domingo, 24 de marzo de 2013

La soprano Ailyn Pérez en concierto con la Orchestre Métropolitain: “En el Requiem de Verdi siento como si ocurriera un terremoto”

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Ailyn Perez Montreal

Una soprano estadounidense de origen mexicano está triunfado ampliamente ante el público operístico de Europa y Norteamérica. Se ha presentado en las principales casas de ópera el mundo, al lado de los más sagrados cantantes líricos del orbe. Se trata de Ailyn Pérez, quien estará esta tarde en la Maison Symphonique de Montreal, cantando las partes para soprano del celebérrimo Requiem de Verdi.

Esta obra monumental será el regalo que este año ofrecerá a los melómanos de la ciudad el maestro Yannick Nézet-Séguin, en el tradicional Concert Prestige de su Orchestre Métropolitain, que, como siempre, es esperado durante meses por sus fieles admiradores montrealeses. Además de la soprano Pérez, serán solistas la mezzosoprano Karen Cargill, el bajo barítono Andrew Foster-Williams y el tenor John Mac Master, todos ellos de amplio reconocimiento internacional.

Dados el prestigio y la alta categoría que ha alcanzado Ailyn Pérez y el orgullo que esto constituye para los hispanos en Norteamérica, nos interesamos por entrevistarla. Logramos nuestro cometido, lo cual resultó especialmente interesante, por las respuestas frescas, inteligentes y entusiastas de esta joven de virtuosismo excepcional.

– ¿Siendo usted cantante de ópera, acostumbrada a toda la magia de la escenografía, como se siente cantando este Requiem, que es una obra más de concierto o de acto religioso?

– Para mí, cantar no es algo separado de la espiritualidad. Yo soy creyente y creo que, incluso cuando interpretas un personaje que no tiene nada que ver con la religión, tienes que abrir la mente y el corazón para encarnarlo, y esto es algo espiritual. Y, para mí, en el Requiem de Verdi, en el Dies Irae, está presente un gran terror, que se escucha en la orquesta, con una profundidad y altitud impresionantes. Hay algo que uno siente, así uno no sea creyente. Las palabras y las imágenes son fuertes. ¡Es como si ocurriera un terremoto en el escenario!

– ¿Cómo es ser dirigido por Yannick Nézet-Séguin?

Ailyn Perez Montreal soprano– Es un sueño. La orquesta le responde con una sensibilidad increíble. Pero lo que más me atrae de Yannick es que, cuando él expresa sus frases musicales, lo hace como si estuviera cantando, siempre ayudándoles a todos a abrir las voces, el corazón y los oídos, a descubrir todos los colores y posibilidades. Esto es algo muy emocionante. Creo que él nació con ese don y ha sabido desarrollarlo.

– ¿De los directores que la han conducido, cuáles han sido los que se han hecho comprender mejor?

– Responder esta pregunta es un poco difícil, porque, como artista, todavía me estoy desarrollando. Por ejemplo, he cantado muchas veces el papel de Violetta, en La Traviata, pero, aunque todo ha salido siempre muy bien, no he llegado a ese punto en el que diga: «Ya entiendo, todo está más claro, ya me siento totalmente libre». Todavía no.

– ¿Y, si invertimos la pregunta, cuál ha sentido que ha sido el director que la ha comprendido mejor y que ha tratado de aprovechar mejor sus virtudes y sus fuertes, a la hora de hacer brillar el personaje que usted esté encarnando?

– Trabajar con el maestro Daniel Baremboin fue muy importante para mí, pero siento que el director que me ha comprendido mejor ha sido Yannick Nézet-Séguin. Por ejemplo, en el Requiem de Verdi, el maestro Nézet-Séguin logra que las cuatro voces solistas se complementen muy bien. Él no exige lo que no existe. Si él conoce el color de mi voz, no la va a hundir con la orquesta, sino que, por el contrario, va a aprovechar la juventud del timbre de mi voz. Espero poder trabajar mucho más con él.

– Usted no sólo ha cantado y emprendido giras de conciertos con ese gran maestro que es Plácido Domingo, sino que fue premiada en Operalia, el importante concurso de talentos operísticos que él fundó y patrocinado desde hace tantos años. Hablemos sobre su relación con el maestro Domingo…

– Sí, fue en Operalia, en el 2006, donde me escucharon por primera vez el maestro Domingo y su esposa, Marta, que es directora de escena. Ella, posteriormente, me dirigiría, cuando hice La Traviata con la Ópera de San Francisco. Tras Operalia, el maestro Domingo me ha invitado a cantar con él en lugares como Qatar, Azerbaiyán y Rusia. Dimos un concierto en el Kremlin. Estos conciertos surgieron de invitaciones de alto nivel, de los presidentes de estos países.

