miércoles, 4 de septiembre de 2013

Jaime Otero en el FFM 2013: «En España, la crisis ha generado un sentimiento de colaboración entre la gente del cine»

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Jaime Otero Romani El Enemigo Común

Uno de los representantes de la nueva cinematografía documental en castellano que estuvo como invitado a la edición 2013 del Festival des Films du Monde es el español (nacido en Canadá) Jaime Otero Romaní.  Tras el éxito de su anterior documental, «Nano Caste. The New Indian Middle Class» (premiado en tres festivales europeos), está presentando su nueva producción, «El enemigo común», documental en forma de thriller político sobre las primeras elecciones libres en Túnez tras la «Primavera Árabe».

Este joven realizador (nacido en 1983), graduado en España y en Estados Unidos en Dirección de Cine y de Video, estuvo conversando con nosotros. 

– ¿Cómo se ha servido en el campo cinematográfico del hecho de dominar cinco idiomas?

– Mi documental anterior fue rodado en la India. Estuve un mes allá y me comunicaba con la gente en inglés.  Y, respecto de mi último proyecto, en Túnez, era algo muy curioso, porque éramos un equipo de ocho personas, cinco de ellas tunecinas. Entonces, como en Túnez hablan francés, yo hablaba en francés con ellos, pero, como a veces mi francés se «cortocircuitaba», aproveché el hecho de que uno de mis asistentes tunecinos hablaba español y el de que con uno de los camarógrafos podía comunicarme en inglés, y con otro, en italiano.  La verdad es que hablar varias lenguas sí me era muy útil.

– Hablemos del enfoque de su nuevo documental «El enemigo común»…

– Hay un enfoque que, aunque no es neutro, sí es imparcial.  Yo no conocía de antemano la realidad tunecina, pero me llamaba la atención que los medios se estuvieran centrando en una visión muy reduccionista de las cosas:  hay un dictador, hay una revolución, llega la democracia y todos felices.  Y yo empecé a preguntarme hacia dónde iría todo aquello, si esa gente sería capaz de continuar alineada ante la ausencia del dictador, que era el enemigo común.  De ahí el título del largometraje.

– ¿Qué lecciones ha sacado de su propio documental?

– He sacado varias lecciones personales: la importancia de la sociedad civil: Túnez es un país pequeño, con una sociedad civil muy importante y muy desarrollada.  La mujer ya está muy emancipada y la gente está acostumbrada a liarse en contra de las injusticias.  Yo tengo la esperanza de que, precisamente por eso, el proceso democrático tunecino no se tuerza.

La otra lección que he sacado, que puede aplicarse tanto en sociedad como a nivel personal, es el hecho de que las alianzas generadas con base en el odio común terminan generando más odio.  Una vez se genera ese sentimiento, cuando el sujeto del sentimiento ya no está, de golpe hay una necesidad de suplantarlo, y se crean nuevos adversarios.  Y una de las claves, para mí, es que seamos capaces de alinearnos por las cosas que amamos y respetamos, más que por las cosas que odiamos.  Y ahí pueden radicar las dificultades de este proceso democrático.

– Usted es profesional en Administración de Empresas y alterna el ejercicio de su profesión con el de la dirección cinematográfica.   ¿Cómo lograr acoplar estas dos vocaciones para que se nutran entre ellas?

– Yo, con dos socios, tengo mi propia productora.  Así que también manejo una empresa.  Pero, más allá de eso, hay muchísimas sinergias que la gente muchas veces obvia.  Tendemos a pensar que la gente sólo se puede dedicar a una cosa, y yo discrepo.  Muchísimas de las cosas que he aprendido en el campo de la administración, las he aplicado haciendo documentales: en cuanto a la narrativa, al desarrollo de una idea, a la evaluación de si la misma funciona…  Hay toda una metodología de trabajo que es completamente trasladable.  Y cuando te das cuenta, es fascinante, porque descubres que tienes una manera completamente diferente de enfocar las cosas.

– Usted, hasta hace poco, fue asesor de la dirección general del ICAA – Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, del Ministerio de Cultura de España, y hubo de controlar el plan estratégico de la entidad. ¿Cuánto cree que ha dejado de cumplirse de ese plan, a causa de la crisis económica que afecta a España?

