martes, 19 de marzo de 2013

Grandioso Jean-Marie Zeitouni con la Orquesta de Cámara I Musici y Les Violons du Roy

Publicado en:
Ciudad
Por:
Temas:

Jean-Marie Zeitouni Espléndida la tarde del pasado domingo, en la que la Orquesta de Cámara I Musici y la de Les Violons du Roy se unieron por primera vez (desde la fundación de ambas, hace casi treinta años), en la Maison Symphonique, para rendir homenaje, a su melódica manera, a cuatro grandes compositores del siglo XX.

La primera parte estuvo consagrada a esos tres grandes genios de la música británica que fueron Britten, Elgar y Vaughan Williams. Al interpretar la «Sinfonía Simple» de Britten, se unieron a los homenajes que ya comienzan a rendírsele en el mundo entero a este coloso de la música universal, en el centenario de su nacimiento.

Posteriormente, la «Introducción y allegro», de Elgar y la «Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis», de Vaugham Williams, complementaron la receta, en aras de alcanzar la dosis necesaria para que fuera inolvidable esta histórica fusión de las dos más reputadas orquestas de cámara del Québec.

La segunda parte estuvo dedicada al placer de los ritmos costumbristas y a la vez muy modernos del húngaro Béla Bártok. Fueron interpretadas sus «Danzas populares rumanas» y su «Música para cuerdas, percusión y celesta». En la primera de estas obras, descolló el arreglo orquestal realizado especialmente por Jean-Marie Zeitouni, el quijote que consiguió la realización de este concierto único.

Sin duda, el gran protagonista del concierto fue el director Zeitouni. Sólo una persona tan querida en ambas orquestas podría lograr la perfecta armonía que atestiguamos el domingo. “Les Violons du Roy simbolizan mi herencia, porque ellos me vieron crecer como director de orquesta, e I Musici, mi nueva familia adoptiva, representa mi presente y el futuro que estoy construyendo con esta orquesta. Yo veo este concierto como como una conversación musical entre mis dos familias”, aseguró el orgulloso artífice de este evento.

Cuando uno asiste a un concierto como este, en el que uno constata la manera prodigiosa en que Jean-Marie Zeitouni logra acoplar las dos mayores orquestas de cámara de Montreal, uno se pone a pensar en la magnitud del trabajo de un director de orquesta, quien no es, como algunos podrían pensar, un señor elegante cuya única labor es la de mover melodiosamente una «varita».

En el escenario, el director tiene el papel de sostener la coherencia de los miembros de la orquesta, de marcar el tempo, la dinámica, los piani y los forti, las entradas de cada instrumento, las inflexiones expresivas, los contrastes, etcétera.

Para esto, se comunica no sólo con la batuta, sino además con los brazos, con ambas manos, con movimientos corporales (¡hasta de los pies!) y, sobre todo, con el rostro y la mirada. Algunos podrían creer que los ejecutantes miran las partituras y no tienen tiempo para dejarse guiar por el director; pero esto no es del todo cierto, ya que, de todas maneras alcanzan a percibir cada gesto, pues, como todo el mundo sabe, el ser humano tiene un rango de visión periférica de 180 grados, y uno puede ver lo marginal, en especial si se mueve, aunque no esté dirigiendo el centro de enfoque directamente a lo que se quiere observar.

Pero, ahora que nos preguntamos cómo Jean-Marie Zeitouni pudo llegar a la materialización de un cometido gigantesco como este, hay que referirse, sobre todo, a su labor previa al concierto. Porque un director de orquesta no desarrolla su trabajo más importante durante la presentación pública de las obras.

La labor más compleja y demandante del director es la que cumple por varios días antes de cada concierto. A sus largas sesiones de trabajo se debe no sólo la excelencia de cada ejecución en concierto, sino también la calidad misma de la orquesta. A través del tiempo, el director selecciona a los músicos, supervisa la exactitud de la entonación que propone el primer violín a todos los instrumentos, escoge las obras para los programas. Las ensaya, pasaje por pasaje, después de que su asistente las ha montado en varias lecturas. Fija los tempo, la energía, los énfasis, las expresiones, los adornos, los contrastes y el el volumen, de cada sección, en cada frase. Mantiene atentos a los ejecutantes, y él mismo se mantiene atento a cada detalle, y a la coordinación de todos los distintos instrumentos. Trata de dar las entradas más importantes de temas, instrumentos, interacciones, percusiones.

Y después de todo esto, aún pule y pule y pule… Cuando este ente celular viviente que es una orquesta (en este maravilloso caso, dos orquestas), exhala la primera nota de cada obra, se puede decir que el concierto ya está dirigido, ya debe ser automático… Ya el mayor trabajo de dirección estuvo cumplido.

Con la calidad excepcional que ostentaron I Musici y Les Violons du Roy en este evento especial, Zeitouni nos demostró, una vez más, que sabe llevar a cabo con la mayor excelencia posible cada una de las importantes partes del proceso que acabamos de mencionar. El público lo ovacionó con mayor entusiasmo y energía.

Ojalá tuviéramos siempre en Montreal un conjunto así, como el que gozamos con esta fusión de nuestras orquestas de cámara más admiradas. Y nuestro público evidencia la importancia de esta clase de esfuerzos: nos satisfizo ver llena la platea (aunque sorprende y duele ver tantos asientos preferenciales reservados para las boletas de cortesía para algunos patrocinadores que no asisten porque ¡no saben lo que se pierden!) Los que sí sabemos de tan elevados y exquisitos hedonismos del espíritu sabemos también agradecer y felicitar a nuestros héroes promotores y realizadores de tan excelso logro.

Foto – Cortesía: Communications Lise Raymond.