miércoles, 20 de marzo de 2013

Danielle Schirman en el FIFA: En eterna exploración del alma de las cosas

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Janette La Pionniere FIFA

Una de las invitadas estelares de la presente edición del Festival international du film sur l’art (FIFA), que se desarrolla por estos días, en Montreal, es la cineasta francesa Danielle Schirman. Reconocida internacionalmente como la principal directora enfocada en la realización de filmes sobre el diseño, Schirman ha merecido los más altos elogios de la crítica y de los conocedores. Durante esta versión del FIFA, está presentando su nuevo documental, «Janette la pionnière», un homenaje a la difunta diseñadora suiza Janette Laverrière.

Estuvimos conversando con Danielle Schirman sobre su nuevo filme y sobre los grandes protagonistas de su obra: los objetos.

– Hablemos de su nuevo documental, «Janette la pionnière»…

– Yo digo que los documentales, como la vida, se hacen a base de encuentros. Y este documental se debe a un encuentro excepcional que tuve con esta dama llamada Jeanette Laverrière. Quise conocerla porque me comentaron que había una señora de muy avanzada edad que trabajaba todavía, que en las noches soñaba con proyectos de diseño de objetos, y que en el día, les explicaba sus sueños a estudiantes de Bellas Artes que iban a visitarla. Cuando la conocí, ella tenía 101 años. Seguí su vida durante seis meses y decidí realizar este documental con la intención urgente de darla a conocer, porque ella fue muy conocida en Francia, en los años cincuenta, pero después fue olvidada. La gente creía que ella ya había muerto, sin darse cuenta de que esta mujer, a sus noventa años, estaba diseñando, para una firma americana, ¡una línea entera de destornilladores!

– Y, precisamente, los destornilladores encajan perfectamente en la clase de objetos que a usted le gusta abordar en sus filmes. En eso se parece un poco a la premio Nobel polaca Wisława Szymborska, que escribía poemas al fax y a toda suerte de objetos cotidianos totalmente antipoéticos…

Janette La Pionniere FIFA– (Risas) Sobre Jeanette Laverrière, quisiera añadir que fui a visitarla una semana antes de su muerte, en diciembre del 2011. Normalmente, yo paso los eneros en Italia, entonces, antes de viajar, quise ir a verla. Y ella me dijo: “Tengo que irme antes de tres meses, porque ya se me acabó el dinero para vivir”. Es terrible constatar que el Estado no ayuda a esta clase de personas. Ella no tenía dinero, estaba ciega y necesitaba que alguien la cuidara a tiempo completo, pero esto no era impedimento para que fuera una persona de una dignidad y de una belleza excepcionales.

– ¿De dónde ese deseo suyo de convertir los objetos cotidianos en sujeto fílmico?

– Yo estudié Bellas Artes y desde siempre me he interesado en los objetos artísticos. Y para mí, los objetos de la vida cotidiana se han unido rápidamente a los objetos artísticos. Siempre hay una manera de ver las cosas y, cuando uno mira con mucha insistencia una silla o una mesa, puede captarlas con visión artística.

– Para los artistas del Ready-made, los objetos de la vida cotidiana constituían obras de arte; mientras que para usted, estos mismos objetos pueden ser protagonistas de obras de arte cinematográficas. ¿Cómo podríamos comparar su fascinación artística por los objetos con la de Duchamp y sus compañeros?

– Esta comparación es divertida. Yo creo que, hasta el momento, soy la directora que ha hecho más documentales sobre el Diseño. He filmado toda clase de objetos: automóviles, aviones, aspiradoras… Y es cierto que cuando filmo estos objetos, lo hago como si se tratara de esculturas. Habría, entonces, un paralelo evidente con el arte, porque a estos objetos los aprehendo y los respeto como si fueran obras de arte.

– ¿Cuáles son las principales diferencias en la mirada de un cineasta, cuando los protagonistas de su filmes no son seres humanos, sino objetos?

– En mi caso, mis protagonistas son objetos, pero son objetos que hablan muchísimo. Y en muchos de mis filmes, que han tenido una duración limitada de media hora, por ser este el formato de la serie que me encargaron el Centre Pompidou y ARTE, he sentido que me quedaron muy cortos, porque estos objetos tenían demasiado que decir y yo necesitaba al menos una hora para escucharlos más ampliamente.

