miércoles, 13 de noviembre de 2013

Tango Fire, incendio tanguístico

Publicado en:
Ciudad
Por:
Temas:

Tango Fire Montreal 2013

El miércoles y jueves pasados, los amantes del tango en Montreal pudimos disfrutar, en el Théâtre Maisonneuve, del espectáculo electrizante de la compañía Tango Fire. 

Diez bailarines y cuatro músicos, los integrantes del Cuarteto Fuego, compusieron la tropa que se desplazó en esta gira canadiense.

Tango Fire Montreal Las parejas de baile fueron: Germán Cornejo y Gisela Galeassi, Sebastián Álvarez y Victoria Saudelli, Gonzalo Cuello y Melody Celatti, Marcos Esteban Roberts y Louise Junqueira Malucelli, y Max Van de Voorde y Solange Acosta.  Por su parte, el cuarteto de músicos estuvo conformado por Clemente Carrascal (bandoneón), Estefanía Corsini (violín), Matías Feigin (piano) y Facundo Benavidez (contrabajo).

El espectáculo de los bailarines, lleno de proezas cuasicircenses que nos dejaron con la boca abierta, fue de una maestría pocas veces vista en los shows de danza en nuestra ciudad. Qué placer contemplar puestas en escena tan bien logradas.  Y es importante que todo sea sobre el fondo del tango.  Esta es la demostración de que se trata de un ritmo que no tiene ninguna gana de morir.

Increíblemente bien ensayados los pasos. Los bailarines destacaron la mayor excelencia en sus difíciles movimientos. Nos gustó mucho el estilo de clase lunfarda y la coreografía. Creemos que es válido retratar lo vernáculo en su propia condición. Muy buenos los atuendos, adecuados pero discretos.  Muy bien acondicionado el proscenio para la danza, y bien el sobrio decorado. Hasta la iluminación cumple debidamente su papel.

Para complementar el ambiente, se presenta el cantante, con gran histrionismo y formidable pose; surge en la media luz y entrega su magnífica voz, bien paladeada para lucir un tango malevo.  Es Jesús Hidalgo, quien aparece con los gestos y el aspecto de un compadrito enamorado.

La ejecución de la música no presentó errores instrumentales ni desfases y los movimientos de baile estuvieron siempre en sincronía; pero hizo falta más énfasis en el golpe del ritmo porteño y, sobre todo, en mostrar el dolor propio del tango.  No sentimos la angustia, la pena, la cuita de tragedia que ha llevado al tango a los mismos estadios dolorosos universales de la ópera.

Tango Fire Montreal Sin embargo, hay que reconocer que siempre que una compañía juega a hacer fusiones y coreografías sofisticadas basadas en ritmos autóctonos, termina pecando por la falta del sabor picante auténtico que uno espera.

Es el caso de “Libertango”.  Lloramos por la falta de contundencia en el lamento, en la nostalgia piazzolliana.   A todos los bailarines, a lo largo de la presentación, les sobró dominio corporal y virtuosismo, pero les faltó alma, interpretación, comunicación con el auditorio.

Según avanzó la noche, la orquesta se acompasó más y más, en piezas como “El día que me quieras”, “A los amigos”, “La cumparsita”, “Otoño porteño”, “La muerte del ángel”, “Vuelvo al Sur”, “Ventarrón” y “Violentango”, llegando a su clímax en el “Adiós Nonino”, de Piazzolla, que desplegó bellos solos instrumentales en las frases melódicas que todos conocemos y amamos, aunque en esta oportunidad, la intensidad no fue suficiente para que brotaran las lágrimas.  Sentado a mi lado, el famoso empresario cultural holandés Louwrens Langevoort, director del gran teatro de Colonia y exdirector de la Ópera de Hamburgo, me recordó que este mismo tango fue el que hizo llorar a su reina, la argentina Máxima de Holanda, durante su boda. 

Pero aunque haya que criticar, el balance total vuelve a ser positivo: es una presentación que vale la pena y que, además atrae a los quebequenses hacia la cultura latinoamericana.

¡Gran aplauso a los productores por apostarle a nuestro tesoro cultural!

Fotos: Cortesía Tango Fire