domingo, 10 de marzo de 2013

Entre Hugo Chávez, Vicente Fox y Andrés Pastrana

Publicado en:
Entre Fronteras
Por:
Temas:

los-tres-amigos

I. La invitación

Una mañana del mes de abril del 2001 llegó a las oficinas de mi empresa en Venezuela (empresa familiar con mi esposa, valga la aclaración), un emisario de Palacio de Miraflores de Caracas, trayendo dos sobres blancos, lacrados con sello presidencial.

Se leía: El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela se complace en invitar al señor Víctor Hugo Ortiz al Acto de Instalación de la Primera Cumbre Presidencial del Grupo de los Tres, en el Gran Salón del Hotel Caracas Hilton…

El otro sobre estaba encabezado de manera parecida y era una invitación a la Gran Cena de Gala que el Señor Presidente de la República Hugo Chávez Frías y su esposa, Marisabel Rodríguez de Chávez, brindarán a los Excelentísimos señores Vicente Fox Quesada, presidentes de los Estados Unidos de México y al excelentísimo Sr. Andrés Pastrana Arango, Presidente de Colombia…

Quedé sorprendido. No tengo por costumbre cartearme con la presidencia de Hugo Chávez. Sin embargo, me pareció su invitación un generoso gesto de su parte. Así era Chávez, desconcertaba hasta a sus propios adversarios.

Ahora bien, es muy posible que la presidencia no me haya invitado por mi bonita cara, seguramente fue debido a las buenas relaciones comerciales que nuestra empresa mantenía con Colombia, uno de los signatarios del Grupo de los Tres.

A pesar de ello, se me pasó por la cabeza que el presidente por fin estaba interesándose en la «industria nacional«, porque hasta entonces su régimen sólo se había dedicado a atacarla o a promover acciones que bien podrían interpretarse a propósito para sacarnos del juego.

Ejemplo. En lo que concernía al sector textil, nuestro sector, ocurrió que en una de sus primeras giras comerciales por los países asiáticos, incluida China, Hugo Chávez se fue acompañado de algunos dueños de grandes tiendas de ropa de ese momento. ¿Con qué objeto?. Comprar mercancía, no a vender. Venezuela se vio inundada de ropa importada, más de la que existía. Es verdad que ya cobraba fuerza la política de la apertura de mercados y no era asunto de estar pensando en medidas proteccionistas. Pero tampoco había necesidad de llegar a esos extremos. Por lo menos debió promoverse a la par, la importación de materia prima, de repuestos y de accesorios, tan escasos en el país. Pero en fin, así era el concepto de «desarrollo industrial» que tenía Chávez.

Para hacer el cuento más completo diré que posterior a estas experiencias, el régimen de Chávez pareció mostrarse condescendiente con los productores textiles, y auspició el proyecto «No puede ser«, bajo la tutela siempre de dos de los comerciantes que había llevado a China. Un proyecto complejo, que exigía mucho de los productores. Excesivos bajos precios y créditos que había que otorgar al comprador de 60, 90 y 180 días (medio año, en una economía inflacionaria). Sin embargo, el volumen de los pedidos lo hacía interesante. De tal manera que terminamos entrando al proyecto.

El primer pedido se fabricó y se entregó. Vino un segundo, que aunque no se había cobrado nada del primero, se entregó. Luego el tercero. Estando a la mitad de este último, despertamos un día con la explosiva noticia que las tiendas «No pude ser» habían quebrado.

Lo que vino fue terrible. Miles de piezas embaladas para entregar, otras en proceso de producción y una cantidad de tela en camino. Un montón de dinero en giros por cobrar. Los bancos y proveedores llamándonos desesperados por algunos giros descontados. La empresa compradora cerrada. Nadie respondía el teléfono y sus directivos no se aparecían. En sus oficinas había un personal de vigilancia, que daba respuestas evasivas.

Después de un buen tiempo de angustias y gestiones, la empresa estableció un calendario de pagos y a la postre cobramos todos los giros en cartera. Pero nos quedamos  con miles de piezas varadas, que terminaron en manos de cazadores de ofertas, a precios irrisorios.

