jueves, 14 de noviembre de 2013

Lo que se pregunta un turista antes de viajar a Venezuela

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Happy Square Face
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Caracas Venezuela turista peligro inseguridad Control de Cambio CadiviEstaba reunida con unos colegas, un francés y una colombiana, en un café cualquiera del centro de Montreal. Les hacía una entrevista. Ellos eran los protagonistas, pero uno siempre consigue la forma de decir, al menos así me pasa, “en Venezuela, por ejemplo, somos así o asá” y por allí se va la conversación aunque sea por unos cinco minutos.

Caracas tampoco pasó por desapercibida en la conversa, y la nostalgia, aunque queriendo ser disimulada, también salió a relucir. Sin embargo, en la reunión mantengo mi foco y no comienzo a hablar de lo que pasa actualmente en mi país, pues era la llamada Inteligencia del Negocio el tema central de la reunión (cosa en la que Venezuela no salió muy bien parada).

Un muchacho de unos 30 años me observa desde una distancia prudencial como para haber escuchado dos palabras que llamaron su atención: “Venezuela” y “Caracas”. En menos de un minuto estaba ya sobre nosotros en la mesa preguntándose (preguntándonos) qué era lo que tanto hablábamos de ese país.

Mi respuesta: “vengo de Venezuela. Tengo tres años viviendo en Montreal”.

Lamento no haberle preguntado el nombre al chico, pues no me planteé, mientras se desarrollaba la conversación, que en algún momento podría escribir sobre este episodio. 

Rápidamente con su francés de Francia (no parecía québécois su acento) nos dijo que viajaba a Venezuela a finales del mes de noviembre y que no había tenido la oportunidad de hablar con alguien de ese país, que le hablara sobre dónde quedarse, qué zonas podía visitar, etc, etc, etc.

Antes de responder a sus primeras preguntas, repreguntó casi de inmediato: “¿realmente es tan inseguro como cuentan?”.

Se presenta un dilema, pero no puedo mentir. Un dilema porque siempre he tratado de mostrar que Venezuela y, en especial, Caracas, tiene mil cosas por mostrar y por disfrutar. Ante la visita de un extranjero uno quiere mostrar su ciudad como quien muestra su casa, como una “tacita de plata”. Pero nada más alejado que la realidad venezolana, sobre todo, en tiempos de “largas-filas-para-comprar-electrodomésticos-en-un-país-socialista-que-vive-una-revolución-donde-ser-rico-es-malo-y-el-consumismo-también-pero-vayan-todos-a-comprar”.

“Sí. Muy, muy inseguro”, respondí. “Cuando salgas no lleves reloj, guarda bien tu celular. Ten mucho cuidado. Está atento a tus alrededores. Evita los sitios que estén muy solos. Agarra taxis que estén identificados. Si son del hotel donde te quedes, pues mejor”.

“Ok, ok, ça va”, me dijo con una sonrisa. “Je comprends”.

VER TAMBIÉN: Venezuela: Siguen las largas colas para comprar productos a precios rebajados por el gobierno 

Pensando que hasta allí llegaba la conversación, asumiendo que el tema de la inseguridad era su verdadera preocupación, el muchacho sigue preguntándome sobre Caracas.

“¿Y las oficinas del gobierno están cerca de Las Mercedes?” (Algo de investigación había hecho. No sé por qué quería saber sobre las oficinas del gobierno).

-“Los ministerios y la mayoría de las oficinas gubernamentales están en el centro de la ciudad. Puedes ir en taxi”, le digo, sin atreverme ni siquiera a sugerirle la “aventura” del metro.

-“¿Son caros los taxis?”, me pregunta.

“No, qué va. Tú vas con dólares, lo más preciado en el país en este momento. En lo que cambies te vas a sentir rico. Vas a ver que no te va a parecer caro”, le dije. Creo que no sabía mucho sobre el control de cambio y no tenía yo mucho tiempo para explicarle. Como no preguntó más sobre el tema, se quedó así en este punto.

Recordó entonces otro punto que tenía pendiente quizá en su lista de “cosas por saber sobre Venezuela antes del viaje”: “¿Por qué es tan caro viajar a Venezuela? El boleto que conseguí, que no he comprado aún, me cuesta 4.000 dólares. Para Francia, un vuelo mucho más largo, sólo cuesta 700, 800 dólares…

Parece inevitable entonces el tema económico, Cadivi, la corrupción y sus consecuencias. Pero el tiempo exigía premura y sólo atiné a decirle. “Imagina que para un venezolano es difícil que encuentre un boleto, a un precio razonable, antes verano de 2014. Así que no creo que lo consigas más económico. Pero sigue buscando”.

Claro, tenía muchas ganas de contarle que una de las mayores distorsiones de la economía venezolana es el control de cambios, con un bolívar que se deprecia a una velocidad  y un gobierno que nada hace para corregirlo, porque iría “en contra” de su “plan socialista para la nación”.

El chico, también en premura pero preocupado por lo poco que había narrado hasta ahora, pregunta: ¿Está bien ahora Venezuela?

No. Nada está bien. Verás filas en tiendas de electrodomésticos mientras muchos no tienen en su nevera leche o pollo. Espero no veas a malhechores rompiendo vitrinas para entrar a algunos de esos establecimientos y llevarse las cosas sin pagarlas… (estoy segura que sobre el último punto no entendió nadita).

¿Y hay papel toilet?, se devolvió a preguntar después de decir merci por “la información” que escasamente le di.

“Seguro en el hotel hay…”

Foto: Wikimedia (Guillermo Ramos Flamerich) (CC)