lunes, 11 de noviembre de 2013

¿Cuántos latinoamericanos hay en Quebec? Depende de cómo se los cuenta…

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Desarrollo e Integración
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Hace algunos años, al conversar con una persona muy implicada en el ámbito comunitario, le comenté de mis análisis sociológicos de la comunidad latinoamericana de Quebec y su reacción, teñida de cierto enojo, me sorprendió. Me interpeló de la manera siguiente: “¿Por qué hablar de una ‘comunidad’ latinoamericana?” Pues, según esta persona, no hay una comunidad como tal, sino diferentes hombres y mujeres cuyos orígenes están en Latinoamérica, pero con trayectorias y situaciones muy distintas entre ellas.

El uso del término “comunidad” para referir a mi investigación me había parecido, hasta ese momento, relativamente neutro, con un significado similar al de “colectividad”, o incluso de “población”. Pero, en la perspectiva de mi interlocutor, una comunidad implicaba una existencia compartida, es decir, vínculos asociativos, acciones concertadas, vivencias comunes. En tal sentido, para que sea legítimo aludir a “la comunidad latina de Quebec”, habría que primero demostrar su realidad, en vez de solamente suponerla como obvia.

Es verdad que sería difícil defender la idea de una comunidad latinoamericana si la concebimos como una especie de micro-sociedad que funcionaría principalmente “entre latinos” y de “modo latino”. Además, si insistimos demasiado en esa presunta identidad, caemos en las generalizaciones y los estereotipos (“ser latino” significa tal y cual cosa, etc.). Sin embargo, aunque no se trate de un grupo homogéneo y separado del resto de la sociedad, mi opinión sigue siendo que, a pesar de aquel intercambio, es válido considerar que una comunidad existe cuando resulta posible y razonable señalar ciertos rasgos comunes, así como un sentimiento de pertenencia o afinidad entre los individuos que la componen. Una comunidad, según dicha acepción, no es una “tribu” cerrada e inmutable, sino una red social, lo que implica una trama fluida y con fronteras porosas.

Ahora bien, si se acepta la idea de una “comunidad” latinoamericana -o sea, como lo acabo de proponer, una parte de la población que presenta determinadas características culturales comunes y que se identifica, con mayor o menor intensidad, al origen latino– queda el problema de especificar, justamente, esos elementos que la definen. Para un investigador, sobre todo si se busca producir un análisis cuantitativo, semejante tarea no es tan fácil como puede parecer. ¿Cómo identificar a los latinos de Quebec si, por ejemplo, deseamos presentar una cifra? Esta es la pregunta con la que se inicia cualquier retrato de la población latinoamericana: ¿cuántos somos? Pues bien, la respuesta depende del método empleado. Si se recurre a los datos de la agencia canadiense de censos, podemos utilizar, por lo menos, cuatro parámetros diferentes, y cada uno de ellos arroja un número distinto.

Un primer método es basarse en el lugar de nacimiento del individuo. Para eso, tenemos que seleccionar los países que queremos incluir en la definición de Latinoamérica. Los datos procesados por el gobierno no nos brindan una lectura fina (pues presentan regiones como “América del Sur”, “América del Norte”, “América Central” y “Caribe”), lo cual nos obliga a recalcular todo en función de una lista propia (la que yo empleo para mis análisis cuenta con 19 países: los 18 de habla hispana en el continente, más Brasil). Pero este enfoque no deja de plantear algunos problemas: por un lado, solamente considera a los inmigrantes de “primera generación” (es decir, que nacieron en el extranjero), excluyendo a sus hijos nacidos en Canadá; por otro lado, asume que es por nacimiento que se acarrea principalmente la identidad “latina”. Si aceptamos este criterio, contamos 114 mil latinoamericanos en Quebec.

