lunes, 24 de junio de 2013

Sobre la «Fête Nationale», la diversidad de Quebec y las visiones extremistas

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Bandera Canadá Quebec

Llegó el 24 de junio. Día de celebrar a Quebec, su cultura, sus particularidades e incluso los defectos que la hacen una provincia tan única.

La fleurdelisé se multiplica en las calles de las principales ciudades. Algunos la cuelgan en sus balcones, mientras otros planifican su día para disfrutar de los numerosos conciertos y actividades.

Sin embargo, la St-Jean, como se le conoce, crea un ambiente extraño, tenso se podría decir, en el que muchos dudan sobre qué decir, qué opinar con temor a caer en terrenos de debate indeseados.

A muchos no les gusta el mote de nationale (el cual ha sido aprobado incluso por el Parlamento de Canadá), otros no están de acuerdo con que siga estando vinculada a una fiesta religiosa, mientras algunos tienen rechazo hacia el alto contenido independentista que suele presentarse en los eventos.

Todos tienen algo de razón y demuestran algunas de las contradicciones que puede tener un joven país como Canadá (incluyendo Quebec).

Contradicción porque el propio Primer Ministro Stephen Harper, atacado y calificado por muchos como uno de los más “anti-Quebec” de los últimos años, fue quien impulsó la moción de 2006 reconociendo a Quebec como una nación dentro de Canadá.

Contradicción porque luego de la Revolución Tranquila se inició una cruzada en contra de la iglesia Católica (ver debate sobre el crucifijo en la Asamblea Nacional) y la religión en general, queriendo convertir a Quebec en la provincia más laica del planeta, y olvidando que, para bien o para mal, la religión fue una pieza clave en la construcción de la Belle Province, de sus bondades y sus defectos.

Contradicción porque un grupo cada vez más radical, pero cada vez más pequeño en mi opinión, quiere convertir la fiesta de los Plaines d’Abraham o del parque Maisonneuve en una prueba de purismo intelectual o hasta étnico, en donde lo gris no existe y se hace necesario declarar lealtad a uno de los bandos: o eres québécois, o eres un mechant federalista.

Mientras, la única golpeada pareciera ser esa bandera azul con cruz blanca en el centro, que pareciera romperse de tanto estirarse en un esfuerzo por cubrir a la mayor cantidad de gente. Una bandera que por siglos ha pertenecido a muchos, de distintos orígenes y de distintas creencias, pero que en la actualidad activa en el cerebro de muchos un vínculo directo con una idea política y partidista.

La St-Jean debería ser para celebrar el orgullo de una región, de sus características y sus dualidades. Porque por mucho que cerremos los ojos en la calle de nuestra casa seguramente existe un québécois federalista, orgulloso de su provincia pero también de su nación canadiense, que ama el francés pero también habla inglés. Por mucho que cerremos los ojos a nuestro lado tendremos a un soberanista, que sueña con tener un pasaporte que diga Quebec, pero que respeta al resto del mundo, no tiene problemas en visitar Toronto ni odia a los inmigrantes.

Si Quebec quiere celebrar este 24 de junio como una nación, debe convivir como tal, una sociedad con cientos de opiniones diferentes que encuentra un punto en común del cual darse la mano.

Twitter: @PabloJinko – pablo@noticiasmontreal.com

Foto: Sonia Sanhueza