lunes, 23 de septiembre de 2013

Lakmé: el gran regalo de la Ópera de Montreal, en los 50 años de la Place des Arts

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Audrey Luna Lakmé

¡Cincuenta años de gloria pero también de luchas! Nuestra Place des Arts está cumpliendo ¡aniversario de oro! Para celebrarlo, la Ópera de Montreal eligió como fecha de inicio de su temporada 2013-2014 el 21 de septiembre, el día exacto del cincuentenario de la creación del complejo cultural que cambió la historia de las artes escénicas de la metrópolis quebequense.  El título escogido:  la exótica y plena de dulces pasajes Lakmé, única ópera conocida del compositor francés Léo Delibes.  La máxima líder de la provincia, la primera ministra, Pauline Marois, presidió en silencio el acto, desde el mismo palco de la Salle Wilfrid-Pelletier que otrora fuera ocupado por la Reina Isabel II de Inglaterra.

La gracia cautivante de esta ópera es resultado del talento y el ingenio del dramaturgo que creó la obra  de teatro original, Pierre Loti; de la capacidad de Edmond Gondinet para adaptar el argumento al formato operístico, y de la genialidad extraordinaria del compositor, Léo Delibes, y de su música, tan amada en el mundo entero, especialmente en el área del ballet.  La obra musical de Delibes constituye uno de los mayores  tesoros culturales de Francia. Sus piezas se convierten siempre en los mejores placeres para quienes las saben escuchar.

La presentación contó, como siempre, con “subtítulos” de todo el libreto, en francés y en inglés.

El espectáculo resultó magnífico.   Y, como cada vez ocurre con mayor frecuencia en Montreal, clave de este éxito fue la intervención del talento hispano.  La obra fue protagonizada por la soprano estadounidense de origen ecuatoriano Audry Luna, en el papel de la “hija de los dioses”, Lakmé. Luna demostró las cualidades sonoras vocales que la han hecho brillar en auditorios  de la talla del Metropolitan Opera House, de Nueva York.

Días antes del estreno, el director artístico de la Ópera de Montreal, Michel Beaulac, nos había manifestado su entusiasmo y satisfacción al contar con la presencia excelente de la cantante Luna y nos describió con detalles el virtuosismo de la técnica operática (“la escuela”) de esta intérprete, que pudimos comprobar con fascinación.  Sus arias en solitario se oyeron muy bien. Increíblemente bello desempeño. Afortunadamente, pudo mantenerse esta “cuota hispana”, ya que, originalmente, la obra sería protagonizada por la cubana Eglise Gutiérrez, quien enfermó semanas antes del estreno.

Lakmé Audrey Luna

Volviendo a Audry Luna, el celebérrimo dueto de las flores “ Viens Mallika… Sous le dôme épais” resultó perfectamente logrado. ¡Bravo también a la soprano canadiense Emma Char!

El tenor protagonista, el canadiense John Tessier, en el papel de Gérald, tuvo su primer gran hito de la noche con la interpretación de “Prendre le dessin d’un bijou”. Lindo timbre, muy seguro.

El brahamán, Nilakantha el bajo turco Burak Bilgili, y, Frédéric, el soldado inglés, el destacado barítono canadiense Dominique Côté, con buenas voces que impactaron a los espectadores. El coro, formidable, y la “regía” de sus desplazamientos, de Alain Gauthier, canadiense, excepcional.

En general, bastante notorias las capacidades actorales de todo el elenco.

El vestuario es excelente: muy bien investigado e interpretado.  Preciosas las telas, en las fibras ideales usadas por los nobles y ricos de la India de la época en que se sitúa la pieza. Bellísimos velos y lienzos.

Las escenas en el templo secreto, escondido en la jungla, me parecieron hermosas. Impactante la exactitud histórica del argumento y de la producción. El ambiente de la arquitectura sagrada, entre luces y sombras, y los cantos “rituales” producen escalofrío. Muy sugerente y efectista la iluminación. Los melismas del canto coronaron debidamente esta fantástica combinación.

La escena de la procesión, soberbia. Todos se superaron. El tenor, el brahamán, los coros, la orquesta. Todas cualidades que hemos adjudicado a los cantantes y directores son a la vez los atributos que la Ópera de Montreal presenta en cada obra.  Realmente es una suma de depuradas excelencias ofrecidas al mundo en conjugación en una misma obra de arte y en su ejecución. ¡Así es la Ópera de Montreal! Así había de ser, bajo la dirección musical, en esta ocasión, del consagrado maestro francés Emmanuel Plasson. Este extraordinario director, quien desde su llegada, se dedica a preparar acuciosamente cada sección de la Orquesta Metropolitana, es ya un frecuente conductor invitado a dirigir las mejores orquestas de ópera del mundo, como la del Metropolitan o la de la New York City Opera.

Felicitaciones a nuestra Place des Arts por su meritorio cumpleaños, a los líderes de la Ópera de Montreal, por todos los años de labor cumplida con constancia; a la Orquesta Metropolitana y a los solistas por su gloriosa interpretación, al maestro Claude Webster por la excelencia que logró en los coros, y al extraordinario maestro Emmanuel Plasson por esta importante hazaña que confirma su gran prestigio internacional.

Fotos: Cortesía Yves Renaud