martes, 1 de octubre de 2013

Precioso el homenaje póstumo de I Musici a Yuli Turovsky

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Yuli-Turovsky I Musici

El viernes 27 de septiembre, en un bellísimo acto y con un precioso concierto en la Maison Symphonique, la Orchestre de Chambre I Musici rindió a su fundador, el destacado violoncelista Yuli Turovsky, un sentido homenaje, con motivo de su fallecimiento, ocurrido en el pasado mes de enero.   Tras las palabras introductorias de tributo a Turovsky, el público  aplaudió calurosamente, dejando traslucir el gran cariño y la admiración que dejó este insigne instrumentista y director entre el público de Montreal. 

La orquesta aprovechó, además, para dar apertura a su temporada número treinta, con un programa que exhibió un abanico de cuatro obras exigentes y hermosas, tocadas con absoluta maestría. Una gran proeza, tratándose de piezas tan difíciles.  Dirigió el maestro Jean-Marie Zeitouni.

Primero en la velada, el Concierto Coral #15, del ucraniano Dimitry Bortniansky (1751 – 1825).  Los extraordinarios coros, hoy tan olvidados, de Bortniansky alcanzan (nos atreveríamos a decir) el paroxismo. Además de tratarse de una compleja partitura,  lleva un fondo coral fortísimo y rico en matices, casi como un antiguo ripieno a todo lo largo de los prolongados movimientos.

Para continuar esta noche de “tour de force”, una pieza de gran envergadura: el programa llegó a uno de sus momentos culmen con la grandiosa Suite Pulcinella, de Stravinski. Pasajes lentos y suaves,  apariciones súbitas de distintos instrumentos… Van aumentando la velocidad, el ritmo, el volumen, la simultaneidad, hasta que se crea un edificio monumental de piso sobre piso, capa sobre capa, superpuestos magistralmente en cuatro dimensiones sonoras que llenan abigarradamente el espacio: alto, ancho, hondo, y el transcurso temporal. Van avanzando horizontalmente con picos de conexiones verticales que Zeitouni apunta con puntualidad para lograr un engranaje milimétricamente preciso. Podríamos decir que la urdimbre jugó como un telar mecánico.

I Musici 2013 Sergio Esteban Vélez

Los bellísimos pasajes melódicos nos hacen figurar imágenes mentales de movimientos en tirabuzón. Como es sabido, esta obra fue coreografiada por Leonide Massine, en un famoso trabajo para los ballets rusos de Diaghilev en la primavera de 1920, en París. Está basada en un libreto de la antigua Commedia dell’arte. El finale es sublime y Zeitouni lo lleva al clímax con autoridad imponente, aunque él, en su discreto estilo, conserva su porte sereno y su elegante economía gestual.

Luego, la soprano canadiense Kimy Mc Laren canta la Bachiana Brasileira #5, de Heitor Villa-Lobos. La diestra diestra, y la diestra izquierda, en un virtuoso recorrido por las sonoridades más complejas, con el desgarrador aire latinoamericano de Villa-Lobos y los acentos barrocos del gran Bach. Fue uno de los momentos de mayor elación en toda la velada.

El brasileño Villa-Lobos estudió y se dio a conocer en París, y, justo antes de la Primera Guerra Mundial, regresó a su Brasil natal, donde comprendió que los ritmos ancestrales de su tierra podían complementarse perfectamente con lo más alto del repertorio clásico. Actualmente, se le considera, con Ginasterra, como el mayor compositor de América Latina. Gran satisfacción la presencia cada vez más frecuente de su obra en los auditorios más exclusivistas de la música clásica en Montreal.

Concluyó el concierto con el Gloria, de Vivaldi.  La orquesta en su mejor interpretación de la noche,  bajo la batuta prodigiosa del maestro Jean-Marie Zeitouni. Kimy Mc Claren, soprano, volvió al proscenio.  Su voz clara  puede desplegar gran sonoridad, cuando usa su potencia, pero  puede resultar con tono bajo en las frases de menor fuerza, como se había escuchado en su primera intervención de la noche, interpretando a Villa-Lobos. Ella y la querida y admirada mezzosoprano quebequense Julie Boulianne, se lucieron con gran brillo y disciplina en los pasajes más exigentes de este Gloria, que llega con tanta facilidad a las fibras más hondas del espíritu.

El Studio de Musique Ancienne de Montréal exhibió el mejor timbre y la mejor afinación; un coro potente, con perfecto balance entre las voces, con eficiente dinámica del sonido, agilidad en la expresión musical, elocuencia en los acentos, intensidad y experto control en los crescendos, y hermoso brillo.

En suma, un concierto con excelentes momentos y elementos, y en el cual hay que destacar la excelencia de todos los intérpretes, vocales e instrumentales, a pesar de las dificultades especiales de las obras.

Gracias a I Musici, al Studio de Musique Ancienne de Montréal, al maestro Jean-Marie Zeitouni y, sobre todo, a los innegables méritos y esfuerzos del llorado director fundador, Yuli Turovsky, a quien le debemos la denodada lucha por perpetuar esta orquesta que cada vez nos satisface con obras de la más alta envergadura.

Foto: Cortesía I Musici  y Sergio Esteban Vélez