viernes, 8 de noviembre de 2013

Gran regalo de la Orchestre de Chambre McGill al público iberófilo

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Marie-Josée Lord OCM

El pasado martes, en la Salle Bourgie, del Musée des Beaux-Arts, la Orchestre de Chambre McGill y su emblemático director, el maestro Boris Brott, ofrecieron a los amantes de la música iberoamericana un regalo excepcional:  un ramillete exquisito de obras de compositores tan amados como Enrique Granados, Pablo Sarasate, Joaquín Rodrigo y Heitor Villa-Lobos, en la voz grandilocuentemente glorificada voz de Marie-Josée Lord.  Y, al parecer, la estrategia “latina” funcionó, dado que se agotaron las boletas.

Marie-Josée Lord OCM Y, antes de comenzar el concierto, tal auditorio pleno hubo de aprovechar para aplaudir al maestro Brott en un día memorable para él:  esa misma mañana, la Universidad McGill le concedió un doctorado honoris-causa, reconocimiento a toda una vida de trabajo por el fomento y la divulgación de la música culta en el Canadá.  El maestro Brott, emocionado, afirmó que este homenaje desvirtuaba la idea de que “nadie es profeta en su tierra”.

A continuación, el público apreció la primera obra de la noche, el toque canadiense de la velada: “The Red Room”, de la compositora contemporánea canadiense Nicole Lizée. Profundidad. Concentración. Sonido redondo, sólido. A veces le saca una voz al clavecín.  La sola escogencia de la obra ya demuestra la clase de director que Brott es, a lo que se le mide. Ajeno a los conciertos de repertorio molido, trillado, que tanto nos ofrecen los directores invitados.

Para coronar la primera parte, el espectacular virtuosismo de la soprano Marie-Josée Lord se evidenció con brillo y bravura en las “Canciones amatorias”, la famosa y favorita suite vocal de Enrique Granados, con arreglos de François Vallières. Una de las más vibrantes, románticas y flamboyantes obras para voz en el repertorio español. Lord la interpreta con exuberante expresión, y Brott le impregna hitos como fuegos artificiales, y efectos sonoros como giros y saltos dancísticos. El balance entre chelos y violines fue perfecto, en armonioso juego, y los chelos no tendieron a sentirse lentos, como ocurre a veces en la ejecución de esta obra.

Tras el intermedio, la Suite española para cuerdas, de Pablo Sarasate, con maravillosos solos del joven y talentosísimo violinista Victor Fournelle-Blain. Desde hace ya bastante tiempo, nos ha petrificado el asombro por la dimensión de este violinista: reciedumbre, seguridad, exactitud, presteza, virtuosismo, expresividad, intensidad.  Esta es una obra de factura muy interesante y sabor muy especial, con las características de Sarasate, sus ecos autóctonos y sus visos modernos.

Y, a continuación, en las “Duas lágrimas de Orvalho”, nos sorprendió la excelencia con que Brott absorbió el deje del sabor de saudade de los aires portugueses, especialmente en los efectos sincopados y la dinámica de las cuerdas.

Enseguida, la sofisticada conjunción de los “Cuatro madrigales amatorios”, de Joaquín Rodrigo.  Otra suite cuajada de pasajes de profunda armonía, ejecutada con virtuosismo. También españolísima y muy bien concertada en su ritmo y en su vigor.

Marie-Josee-Lord-OCM.3jpgAhora Marie-Josée Lord le saca sonido de viola gitana a su mismísima voz, sin menoscabo del tono absoluto, a pesar de las dificultades de pronunciación que notamos algunos asistentes. Y no solo fue extraordinaria la armonía, sino además el modo en que se apropió de la melodía del folclor español, y al mismo tiempo, el dialogo con la orquesta fue contundente.

Para cerrar, el número 5 de las “Bachianas brasileras”, de Heitor Villa-Lobos, una de las obras más sublimes de este altísimo representante del grado de refinamiento que puede alcanzar la cultura latinoamericana. La voz de Marie-Josée Lord es imponente y su escuela es deslumbrante; su actuación, fuertemente convincente, hasta el punto que se lleva sola por sí misma al público hasta los estadios idílicos de Villa-Lobos.  Este gran finale es ofrecido tan espléndidamente, que sólo este momento estelar merecería cualquier esfuerzo para acudir a verlo.

En suma, la Orchestre de Chambre McGill y su director, Boris Brott, demuestran una vez más su interés por interpretar y divulgar lo mejor del repertorio iberoamericano y por acercar a la comunidad latina de Montreal a la belleza y grandeza de la música clásica.

Fotos: Sergio Esteban Vélez