sábado, 19 de enero de 2013

La OSM, Alain Lefèvre y Walter Boudreau: Propuesta poderosa, electrizante, fabulosa

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Concierto OSM Montreal Alain Lefèvre

El martes y el miércoles de esta semana, en la Maison Symphonique, bajo la dirección del maestro Ludovic Morlot, nuestra Orquesta Sinfónica presentó su primer concierto del año, con un variado e interesante programa.

Tras el Preludio de la ópera “Los maestros cantores de Núremberg”, de Wagner, se presenta el solista, de gran histrionismo y formidable pose. Es Alain Lefèvre, el pianista franco-quebequés que tantos elogios ha logrado con sus presentaciones clásicas y contemporáneas, y quien hoy aparece en las listas de los mejores intérpretes de su generación. Sus gestos dramáticos complementan el ambiente, ya de por sí inspirador, de la Maison Symphonique. 

Nuestra OSM tiene el honor de estrenar el “Concert de l’Asile”, para Piano, que compositor quebequés Walter Boudreau ha compuesto en homenaje al fallecido poeta del Quebec, Claude Gauvreau. Se trata de una obra realmente interesante, por su música tonal y su vocabulario absolutamente moderno. Esta pieza, de gran despliegue, “endemoniada”, es de complejidad y dificultades pasmosas. Requiere máximo virtuosismo, y además un cerebro prodigioso, memoria de computador y coordinación dactilar comparable al milagro del movimiento de las alas del colibrí. Fuimos testigos de todo esto, en la entrega expresiva y exuberante de Alain Lefèvre. Una propuesta extraordinariamente novedosa, original, avanzada, atrevida, interesante, fabulosa.

Alain-LefèvreEn el primer movimiento, apreciamos juegos melódicos entre el piano y la orquesta, de sonido limpio y vibrante. La expresión de Lefèvre es contundente y recia en los pasajes que lo requieren, ofreciendo un contraste exquisito en los escasos pasajes leves. Este “desdoblarse” del artista, implica profundidad inusitada, y riqueza de facetas, emociones y potencialidades, todo lo cual, añadido a su extraordinario talento técnico, y a su disciplina extrema, es precisamente lo que hace de Alain Lefèvre un gran músico solista capaz del mayor nivel de excelencia.

A medida que avanzaba, lo vimos cómo se crecía físicamente, erguido ante el piano,y cómo enfrentaba el ataque de una y otra frase como un ariete que penetra una pared de sonido sólido, o la montaña de una ola de agua hecha de música, con el empuje de toda la pasión mental e intelectual del compositor y la de su propia interpretación.

Los golpes, rotundos; el compás, exacto; el sonido, avasallador. Extraordinarios los intrincados diálogos instrumentales. La orquesta no peca por parecer ruidosa, sino que, en su exactitud, es musical, a pesar del carácter esquizofrénico del conjunto de la partitura.

El tercer movimiento, “La charge de l’orignal épormyable”, es el más comprensible a nuestros oídos, poco acostumbrados al estilo y al lenguaje de avanzada de esta pieza. Allí, el Valse ofrece un lenguaje instrumental muy variado, marcado ritmo, intrigante. Las indicaciones de la obra exigen una dinámica de alternancias de tempos, ritmos, énfasis, acentos o expresión.

El público aplaudió el concierto con gran entusiasmo, más aún cuando el mismísimo compositor Boudreau subió al proscenio para abrazar, efusivo, al director y al solista.

La obra es monumental y está construida con una partitura de una complejidad que, estamos seguros, será desconcertante y abrumadora para los directores que, a partir de ahora, se le midan a esta pieza.

En suma, una oportunidad magnífica de ser testigos de un pianista fabuloso; una gran sorpresa conocer su faceta de poderosa fuerza anímica, combinada a una actitud etérea…aunque ya sabíamos que es multifacético.

Tras el intermedio, la noche continuó con una pieza de Debussy, “Imágenes, para orquesta”. Cada clímax llega, no por complejidad y adiciones sonoras, sino por tensión melódica e interpretativa. Pura expresión, perspicaz, picante, electrizante.

La orquesta toca un grueso soporte de fondo sonoro, que a veces alterna como principal. El maestro Morlot, atento a cada detalle, preciso y efectivo, la lleva al trance interpretativo. Los aplausos fueron igualmente frenéticos.

Volviendo al magnífico concierto de Boudreau, considero importantísimo que la OSM ofrezca al público de Montreal este tipo de obras. Es necesario recordar que el estilo y producción de piezas como esta nace desde casi principios del siglo pasado y que, después de los primeros impactos, a través de circulación discográfica, en los años cincuenta y sesenta, y de alguna obra en concierto de cuando en cuando, apenas ahora se presentan en vivo, con más apertura, en las grandes orquestas. No puedo exagerar el extraordinario interés que debería despertar en nuestro público conocer esta primicia, y la gratitud a la Orquesta Sinfónica de Montreal por habernos proporcionado el placer de escucharla en su “première” mundial. 

Foto: Captura de pantalla – YouTube