viernes, 15 de noviembre de 2013

Un Falstaff de excelencia y un tributo de gratitud eterna a Paul Desmarais

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Falstaff

El pasado sábado, fue estrenada, en la Salle Wilfrid-Pelletier, de la Place des Arts, la nueva producción de Falstaff, de la Ópera de Montréal.  Esta puesta en escena extraordinaria supo sacar provecho al máximo no sólo del ingenio y el talento de William Shakespeare, el dramaturgo universal que creó la obra de teatro original, sino también de los de Verdi, el compositor operístico más amado del mundo, de cuyo nacimiento se celebra este año el bicentenario.

De dos de los mayores genios de la historia no podría surgir algo distinto a un producto de la mayor excelsitud.  Y si a todo esto añadimos la adaptación operática obra teatral original en sí misma (lograda por otro genio, Arrigo Boito), la habilidad y la excelencia de los directores, y la capacidad histriónica y musical de los intérpretes, podremos imaginar el elevado estado anímico que el espectador puede alcanzar ante semejante montaje.

El protagonista, el reconocido barítono Oleg Bryjak (de Kazajistán) cantó su papel de Sir John Falstaff con muy buen ritmo, justo a tempo y un timbre de voz con un registro de resonancia especial, a la cual saca el mejor partido, con rubatos bien destacados. Muy buena su expresión corporal y facial.

El tenor hispano-canadiense Antonio Figueroa se lució en su papel de Fenton.  Puede desplegar gran sentimiento en su voz. Cuidadoso en el tempo. Buena potencia, cuando quiere.

Otro latino que nos hizo quedar muy bien fue el venezolano Ernesto Morillo, bajo, quien interpretó a “Pistola”. Exhibió su preciosa y poderosa voz, buena técnica y muy buen histrionismo.

Por su parte, el barítono canadiense Gregory Dahl (Ford) también brilló no sólo con su vibrante voz, sino también con la expresión dramática adecuada.

Pero quien se robó el show fue Marie-Nicole Lemieux, en su papel de Mrs. Quickly.  Esta carismática y magnífica cantante salió hace algunos años del Quebec, a sus primeros recitales en Europa, los cuales causaron sensación mundial, y de allí, de un solo brinco, a los grandes papeles, especialmente este mismo de Mrs. Quickly, en los más prestigiosos teatros del mundo.

La dirección de escena (de David Gately), en cuanto a los agrupamientos y desplazamientos, maravillosa.  Lo mismo que la dirección de iluminación (de Éric W. Champoux), de vestuario (del estadounidense John Conklin) y de la decoración de los escenarios (de Olivier Landreville).

La orquesta, bajo la batuta del maestro milanés Daniele Callegari, marcha también con el signo de la perfección. El director invitado es un detallista que alcanza la extrema depuración. El último acto desplegó una perfección puntual y de conjunto difícil de superar, excelencia formidable.

Jacqueline-Desmarais-homenajeValga la pena destacar que esta función de Falstaff fue ofrecida en homenaje al mayor de los filántropos de la cultura en el Quebec: Paul Desmarais, como tributo póstumo de admiración y gratitud.  Paul Desmarais y su esposa, Jacqueline (presente en el acto), se dieron cuenta, desde hace muchos años de la importancia de fortalecer a Montreal como ciudad de ópera.  La pareja Desmarais comprendió que era de vital importancia apoyar los proyectos educativos y escénicos de la Ópera de Montreal, pues valorar y fomentar la práctica del canto lírico constituye una poderosa herramienta educativa, una manera de estimular la creatividad, la expresión y el sentido estético en cualquier comunidad.

La ópera es un instrumento para invitar a la actividad y a la participación cultural, exalta el goce de lo artístico por medio del conocimiento y el ejercicio del instrumento más accesible a todos los seres: la voz humana. La práctica del canto en todas las edades posibilita el autorreconocimiento de las capacidades expresivas, y favorece el desarrollo de la sensibilidad y de la personalidad y estimula la socialización lúdica, la formación de hábitos para la convivencia y la tolerancia, lo cual ayudará a rechazar la violencia y la intolerancia en todas sus manifestaciones.

Gracias a la comprensión de todo esto, surgió la firme determinación de apoyar con toda generosidad la propulsión del canto lírico, que fue desde un comienzo, una de las más meritorias ejecutorias de la pareja Desmarais, la más apasionada defensora de la alta cultura en el Quebec.

Gracias a mecenas comprometidos como los Desmarais, la Ópera de Montreal, a lo largo de tres decenios, ha logrado desarrollar la intensa labor musical que le ha permitido formar públicos amantes de la belleza de la música lírica y nuevos talentos que han dado brillo a las artes del Quebec.  Ello redunda en profundo beneficio social.  La expresión artística multifacética de la ópera fortalece la identidad cultural de Montreal como capital cultural del Canadá, ayuda a la consolidación de la reputación de Montreal como la ciudad más europea de Norteamérica y rescata el patrimonio y la memoria musical universales, en especial entre las nuevas generaciones.

Los grandes empresarios del Quebec deberían seguir con más ahínco el ejemplo de la familia Desmarais, y el público de Montreal debería considerar la conveniencia de aprovechar más vivamente la gran oportunidad de enriquecimiento cultural que ofrece, con heroísmo, la Ópera de Montreal.

Falstaff. Opéra de Montréal.  Hasta mañana 16 de noviembre, a las 7:30 pm. Salle Wilfrid-Pelletier, de la Place des Arts.

Fotos: Cortesía  Yves Renaud  / Sergio Esteban Vélez