martes, 5 de noviembre de 2013

Saariaho “coronada” en inefable concierto de la Orquesta Sinfónica de McGill

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Saariaho Orquesta Sinfónica McGill

El pasado domingo 3 de noviembre fue un día histórico para la Orquesta Sinfónica de McGill, la orquesta estudiantil más reputada del Canadá:  por primera vez, este conjunto de excelencia tocó en la más bella sala de conciertos del país: la Maison Symphonique.  Por otra parte: la ocasión será también memorable, pues el concierto contó con la presencia de Kaija Saariaho, una de las compositoras vivas más importantes del mundo.

Saariaho vino a Montreal para asistir al estreno quebequense de su obra “Laterna mágica” (que, desde hace un par de años, está siendo presentada en los más distinguidos auditorios del orbe), y para recibir el doctorado honoris causa que la Universidad de McGill, con toda solemnidad, decidió concederle.

Tras intervenciones del decano de la Escuela de Música de la universidad, Sean Ferguson, y del canciller de la institución, Arnold Steinberg, llegó el turno de las palabras de presentación de la compositora Saariaho, que estuvieron a cargo del director de la Orquesta Sinfónica de Montreal, Kent Nagano.  Nagano, que, en el año 2005, recibió el mismo honor, destacó que el caso de Saariaho es una de las pruebas de que todavía, en pleno siglo XXI, se están produciendo verdaderas obras maestras musicales, más allá de las dudas de los escépticos y de los críticos del arte de nuestros días.  Nagano ubicó a  Saariaho entre los más insoslayables valores musicales del mundo actual.

Kaija SaariahoY los elogios del director estadounidense no fueron exagerados, ya que la calidad de la creación artística de Saariaho se traduce en la categoría de las orquestas que le han encomendado la composición de obras:  la Filarmónica de Berlín, la Sinfónica de Boston, la Filarmónica de Nueva York, la Philarmonia, la Orquesta Nacional de Francia y la Sinfónica de Montreal, entre muchas otras.   No por nada su ópera “Amour de loin”, que le valió un Grammy, es la ópera compuesta en el siglo XXI que más veces ha sido montada, según el Globe and Mail.

La interpretación de “Laterna Mágica”, por parte de la Orquesta Sinfónica de McGill, fue, sin duda, fiel a la intención inicial de la compositora, basada en las memorias del cineasta Ingmar Bergman, que leyó en el otoño del 2007.

Y es aquí cuando debemos destacar el papel trascendental del director Alexis Hauser en el éxito de la ejecución:  las alternancias de instrumentos son tan dispersas, tanto en el contexto de la música como en el reparto a los atriles, que para el director, encajar la continuidad de la lectura de la partitura dentro de la vertiginosa rapidez del tempo, debe ser peor que armar un rompecabezas a escala mayor que la humana; igualmente complejo memorizar las saltonas secuencias de modo que la memoria lo asista en tal pandemonium. Hauser se mostró exhaustivo (no exhausto) y exacto, en cada entrada y cada minucia expresiva.

Saariaho es de difícil apropiación… Es importante que nuestras orquestas nos ofrezcan estos bocados de otras culinarias musicales no tan familiares. Necesitamos que se nos cultiven nuestros paladares en toda la gama de sabores musicales.

Las otras obras interpretadas fueron los popularísimos himno, marcha y danza del Finale del segundo acto de Aída, de Verdi; el Preludio del tercer acto de Lohengrin, de Wagner, y la pocas veces tocada en Montreal suite segunda de Daphnis et Chloé, de Ravel. 

Las tres fueron ejecutadas con todo el brío y los giros necesarios.  La orquesta desplegó un sonido poderoso, unificado. ¡Una sola gran voz! Como la de cualquier orquesta sinfónica de metrópolis europea o norteamericana, ¡nunca como una orquesta de estudiantes! ¡Qué placer! ¡Qué gran adelanto! Oyendo estas obras tan famosas, que exigen tanta fuerza interpretativa y tal peso dramático, llegamos a esta satisfactoria conclusión.

No queda duda de que fue un gran espectáculo, muy bien preparado, y que los jóvenes músicos de McGill ya están listos para tocar en cualquier buena orquesta y para encantar a cualquier público.

Fotos: Sergio Esteban Vélez