miércoles, 20 de noviembre de 2013

Bernard Labadie y Haydn: belleza y excelencia

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Les Violons du Roy

Les Violons du Roy y el coro La Chapelle de Québec, fundados ambos hace casi 30 años por el benemérito maestro Bernard Labadie, presentaron el sábado pasado, en la modernísima Maison Symphonique, como último concierto clásico en Montreal en este 2013,  un magnífico programa dedicado al gran maestro de la sinfonía Franz Joseph Haydn. 

Les Violons du Roy son reputados por su excelencia a la hora de ejecutar a Haydn.  Ya el público culto del Quebec está acostumbrado a su conmovedora interpretación tanto de las sinfonías como de las obras vocales de este grande de la música.   En el Quebec, Bernard Labadie y Les Violons du Roy se han encargado de ofrecer las entregas más memorables y espirituales de las obras de Haydn, muchas de ellas presentadas en el Quebec por primera vez gracias al trabajo de este meritorio director.  Y en esta ocasión, él, una de las más altas cumbres de la cultura quebequense presenta al público de Montreal, en una sola velada, tres de las más sublimes creaciones de de ese genio universal que es Haydn.

La versión del Te Deum con que comenzó el concierto fue realmente inefable. El maestro Labadie unió cuerdas y voces en un compás exacto y jubiloso. La Chapelle de Québec lo canta al unísono, y alcanzamos a percibir el sentimiento de satisfacción del director, recogiendo en la palma de sus manos todas las voces que él mismo ha formado a mano durante todos estos años hasta traerlos a esta cima de tan larga y esforzada carrera.  Hoy escuchamos no sólo un concierto, sino el nutrido eco de largos esfuerzos.

A continuación, la Sinfonía #85.  El maestro Labadie conduce con todo control, sin perder detalle de la orquesta.  Las connotaciones se repetirán con idénticas cualidades, a lo largo del concierto. Nadie podrá dudar que Labadie está en su mejor momento.  Baste con mencionar que, hace pocos días, dirigió  nueveamente (tres noches consecutivas) ¡la Orquesta Filarmónica de Nueva York!  

Y, tras el intermedio, el plato fuerte de la noche, la refinada Misa en Sí Bemol Mayor, Theresienmesse, de Haydn. Todos los cantantes del coro ascienden al estrado y, por fin, se hacen presentes los esperados solistas. Comienza el impecable Kyrie y, siguen, en su orden, el Gloria, el Credo, el Sanctus  el Benedictus y el glorioso Agnus Dei. 

La mezzo-soprano, la conocida intérprete quebequense Julie Boulianne, muy bien ataviada y con gran presencia (la que corresponde a su abundante experiencia escénica y a su destacada carrera internacional), luce su bien entrenada voz, con vigor y seguridad, con buena medida de entusiasmo y de expresividad.

La soprano Hélène Guilmette (también muy bien vestida) muestra una voz perfectamente ajustada y sonora.  Sin duda, esta partitura, llena de trinos y melismas, es una gran oportunidad para ella.

El barítono de Columbia-Británica Tyler Duncan (con una impresionante carrera de triunfos internacionales) ejecutó su partitura con la misma entrega y altitud que han destacado los críticos cuando se refieren a sus actuaciones en las salas más importantes del mundo.

El tenor quebequense Frédéric Antoun, quien también tiene una interesante trayectoria internacional, presenta sus intervenciones con magnífica voz y buen ritmo. Su desempeño se mantendrá impecable hasta el final.

El conjunto de solistas resultó un precioso contraste de timbres que dio bellísimo esplendor a este cuarteto de estrellas. 

El gran protagonista, el coro, se escucha, en general, con el entusiasmo necesario, sin que las voces dejen caer el tono en las escalas y en los peligrosos melismas repetitivos (que podrían hacer que un inconsciente ralentando arrastre al coro hacia una caída de  la entonación). Las voces masculinas del coro tienen gran vigor sin perder sonoridad.  Las femeninas presentan belleza en el timbre colectivo, sin estridencias filosas o chillonas. Podemos decir que su intervención estuvo a la altura de la gloria y perfección que busca siempre en sus presentaciones Bernard Labadie. 

El logro de esta excelente ejecución resulta, insistimos, de la preparación, a través de años de práctica y formación, y de los ensayos esmerados del coro y la orquesta.

¡Qué excelencia!

Foto: Sergio Esteban Vélez