jueves, 31 de enero de 2013

«La chauve-souris», de la Ópera de Montreal: Un verdadero placer

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Opera Chauve-Souris Montreal

El sábado pasado pudimos disfrutar del estreno, en esta temporada de la Ópera de Montreal, de la famosísima opereta «Die Fledermaus» («El murciélago», en español, y «La chauve-souris», en francés). De todos es sabido que el drama original es de Meilhac, con adaptación de Halévy, y la versión musical es del inmortal Johann Strauss II. Toda su música, cada melodía cargada de sentimiento, los ritmos festivos, bailables o cómicos y burlescos, pueden ser calificados de exquisitos.

La enorme salle Wilfrid-Pelletier, de la Place des Arts, maravillosamente llena. La obra abre telón con espléndidos resultados. El primer cuadro, en casa de Gabriel y Rosalina fue un buen paso introductorio. Efectivos el vestuario y la iluminación. La soprano canadiense Marianne Lambert (Adèle, la criada), lució con gran brillo su potente voz, con inflexiones llenas del humor que el género de la opereta pide. La escenografía del cuadro, muy buena; muy bien elaborados los bastidores, al estilo de la Montreal cosmopolita de los años treinta.

La protagonista, Rosaline, la hermosa esposa de Gabriel, interpretada por la soprano Caroline Bleau, muestra muy buena escuela, precioso timbre e inesperado volumen, y sobre todo, tiene presencia en la escena. Además, gracias a su distinción innata, representa a sus personajes con mucha gracia estética.

Su esposo, Gabriel, encarnado por el reconocidísimo tenor quebequés Marc Hervieux, exhibe voz firme y segura y buena gracia escénica, con sus movimientos divertidos y sus carcajadas musicales. Impecable su actuación. Lástima que en esta ocasión, su papel no incluyera fragmentos o arias de especial dificultad a través de los cuales pudiera recordarle al público la calidad y la textura de la voz que lo ha hecho tan famoso. Para gozar de tal placer, sus admiradores habrán de desplazarse a Calgary, donde, próximamente, Hervieux interpreterá a Alfredo, en La Traviata, con la Ópera de esa ciudad.

El barítono Dominique Côté, también quebequés, ofreció una bella voz, potente y firme, y bien manejada. Su habilidad histriónica fue excelente. Perfecto para él su papel de Falke. El cómico pretendiente de Rosaline, Alfred, Thomas Macleay, tuvo muy buen desempeño y parlamentos muy divertidos. El barítono Alexandre Sylvestre (en el papel de Frank, el director de la prisión), al igual que sus compañeros, irrumpe, desde el principio de su papel con un ataque de gran seguridad, un redondo timbre, y un desempeño muy profesional.

El vestuario, a cargo de la australiana Angus Strathie, extraordinario, tanto por los diseños, como por el colorido, lleno de armonía. La Orquesta Sinfónica de Montreal, en el foso, cumplió a la perfección.

En el segundo acto, en la mansión del Príncipe Orlofsky, fue bonito y elegante el efecto de la iluminación. Otra vez la soprano Bleau se luce con su voz y su interpretación, especialmente en los cánticos húngaros.

La soprano invitada Chantal Nurse, en su papel de Josephine Baker, nos sorpende sobremanera. Lo hizo bastante bien. Los bailarines que la acompañaron, G. Fonseca, J. Hong, P. Lalancette y G. Pérez P., se lucieron. Dos de ellos cubanos y uno, mexicano, fueron la magnífica cuota hispana de la noche. Una coreografía excelente, de Noëlle-Émilie Desbiens, muy bien equilibrada para la ocasión.

De la mezzosoprano Emma Parkinson, quien encarnó al Príncipe Orlofsky, puede decirse que logró producir placer, hasta el punto de que podíamos disfrutarlo, prescindiendo de la atención crítica. El tenor Aaron Ferguson, que hace el papel de Blind, desarrolla su personaje cómico, a lo largo del tercer acto, en la prisión, con lucida interpretación y graciosa gesticulación. Jonathan Bédard, como Ida, y Martin Drainville, como Frosch, el mayordomo, desplegaron un muy buen histrionismo hilarante, con el cual deleitaron a la audiencia.

El bellísimo fondo orquestal es ocasión para prestarle atención al director, el maestro Timothy Vernon, quien recibe aplausos especiales (valga la pena mencionar que este director de excelencia y de brillante trayectoria internacional fue condecorado hace poco nada menos que con la Orden del Canadá). Las cuerdas también se lucen, y nuestro público ¡está tarareando a sotto voce con cada una de las famosas melodías, especialmente con el celebérrimo valse! Inmensa ovación, al final de la noche.

Esperamos que nuestros lectores, quienes se supone son los melómanos hispanos e hispanófilos de Montreal, logren aprovechar esta gran oportunidad de apreciar la opereta como la Ópera de Montreal sabe hacerla.

«La chauve-souris» será presentada en la Salle Wilfrid-Pelletier, de la Place des Arts, el martes, jueves, sábado y domingo de este semana.

Fotos cortesía de Yves Renaud

Opera Chauve-Souris Montreal

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