El proyecto, hizo honor a su nombre: No pudo ser.

II. La cena de gala y el desliz del embajador

Ahora bien, volvamos a nuestra invitación.

Llegado el día, no pude estar presente en la ceremonia de instalación del Grupo de los Tres. Pero sí fui a  la gran Cena de Gala, la que tuvo lugar esa noche en el Círculo Militar. La asistencia era debidamente acreditada, rodeada de las más estrictas medidas de seguridad.

Fue una cena exquisita y sobria, donde los productos e ingredientes venezolanos, presentados en ingeniosos platos para la ocasión, se lucieron.

Estábamos ya en la sobremesa y hablando de todo y de nada. Atentos a no soltar la lengua, más allá de lo debido. Escudriñándonos solapadamente, tratando de saber a qué campo pertenecía cada quien.

A mi lado tenía al embajador de Perú, Luis Marchand Stens, diplomático de carrera, exministro de Relaciones Exteriores,  presidente del Consejo Permanente de la OEA, presidente del Grupo de los 77, entre otros cargos que había desempeñado. Lamentablemente, debo agregar ahora, Marchand murió en agosto del año pasado.

Estábamos pues hablando animadamente, cuando el embajador consulta su reloj y dice: Señores, me voy.  No tardó mucho, se paró y se marchó. Salió poco a poco, apoyado de su bastón y se fue perdiendo en ese callejón de alfombras rojas que se habían desplegado para la ocasión. Probablemente Marchand fue el primero, y tal vez el único que a esas horas abandonó el lugar.

Ni bien había terminado de salir, cuando desde un alto parlante, sale una voz de locutor, e imperante dijo: «Se le ruega a los señores asistentes, que nadie abandone la sala, sino después que lo hagan los excelentísimos presidentes». Como se ve parecía extraña la actitud del embajador, un hombre con sobrada experiencia en los corrillos de la etiqueta.

En fin. No pasó tanto tiempo de aquel «desliz», digámoslo así,  cuando Luis Marchand Stens, se vio precisado a marcharse de Venezuela casi con el título de «persona no grata».

¿Qué pasó?

Evidentemente no fue por los motivos narrados. Eso sólo fue , un síntoma de lo que ocurría aguas abajo.

Resulta que para el momento de la cena ya circulaban los rumores que Vladimiro Montesinos -exhombre fuerte del régimen fujimorista, prófugo de la justicia peruana-, se encontraba clandestino en Venezuela. Y algo más, se especulaba que el gobierno de Chávez, lo protegía. La primera persona que hizo pública esta tesis fue la periodista Patricia Poleo, noticia que le valió el premio Rey Juan Carlos de Periodismo del 2001; pero también, los ataques del régimen chavista.

Por esos días de abril 2001, el conocido parlamentario del régimen venezolano, Pedro Carreño, salió declarando públicamente que a Montesinos lo había asesinado la policía peruana. Una acusación que provocó la airada respuesta del embajador Marchand y del canciller peruano, Javier Pérez de Cuellar.

Ocurrió también que, tras bambalinas, el ministro del Interior peruano, Ketín Vidal, en colaboración con el FBI, había ordenado un plan de «secuestro» de Montesinos «en territorio venezolano». El plan era en efecto capturarlo y entregarlo a la casa del embajador peruano en Caracas, para su posterior envío a Perú. Precisamente por esos días de la Cena de Gala, en abril 2001, el propio Ketín Vidal, había estado en Venezuela, al parecer no de manera oficial.

El «plan del secuestro» empezó a caminar tal como estaba previsto y un día de junio del 2001, estuvo a punto de llegar a su culminación, cuando la comunicación entre el equipo ejecutor y Lima, se cortó abruptamente. Nada se supo. Horas más tarde el propio Hugo Chávez anunciaba la captura de Vladimiro Montesinos en territorio venezolano.