– ¿Para usted, los objetos deben gozar de belleza en la forma y en el diseño o se siente también atraída por objetos feos?

– La belleza es ambigua. ¿Qué significa ser bello? ¿Bello quiere decir lindo? ¿El objeto ha de ser decorativo para ser bello? Yo pienso que un objeto muy simple, sin mayores decoraciones supérfluas, justamente por el hecho de ser simple y eficaz, puede ser magnífico, aunque no sea especialmente bello. Es la coherencia entre la forma y la función la que da la belleza.

Danielle Schirman FIFA– ¿Ha desarrollado trabajos sobre objetos inútiles?

– No, porque, como todos los objetos de mis filmes han estado relacionados con el Diseño, todos han tenido una función. Pero, por ejemplo, he realizado tres filmes sobre Ron Arad, diseñador israelí, que hace sillas un tanto extravagantes, al estilo de un proyecto escultórico. Y, generalmente, uno queda en una posición bastante incómoda cuando uno se sienta en estas sillas, pero se trata de productos que tienen una utilidad, porque son sillas. Si uno filma un objeto inútil, se aparta del mundo del diseño para adentrarse en el de la escultura.

– ¿Se ha interesado en dirigir también episodios documentales sobre objetos antiguos, prehistóricos o étnicos?

– Precisamente, hace un tiempo propuse hacer una serie sobre diseño prehistórico, porque me parece que el ser humano se ha enfrentado siempre al problema de la forma. Y esto es muy interesante.

– Y, hablando de mesas, la más famosa de las arias de la ópera Manon, de Massenet, es aquella de «Adiós, nuestra pequeña mesa». ¿Ha pensado en incluirla en la banda sonora de alguno de sus filmes?

– Yo habría debido pensar en eso cuando hice el documental sobre la mesa Compas. Pero nunca es demasiado tarde. Talvez realice otro.

– ¿El hecho de que usted se haya dedicado a hacer documetales sobre objetos quiere decir que usted, al meditar sobre estos objetos, considera que estos tienen un modo de ser, como si tuvieran alma?

– Si ha habido quienes dicen que las mujeres no tienen alma, es interesante preguntarse si los objetos la tienen. El escritor francés Alphonse de Lamartine interrogó, en un poema: “Objetos inanimados, ¿ustedes tienen alma?”. Yo creo que los objetos pueden ser inteligentes o sexuados. De modo que ellos deberían poder tener un alma.

– Todos los seres humanos usamos y necesitamos multitud de objetos. La mayoría de las personas vive rodeada de ellos, pero los utiliza sin pensarlo, muy automáticamente, sin darles mucha importancia. Sin embargo, hay individuos más perspicaces y otros más analíticos que sí pueden desarrollar verdadera conciencia de la utilidad de estos objetos. Es el caso, por ejemplo, de un escritor con su pluma estilográfica, de un músico con su intrumento o de una adolescente debutante con su vestido más hermoso… ¿En su caso personal, cree que puede llegar casi a personificar les objetos a punto de sentir que establece una relación de intimidad con ellos?

– En realidad, cuando trabajo con los objetos, agoto la significación de los mismos. Trabajo muchísimo. Y lo cierto es que hay una cierta relación de seducción con los objetos, aunque algunos de ellos pueden parecer menos inteligentes. Hay objetos que lo dejan a uno frío, pero hay otros que, cuando uno no los tiene, una pequeña parte íntima de uno se va con ellos. Si hablamos de un estilográfico, por ejemplo, hay una pluma que yo adoro, la “Parker 51”. A mí me parece que cuando uno escribe con esta pluma, la escritura es distinta. Entonces, escribir con otro estilográfico ya es significativo. Yo hice un documental sobre el bolígrafo Bic. Y es cierto que con él la escritura no es tan bella como la que produce el “Parker 51”, pero el Bic es magnífico. Cuando uno escribe con un Bic, está contando otra historia. Y esta clase de objetos hacen parte de nuestra vida y nos apegamos a ellos, incluso si el Bic pasa normalmente de una mano a otra.

Fotos: Cortesía Alain Labonté Communications y Alain Fleischer