miércoles, 17 de abril de 2013

La Orchestre de Chambre McGill y «El violín rojo»: excelencia en cada nota, en cada pasaje, en cada instrumento

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Orchestre de Chambre McGill

Gran concierto el de la Orchestre de chambre McGill, celebrado la semana pasada en la Salle Bourgie, del Museo de Bellas Artes de Montreal. En el podio, el distinguido director canadiense Boris Brott, quien no sólo es el amado conductor de la orquesta protagonista de la noche, sino también director principal invitado del Teatro Petruzzelli, de Bari, Italia. El centro del concierto: la hermosa y celebérrima música de «El Violín Rojo», de John Corigliano, con una de las mejores solistas de Norteamérica, la violinista Elizabeth Pitcairn.

La noche comenzó con Aaron Copland: “Fanfare for the Common Man” (1942), en su versión «rock», adaptada, en 1977, por Emerson, Lake y Palmer, con arreglos adicionales del contrabajista Denis Chabot. Aquí el maestro Brott trascribe a la perfección el sonido autóctono de la música americana, con todo su sabor, con su swing, que aquí, entre nosotros, muy pocos directores consiguen que la orquesta logre producir. Se siente además la inspiración romántica del período de la composición, que se expresa en la dinámica y en todo el discurso, sumada al espíritu irreverente y libre de los años del arreglo para rock. Es importante anotar cómo el simple hecho de que Emerson, Lake y Palmer hubiera introducido la percusión en esta obra, la hace mucho más moderna, explosiva y majestuosa.

El sentido de rock y jazz se sintió tan fuerte que el cuerpo entero se volvió música en movimiento; en los mejores temas, uno quería salir a bailar o volar. El director Brott no se quedaba atrás, y, literalmente, bailaba en el podio. Manifiesto, el juego agnósico del volumen variante: las grandes frases lograron crescendos brillantes seguidos de transiciones en pianísimos expectantes, para irrumpir en la síncopa gestual del sonido rockero más sinuoso y exhilarante. No por nada, el maestro Brott fue asistente del gran Leonard Bernstein, en la Filarmónica de Nueva York.

A continuación, otra obra de sonidos novedosos y atractivos: «Cupid’s Quandary», del compositor Alexander Brott (1915 – 2005), fundador de la orquesta de la que hoy nos ocupamos. Este distinguido músico y director de orquesta canadiense es el padre del maestro Brott, el excelso director de la noche. En manos de Boris Brott, la orquesta está en uno de sus mejores momentos. La ejecución de la obra de su padre se dio a la perfección, con todas sus dinámicas, sus crescendos, sus tuttis fortísimos e intensos, sus combinaciones inusuales de instrumentos de percusión autóctonos de diversas culturas y sus concertaciones de exactas alternancias. Toda una orgía de ritmos. Una verdadera y maravillosa sorpresa para quienes no conocíamos esta obra. La solista, Elizabeth Pitcairn, logró una formidable versión.

Luego del intermedio, la Suite para violín y orquesta «El violín rojo», del compositor estadounidense John Corigliano, que este año está cumpliendo 75 años de edad. La suite compila los momentos más sublimes de la música de la película italo-canadiense del mismo nombre, música con la cual Corigliano se hizo al Oscar. La mencionada solista, Elizabeth Pitcairn, subió de nuevo al proscenio y, antes de comenzar la ejecución, contó al público la historia del violín que tenía en sus manos, el «Red Mendelssohn», fabricado por Stradivarius, en 1720, y que fuera el inspirador de la película y la música «El violín rojo». El violín, que perteneció a la familia del célebre compositor Félix Mendelssohn, fue adquirido por la violinista Pitcairn, en una subasta, en los años noventa. ¡Rara vez puede uno darse el lujo de escuchar una obra maestra de la música clásica tocada en el mismo instrumento que la inspiró!

Durante la interpretación de esta obra de inefable belleza, Elizabeth Pitcairn demostró fino talento, gran musicalidad, intensa sensibilidad, y expresión adecuada a la índole de esta suite, talvez la más emotiva y dulce de las obras de este compositor.

Para finalizar en grande, la Serenata para cuerdas en Mi Mayor, de Antonín Dvorak. Fue una ejecución extraordinaria, que desplegó excelencia en cada nota, en cada pasaje, en cada exhalación de cada intérprete.

¡Qué concierto extraordinario!

Foto: Sofía Carrero / Noticias Montreal