Las cosas se pusieron color de hormiga entre los dos países, sobre todo tras el reconocimiento público del propio Ketín Vidal acerca de los planes de captura que había implementado. Chávez calificó de «inamistosa» la injerencia del gobierno peruano, que para entonces era un gobierno transitorio,  presidido por Valentín Paniagua.  Venezuela ordenó el retiro inmediato de Lima de su embajador, y en consecuencia mi compañero de cena también dejó Venezuela para siempre. Las relaciones quedaron virtualmente rotas y se restablecieron tiempo después, cuando asumió la presidencia de Perú, Alejandro Toledo.

III. El Grupo de los Tres se transformó en dos

No podía ser de otro modo, el grupo de los tres «amigos», terminó en dos. Venezuela se retiró del mismo en mayo del 2006. El año que también se retiró del Pacto Andino, una de las más antiguas agrupaciones regionales.

Venezuela salió del G3 criticando sus supuestas «políticas neoliberales» y asegurando que el grupo solamente favorecía a una pequeña cantidad de empresas, que ni siquiera eran de Venezuela.

Desde entonces, han sido numerosos los enfrentamientos verbales entre Hugo Chávez y Vicente Fox. Se recuerda aquel programa de Aló Presidente, de noviembre del 2005, cuando Chávez recitando una copla de los llanos venezolanos, le dijo a Fox: «No se meta conmigo caballero, porque sale espinao«.

Con Pastrana las relaciones fueron más cautelosas y menos belicosas, si las comparamos con los enfrentamientos que ocurrirían más tarde con el presidente Álvaro Uribe.

La política exterior de Hugo Chávez, sobre todo a partir del 2006, tomó un rumbo absolutamente ideológico y político. Los foros y escenarios internacionales solamente han sido tribuna para críticas antiimperialistas, anticapitalistas y para promover su «revolución bolivariana».

Era frecuente ver en la escena internacional un Chávez contestatario, contra corriente, a veces hiriente, a veces sarcástico. Pronto, con sus ocurrencias, se transformó en la vedete de los medios de comunicación de todo el mundo. Recordarán el «aquí huele azufre«, el «insulso» para referirse al Secretario de la OEA, José Miguel Insulza. Era tanta la palabrería de Chávez, que hasta sacó de sus cabales al hombre más ecuánime hasta entonces, el rey Juan Carlos de España, quien en medio de una reunión en Chile, ya en el colmo de la desesperación, le dijo a Chávez:  «Por qué no te callas…»

En efecto, la Venezuela de Chávez solamente aceptaba asociaciones que sirvieran a su propósito ideopolítico y siempre que estuvieran bajo el liderazgo del comandante. Teniendo como arma de convencimiento, el petróleo venezolano. En aquellos organismos en los cuales no podía tener el control, literalmente los boicoteaba y si empezaban a ser incómodos, se retiraba de ellos. Aquí podemos señalar los virtuales retiros de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA y del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI).

Pero Chávez, en política internacional, cometió un grave error histórico, de consecuencias nacionales desastrosas. Esto, no se aprecia hoy, porque aún se vive la embriaguez revolucionaria, pero cuando amanezca y todo se vea más claro, muchos agacharán la cabeza, avergonzados por lo que hicieron. Me refiero al hecho de haber comprometido la soberanía nacional en aras de otro país. Al punto incluso, que en ocasiones se trasladó el centro de toma de decisiones a ese país, que pareció fungir como el verdadero poder, detrás del poder.

Chávez podría haberse conformado con ayudar a Cuba, incluso en la forma desmedida como lo hizo, aun a costa de propiciar -digámoslo así- otro error histórico al darle oxígeno por más tiempo a un modelo obsoleto, que debió haberse mudado hace mucho años. Pero lo que jamás debió permitir Chávez, fue  la injerencia de un poder extranjero en el aparato del Estado, en las Fuerzas Armadas y en la sociedad venezolana.

Finalmente, si debiera definir brevemente a Hugo Chávez, diría que fue una vida desperdiciada. Tuvo en sus manos la posibilidad de convertirse en un verdadero artífice de una Venezuela pujante y desarrollada, para lo cual contó como nunca antes en la historia del país, con la palanca financiera de los ingentes ingresos petroleros. Pero no fue así. Muy a pesar de algunos buenos logros, deja un país prácticamente en ruinas e hipotecado probablemente por varias generaciones.

Foto: Jornada.unam.mx