de fantasía. El corps de ballet y los bailarines más destacados de las compañías aman estas secuencias, porque les brindan gran oportunidad de lucimiento como solistas. Las bailarinas de la compañía despliegan su excelencia en los difíciles pasos de sus variaciones y ejecutan sus prolongadas pirouettes en puntas con resistencia magnífica. Y los bailarines despliegan su gran fortaleza y energía en bellos saltos y prolongadas piruetas.

En resumen, una puesta en escena extraordinaria. Vale la pena ir a ver esta producción, que, a lo largo de los años, se ha ganado un lugar de honor en el alma de los montrealeses. 

Foto: Sofía Carrero – Noticias Montreal