Jaime Otero Romani El Enemigo Comun– Yo creo que mucho.  Yo estuve en el ICAA en una época muy bonita en la cual había un plan muy ambicioso para lanzar el cine español. Ese plan trataba de emular el cine francés, al subviencionar potentemente y bien nuestro cine.  Pero, si se caen todas las principales fuentes de financiación, no sólo las públicas, todo se complica mucho.  Entonces, de ese plan estratégico sí se lograron muchas cosas, como la digitalización de las salas, pero otras no se han conseguido por falta de medios.

– ¿Ha notado que, en España, la crisis esté logrando que los jóvenes agudicen más la creatividad, a fin de desarrollar proyectos de calidad que no resulten tan costosos?

– Desde luego que sí.  Uno tiene que adaptarse a las circunstancias en que está.  Yo diría que, más que agudizar la creatividad, se agudiza el ingenio.

Ante las dificultades actuales, la gente se junta por el amor a hacer cine y encuentra muchas más vías de colaboración.  Yo, por ejemplo, con otros dos socios, monté, hace tres años, mi productora, y lo que encontramos fue que había un ambiente en el cual uno puede contar con otras empresas con las cuales se puede colaborar mutuamente.  Realmente, se ha generado un sentimiento de colaboración que no estaba tan arraigado hace diez años.

Pero, por supuesto, preferiría si la creatividad fuera respaldada con más medios, como ocurre en muchos otros países.

– ¿Cree que como resultado de estos días de incertidumbre económica en España, muchos jóvenes cineastas españoles terminarán aprovechando el estímulo al cine que se está ofreciendo en naciones como Argentina, México o Colombia?

– Yo creo que sí, en la medida en que tengamos acceso a ello.  A mí sí que me gustaría desarrollar proyectos en Latinoamérica.  Ahora mismo, hay medios, hay talento y se puede hacer.  La cuestión es más bien si esos países necesitan del talento español.  Igual tú me podrías contestar a eso.

– ¿La crisis se ha traducido también en una notable disminución del consumo de cine por parte del público español?

– Desde luego que sí.  En España, han subido el IVA al cine y los impuestos indirectos, y eso hace que cada vez sea más caro.  Además, cada día hay más alternativas, más baratas o gratuitas ilegales, que permiten seguir viendo ese cine sin gastar mucho.  Los canales tradicionales de venta de audiovisuales son los que están amenazados.  Habrá que repensar el modelo.  Aún así, somos la generación que más consume audiovisuales.  Esa es la paradoja.

– ¿En general, cuáles son los principales temores de los cineastas españoles en la coyuntura económica actual?

– Que no hay una vía de esperanza clara. Nadie ha sido capaz de transmitirnos que existe un camino para que esta situación difícil se solucione, tanto a nivel institucional, como del cine mismo.  Tenemos unas ansias irrefrenables de seguir haciendo cine.  Eso es lo que nos empuja.  Pero la verdad es que hay poco en nuestro entorno que nos lleve a tal.  Por eso, surge la idea de hacer proyectos internacionales.

Por mi parte, no quiero depender de cuatro ventanas en España que en muchos casos ni siquiera dependen de que el producto sea bueno, sino de otros intereses. Quiero apuntarme a un mercado global.

En ese punto, la crisis tiene cosas positivas, como es que la gente de España tiende a pensar en otras partes del mundo para desarrollar proyectos.

– ¿Qué opinión le merece la situación actual de los festivales de cine en España?

– Yo creo que siguen teniendo buena salud, a pesar de que ha habido recortes.  Es la principal ventana que seguimos teniendo.  En España, hay muchísimos festivales, unos bien gestionados, otros no tanto; pero todos hechos con mucha ilusión.  A mi me parecen fantásticos porque uno entra en contacto con comunidades diversas.  Yo, por ejemplo, presenté mi pasado documental en el Festival de Cine de Ocejón, que está perdido en tres pueblos muy pequeñitos que se ponen de acuerdo para hacer un festival en el ayuntamiento.  Y era maravilloso.  Estos pueblos perdidos en medio de la nada tenían sed por recibir documentales, por ver visiones de otros mundos y uno podía notarlo.

Foto: Facebook / Jaime Otero Romaní – El Enemigo Común