domingo, 10 de febrero de 2013

La OSM y la Sinfonía del Nuevo Mundo: maravilloso ensamblaje entre lo didáctico y el virtuosismo interpretativo

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Dvorak OSM Montreal

El segundo concierto de la Orquesta Sinfónica de Montreal en este 2013 fue dirigido por el joven maestro Natham Brock. Él es uno de los nuevos conductores que están surgiendo en este país, directamente hacia el lucimiento en las grandes salas del exterior. No cabe en esta reseña su lujoso currículum. El miércoles y el viernes pasados, en la Maison Symphonique, conmovió al público dirigiendo la celebérrima Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak. La imponente sala absolutamente llena. No quedó ni un solo tiquete disponible.

Importantísimo que nuestra OSM se acuerde de educar al público y que el maestro Ken Nagano y las directivas de su orquesta (especialmente, Sébastien Almon, director de proyectos especiales) dediquen parte de su precioso tiempo a preparar conciertos didácticos como el que nos ocupa hoy (o como su próximo concierto, «Les Contes de ma mère l’Oye», que presentarán en la Maison Symphonique, el 17 de febrero, dirigido a una audiencia infantil y juvenil).

La Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak, desde su estreno, ha recorrido el mundo entre aplausos y entusiasmo de todos los públicos, desde los más refinados músicos, los amantes de la música culta, los estudiantes y hasta de aquellos que no son especiales conocedores de la música académica, que reconocen con facilidad las melodías universales de esta creación superior.

En la primera mitad de la velada, se logró un buen ensamblaje entre la orquesta y el dueto «teatral» conformado por Raymond Cloutier y Philippe Robert. Georges Nicholson, narrador, con muy buena voz y apropiada entonación histriónica, llevó magníficamente la narración del proceso de composición de la obra. Sin hablar de la estupenda cantante negra Kim Richardson, que, junto al pianista John Sadowy, se supo ganar la ovación de la sala al evocar los aires afroamericanos que alguna vez escuchó Dvorak y que se dice lo inspiraron durante la composición de su máxima obra maestra.

Todos hicieron muy bien su parte, sin haber sido necesario invertir grandes sumas en vestuario o en escenografías, como se hace con frecuencia en esta clase de conciertos. Definitivamente, si se tiene ingenio se puede ser capaz de suplir las faltas de tiempo y dinero.

Es de destacar, además, que los organizadores prepararon un interesantísimo homenaje a Dvorak, a través de una gran pantalla ubicada al fondo del escenario, donde de manera permanente se proyectó muy buen material audiovisual, con numerosos recursos tecnológicos y didácticos ilustrando el tema de la creación de esta famosa sinfonía.

Haciendo énfasis en el carácter participativo del concierto, la gran obra interpretada fue explicada con los detalles pertinentes, referidos al autor, a la estructura y estilos propios de cada una de las partes, la forma musical y el contexto en que se ubica.

La orquesta se oyó maravillosamente ajustada, y el diálogo fluyó sin sobresaltos. El solo de corno inglés estuvo sonoro, cristalino, exótico, lleno de aliento. También el primer chelo nos entregó un suave y brillante solo. Los tutti de la orquesta plenos, vigorosos, intensos, totales, y además limpios y exactos. Como lo pide la obra, la interpretación conllevó toda la fuerza telúrica del paisaje como motivo incidental, y del hombre nativo como ritmo autóctono. Toda la ejecución fue perfecta; la dirección, afiligranada, para extraer los ricos detalles de la emotiva partitura.

Buenísima la noticia que nos da Claude Gingras, en su reseña en La Presse, de que la Orquesta Sinfónica de Montreal tiene proyectado para el año entrante otro concierto «didáctico», en el cual será interpretada una de las obras mayores de Beethoven. Y es también importante resaltar que luego del concierto de «Les Contes de ma mère l’Oye», al cual ya nos hemos referido, la orquesta presentará el de «Le cor magique» (el próximo 19 de mayo, con ejecución de obras de Grieg y de Saint-Saëns), buscando que el público infantil y juvenil tenga un acercamiento a la música clásica mediante amenos programas especialmente seleccionados y preparados con fines educativos.

En suma, este concierto fue un ensamblaje perfecto entre la didáctica más ingeniosa y el máximo virtuosismo interpretativo. Se hace evidente la invaluable importancia de que nuestros dirigentes culturales y musicales se sigan comprometiendo a apoyar a la OSM en proyectos como este, superando luchas y dificultades hasta alcanzar tan extraordinario triunfo. La noche fue una maravillosa celebración de la orquesta y de la más alta cultura.

Foto: Twitter / @OSMconcerts