sábado, 30 de noviembre de 2013

Los “Latinos del Norte”

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Desarrollo e Integración
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Coctel CCLAQ

(Fragmento editado de mi libro “Quebec y sus inmigrantes”, publicado recientemente en Montreal por Carte Blanche)

Los quebequenses francófonos parecen oscilar entre el tibio reconocimiento de su proximidad cultural con América Latina y la voluntad de definirse como una sociedad netamente integrada al universo del Norte. Es fácil encontrar en el discurso político frecuentes referencias a la sensación de parentesco -aunque difuso- entre Quebec y Latinoamérica: “Nosotros somos Latinos del Norte”, declaraba Bernard Landry, entonces Primer Ministro de la provincia, en el marco de la Cumbre de los Pueblos de las Américas en 2011. Jean-Pierre Charbonneau, expresidente de la Asamblea Nacional de Quebec, coincidía con esa visión al negociar los acuerdos comerciales y alentaba las inversiones a escala continental: “Nosotros podemos además ofrecer nuestra condición de Latinos del Norte. Para los latinoamericanos, es sin duda interesante venir a dialogar en Quebec, en donde reina un ambiente más latino que en otras partes de Norteamérica”.

Los quebequenses llenan las playas de Cuba, de México y de la República Dominicana (estos tres países atraen, juntos, el doble de turistas quebequenses que Francia), seducidos obviamente por el sol y los precios relativamente asequibles. Pero deben encontrar otras cosas también: si no, ¿cómo explicar el asombroso despliegue de la “escena salsa” o la cantidad de clubes de tango en Montreal? ¿O el inmenso entusiasmo por la lengua española?

Los resultados del Censo de 2006 muestran que aproximadamente 200.000 personas en Montreal hablan español, pero que solamente la mitad provienen de un ámbito familiar hispanófono, lo cual implica que la otra mitad está formada por quebequenses que lo han aprendido como segundo idioma. Finalmente, hay que notar el número impresionante de jóvenes quebequenses que se orientan hacia Latinoamérica a través de los diversos canales de la cooperación internacional y la ayuda humanitaria. 

En un estudio estadístico que realicé a propósito de los valores cívicos en América, pude observar que Quebec se localiza, de modo general, en el espacio norteamericano. Sin embargo, también verifiqué que los quebequenses se distinguen de los estadounidenses y, en menor medida, de los canadienses ingleses por una actitud más abierta al cambio social, a la diferencia y a la subjetividad.

Aunque esas tendencias sitúen a Quebec en el universo de las sociedades “posmodernas” y “posmaterialistas”, creo que se puede percibir igualmente una latinidad más desenvuelta, es decir, más cercana a sus ideales primigenios: una latinidad menos contenida por sus proclividades autoritarias (que surgen lamentablemente con frecuencia en Latinoamérica, en donde las estructuras de desigualdad política y económica impiden a muchos individuos escapar de las determinaciones sociales).

¿Podemos imaginar que el espíritu latino, más holista en su concepción de los vínculos sociales, más sensible a la noción de “bien común”, más lúdico, transgresor y dispuesto a la experimentación y a las mezcolanzas, pueda servir de contrapeso a una cultura contemporáneas que nos parece demasiado centrada en la eficacia utilitarista, en la competencia de todos contra todos, en el híperracionalismo y el legalismo estricto?

VER TAMBIÉN: ¿Cuál es el perfil socioeconómico del latinoamericano en Quebec? Pronto lo conocerá 

Mi propia impresión es que la identidad cultural de los quebequenses posee netamente un componente latino. En el contexto de una sociedad democrática y desarrollada -y en una dinámica de interacción constante con la matriz anglosajona- la “latinidad norteamericana” de Quebec encarna valores en torno a los cuales puede construirse un proyecto pluralista e integrador.

A diferencia de las naciones europeas, las de Latinoamérica se representan como “jóvenes” (aunque tengan existencia política desde hace dos siglos) y sus poblaciones tienden a percibir los desafíos colectivos a través del prisma de la promesa.

Se comparte la creencia de que la auténtica riqueza del país reside en su potencial, no tanto en lo que es sino en lo que puede ser. Los quebequenses son, en ese sentido, indudablemente americanos. Pero estoy convencido de que, sin ser latinoamericanos, son también, en alguna medida, latinos de América, algo que ellos mismos no terminan de asumir.

En el estudio que estamos desarrollando con mi colega Sébastien Arcand, junto a la Cámara de Comercio Latinoamericana de Quebec sobre la comunidad profesional y empresaria de origen latinoamericano, invitamos a llenar un cuestionario a todos aquellos que se consideran a sí mismos parte de dicha comunidad, sin distinciones ni prerrequisitos. Somos conscientes del problema metodológico que ello puede implicar. Pero, más allá del desafío concreto que se nos plantea, esto nos lleva a tomar consciencia de la complejidad misma de lo que significa ser latinoamericano.

 Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM