martes, 12 de febrero de 2013

Les Violons du Roy y las Misas Luteranas de Bach: equilibrio perfecto

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Les violons du roy Quebec

El pasado domingo, en la Maison Symphonique, gozamos del segundo concierto que la orquesta Les Violons du Roy, ofrece en ese auditorio en lo que va corrido del 2013. Acompañada por el coro La Chapelle de Quebec, se le midió a ejecutar cuatro obras maestras en un solo concierto. Se trata, nada menos que de las misas breves BMV 234, 235, 236 y 233, de Johann Sebastian Bach. A la batuta, el inefable maestro Bernard Labadie, no solo el fundador y motor de la orquesta y el coro reunidos, sino también el aclamado director invitado con frecuencia a conducir algunas de las mejores orquestas del mundo, como las de Nueva York, Chicago, Filadelfia, San Francisco y Toronto.

Este es el primer concierto de esta meritoria orquesta, tras haber ganado, hace pocos días, el Premio Opus, del Conseil Québécois de la Musique, en la categoría «Brillo en el Exterior». La orquesta se hizo acreedora a tan distinguido galardón, luego de una temporada 2011-2012 especialmente fecunda en el plano internacional, con presentaciones en escenarios de la talla del Carnegie Hall, de Nueva York. Valga la pena destacar que, en cuanto al mundo hispano, dieron lo mejor de sí en el pasado Festival de Mayo, en México, donde dejaron muy en alto el nombre del Quebec.

Además del exquisito programa y de la orquesta y el coro que, de suyo, son garantía de calidad, nos encontramos con otra fascinante sorpresa… la soprano canadiense Shannon Mercer. Ella, que, desde su debut, ha ha convencido al público de prestigiosos teatros del mundo, maravilla ahora a los montrealeses con su voz, increíblemente hermosa, de timbre cristalino, tan firme y tan sólido y uniforme como el de una flauta de oro. Y con su manejo de la emisión, y la seguridad con que la proyecta y la modifica según las necesidades de la escala o de la expresión, para mostrar reciedumbre, dulzura, vivacidad, o fiorituras.

También canadiense, también joven, también prodigioso: el tenor. Thomas Cooley, se lucíó desde su primera intervención, en la Misa BWV 235, en el Qui tollis, que fue su pasaje mejor interpretado, sin ningún desfase. Lució siempre seguro y sonoro, vibrante y brillante, tiene un timbre aterciopelado y muy buen control de los trinos y vocalices, al igual que los otros tres solistas.

El barítono bajo, Stephen Hegedus, exhibe una buena voz, buena escuela, e inclusive, buena pronunciación. A pesar de su juventud, ha sido ya aplaudido por nuestro público en diversas ocasiones. Su pasaje en la Misa BWV 233 fue uno de los mejores momentos. Con su talento y facilidad, supera lo que se esperaría de su corta carrera. Tiene todo lo necesario para lograr el mayor éxito internacional: voz, timbre, escuela, sensibilidad, expresividad, gracia, presencia, personalidad, energía, y…según nos dicen, coraje.

En cuanto al contratenor, Robin Blaze, se lució con una interpretación llena de espiritualidad y belleza inefables; buena emisión, muy buen control, hermoso timbre, una expresión serena capaz de aplacar cualquier tensión en el oyente, para dejarlo disfrutar sin aprehensiones.

Y envolviéndolo todo, la extraordinaria, fabulosa orquesta Les Violons du Roy, inconfundible y memorable. La orquesta se desempeñó más que eficientemente; todas las entradas oportunas, los acentos no se desfasan y no hubo borrones. Hasta los trémolos de todas las cuerdas, con que se rellena el fondo en algunos pasajes, se perciben enérgicos y vibrantes, con más importancia de lo que los pasajes de trémolos suelen tener. Los vientos acompañantes (flautas, oboes, fagots y cornos franceses), perfectos en cada detalle del minucioso tejido.

Es una delicia constatar que la acústica de la Maison Symphonique, en constante adaptación, cada vez juega menos trampas… incluso los pasajes que piden el volumen muy piano, no resultan sordos, para nada…

Los últimos coros de cada misa alcanzaron el finale glorioso, apoteósico. En todo momento, se notó el respeto mutuo y la armonía entre solistas, coro y orquesta, lo que resultó en un equilibrio perfecto.

En términos generales, al director, el maestro Labadie, lo percibimos seguro y eficaz, exigente, atento, en control y en comunicación. Evidentemente, estas obras fueron esmeradamente preparadas. La orquesta y el coro están cada día mejor, y el maestro Labadie ya puede sentirse compensado por tan largo y arduo esfuerzo a lo largo de 29 años de progreso, al frente de estos dos conjuntos de excelencia. ¡La deuda del Quebec para con este quijote del arte es incalculable!

En resumen, una vez más, la comunión entre Les Violons du Roy y el coro La Chapelle de Québec culminó con gran acierto y todo lo presentado logró la excelencia deseada. Otra gran ocasión para el placer estético.

Foto: Captura de pantalla / YouTube