El segundo método cambia de foco totalmente ya que, en vez de detenerse en el país de nacimiento, se concentra en la lengua materna. Así, no importa si alguien nació en el extranjero o en Canadá: su identidad idiomática sirve de indicador de su identidad cultural. Con dicho criterio, el hijo de inmigrantes latinoamericanos que declara al español como lengua materna sería latino, porque conserva su herencia cultural, mientras que el hijo de inmigrantes latinoamericanos que declara al francés o al inglés ya lo damos por “asimilado” y, por ende, no formaría parte de la comunidad latina. Obviamente, tenemos que decidir lo que hacemos con los brasileros, pues tendremos que incorporar al idioma portugués en el cálculo. Pero eso introduce una distorsión importante, porque muchos portugueses (nacidos en Portugal) residen en Quebec y declaran al portugués como lengua materna. Entonces, hay que filtrar a los europeos (los nacidos en España también) para aproximarse a la cifra buscada. Si nos limitamos al idioma español, llegamos a un total de cerca de 132 mil, y a casi 140 mil si incluimos a los lusófonos brasileros.

Un tercer método parece, al menos en teoría, más directo: una pregunta específica del Censo nacional (hasta 2006) y de la Encuesta Nacional de Hogares (desde 2010) remite al “origen de los antepasados”. Todas las respuestas son válidas (no se propone una lista de orígenes), por lo que la gente contesta cosas como “canadiense”, “búlgaro”, “judío”, “salvadoreño” o “maya”. La agencia oficial de estadísticas canadiense genera, a partir de esas respuestas, una serie de categorías. Una de ellas es “Latinoamericano”. Se la construye en base a todas las respuestas que mencionan una nacionalidad latinoamericana, un origen indígena latinoamericano o que simplemente inscriben en el formulario “latinoamericano” o “sudamericano” o “centroamericano”. En mis análisis, adiciono las respuestas de manera un poco diferente, pero llego a un número similar. El inconveniente con este método es que proyectamos en la categoría “latino” una identidad de tipo étnico. Pero ¿es válido incluir en dicha identidad a indígenas y afrodescendientes? ¿Y qué ocurre con los numerosos latinoamericanos con raíces en Europa, en el Medio Oriente, en Asia del Este? Si nos quedamos con este enfoque, diremos que hay unos 157 mil latinoamericanos en la provincia.

Finalmente, hay un cuarto método, y es el que prefiere el gobierno en sus políticas de lucha contra las desigualdades y la discriminación. Se emplea una pregunta que invita al individuo a indicar su pertenencia a una de las “minorías visibles” reconocidas en Canadá. Una de ellas es “latinoamericano” y se la define, como a las otras minorías, por “no ser de piel blanca o de raza blanca”. Así se busca hacer el relevamiento de las personas que pueden ser objeto de actitudes racistas. No es sorprendente que muchos inmigrantes de origen latinoamericano elijan no autoidentificarse como “latinoamericanos” frente a esta pregunta, pues no se ven a sí mismos (o no quieren verse) como potenciales victimas de discriminación por su color de piel o fisonomía. Como lo demuestran los censos en muchos países latinoamericanos, una gran parte de sus poblaciones se consideran “blancos”. De acuerdo a esta medición, habría unos 116 mil latinoamericanos en Quebec.

En conclusión, ¿cuál es el método adecuado? Ninguno. Todos tienen sus limitaciones y lo más lógico es combinarlos y adaptarlos en función de cada análisis, sin llegar nunca a tener la fórmula perfecta. Cada cifra incluye a individuos que no habría que incluir, y excluye a individuos que no habría que excluir.

En el estudio que estamos desarrollando con mi colega Sébastien Arcand, junto a la Cámara de Comercio Latinoamericana de Quebec sobre la comunidad profesional y empresaria de origen latinoamericano, invitamos a llenar un cuestionario a todos aquellos que se consideran a sí mismos parte de dicha comunidad, sin distinciones ni prerrequisitos. Somos conscientes del problema metodológico que ello puede implicar. Pero, más allá del desafío concreto que se nos plantea, esto nos lleva a tomar consciencia de la complejidad misma de lo que significa ser latinoamericano.

Foto: Pablo A. Ortiz / Noticias Montreal