Tengo también el recuerdo muy fuerte de mi debut con el maestro Domingo, cantando el Simon Boccanegra. Interpreté el papel de Amelia, la hija perdida y luego reunida con su padre, el protagonista. De modo que mi relación con el maestro Domingo ha sido algo muy especial. Y todavía tenemos proyectos para realizar juntos en el futuro.

-Además de Plácido Domingo, usted ha cantado con otros de los más amados tenores del mundo, como José Carreras, Andrea Bocelli y Rolando Villazón. ¿Con cuál se ha entendido mejor en el escenario y en la vida?

– El tenor con el que me siento más cómoda es, por supuesto, mi esposo, el gran tenor Stephen Costello. Hemos cantado juntos muchas veces. Por ejemplo, por invitación del maestro Plácido Domingo, cantamos La Bohème, con la Ópera de Los Ángeles. Mi esposo es mi gran amor.

Pero, además de él, debo destacar también el haber cantado con Rolando Villazón. Fue en mi debut en Salzburgo, en Romeo y Julieta, y fue cuando conocí al maestro Yannick Nézet-Séguin. Yo era muy joven y, gracias a haber tenido a Rolando y a Yannick a mi lado, todo resultó un triunfo. Trabajar con ellos me influyó mucho. Me enseñaron a cantar con una gran libertad de expresión, con mucho amor y musicalidad.

– Usted es la única cantante de origen hispano en haber recibido el Richard Tucker Award. ¿Cuáles son sus reflexiones, al darse cuenta de esto?

-Eso mismo le pregunté a la juez Sotomayor, cuando se convirtió en la primera hispana en llegar a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Y coincido con lo que ella me dijo, que es que esto es algo muy hermoso, pero que es, al mismo tiempo, una gran responsabilidad, de dar lo mejor de uno mismo, y hasta más que los demás, por ese peso de haber sido la primera.

– Ha habido diversas cantantes líricas españolas que se han convertido en ídolos mundiales de la ópera. Es el caso, por ejemplo, de Montserrat Caballé, Victoria de los Ángeles y Teresa Berganza. Pero no ha sido frecuente que una soprano o mezzosoprano de origen latinoamericano llegue, como usted, a desempeñar papeles protagónicos en las casas operáticas más importantes del mundo, como el Metropolitan Opera House, la Scala de Milan, la Royal Opera House, el Bolshoi y la ópera de Viena o la de Berlín. ¿Cree que a qué se debe el fenómeno de que las españolas hayan podido «entrar» y las latinas, no?

– En parte, es un problema de contactos. Afortunadamente, Operalia ha ayudado mucho a los cantantes latinoamericanos, porque, en parte, el maestro Plácido Domingo tiene contactos muy importantes. Y, sobre las cantantes de España, creo que lo que pasa es que en Europa, hay muchas ciudades que tienen sus propios teatros de ópera y cuando están empezando, no tienen que viajar internacionalmente, con los gastos que eso implica, para desarrollar su vida profesional. Esto es una gran ventaja.

– Usted ha conformado, con el reconocido tenor Stephen Costello, una pareja muy apreciada en los círculos operáticos de los Estados Unidos. Hablemos de su matrimonio. ¿Cómo se las arreglan para pasar suficiente tiempo juntos, cuando ambos tienen que viajar tanto para cumplir con sus compromisos profesionales?

-El matrimonio es un gran paso en la vida y todos sabemos que este implica ciertas dificultades. Afortunadamente, mi esposo y yo estamos rodeados de nuestras familias, que tienen valores muy fuertes y que nos apoyan. No me gusta estar sola y, afortunadamente, he encontrado en mi pareja a un hombre muy comprensivo, lleno de principios y valores. Pero ni él ni yo podemos olvidar que también tenemos un matrimonio con nuestra carrera…

– ¿Una cantante como usted tiene a veces problemas porque el director quiere que usted haga su trabajo en un estilo con el cual usted no se siente cómoda?

– Sí, eso ocurre a veces. Pero un artista tiene que entender que la presentación tiene que ver con una historia. A mí, personalmente, me ha tocado trabajar con directores de escena que tienen una gran aptitud para moldear los movimientos del personaje, su psicología y su desempeño musical. Sin embargo, aunque uno se deje llevar por los directores, es casi imposible que uno cante un personaje sin pensarlo, sin desarrollar su propia encarnación o interpretación. Pero eso tampoco depende de uno solo. Influye también el modo en que esté tocando la orquesta, en que estén actuando los colegas, y tiene también que ver con el espacio del auditorio y con los espectadores, entre otros factores.

Fotos:  Richard Tucker, Music Foundation, Darío Acosta / Paul Mitchell