martes, 3 de diciembre de 2013

Dos quebequenses universales en la Maison Symphonique

Publicado en:
Ciudad
Por:
Temas:

 Yannick Nézet-Séguin

El pasado viernes, en la Maison Symphonique, el público montrealés tuvo el placer de ver en el mismo escenario, en torno a la Orchestre Métropolitain, a dos de sus figuras musicales más emblemáticas: el mundialmente aclamado director Yannick Nézet-Séguin y la consagrada contralto Marie-Nicole Lemieux.  Antes del concierto, el director Nézet-Séguin precisó que se trataba de un momento que estaba planeando desde hacía trece años, cuando había compartido por última vez proscenio con la reconocida cantante.

Para comenzar con una obra grata a todos los gustos, fue escogida la maravillosa “The Young Person’s Guide to the Orchestra”, de Benjamin Britten, de quien se está celebrando el centenario del natalicio. El maestro Nézet-Séguin dirigió al detalle. Por algo, conoce esta obra a la perfección.  Se creería que la música no la producían los instrumentos y las voces sino que era él quien la iba tejiendo a mano sobre la marcha. Lo vimos enganchar cada punto, rematar cada nudo, acentuar cada rasgo, templar la tensión de la tela: la tela sonora. Es un gran perfeccionista.

Tras los aplausos, toda la belleza y la espiritualidad de los Kindertontenlieder (Canciones a los niños muertos), de Mahler, se encarnan en la voz de contralto de Marie-Nicole Lemieux, con una voz poderosa y bien controlada, elegante y hermosamente vestida, y con la gesticulación adecuada para una presentación no escénica, de concierto, a la que conviene alguna medida de expresión dramática, como ella lo hizo.  Con toda razón está cantando este año en la Scala de Milán y en el Liceu de Barcelona. Cuenta con una hoja de vida impresionante (al igual que la de Nézet-Séguin), cuajada de invitaciones a presentaciones de gran relieve internacional. Todo ello la hace la cantante lírica quebequense de mayor proyección mundial en la actualidad.

La segunda parte del concierto estuvo consagrada a Wagner, en el bicentenario de su nacimiento.  Comenzó con los Wesendock Lieder, que estrenara el compositor en 1862.  No sólo la orquesta sonó distinta a como ha sonado en ejecuciones de Wagner en ocasiones anteriores, sino también la obra, la cual tuvo mucha más vida y más fuerza que en muchas de las grabaciones que se escuchan. Como solista, actuó de nuevo la contralto Marie-Nicole Lemieux, quien se lució, con excelencia y profesionalismo. Y hasta con buena pronunciación de un texto alemán que demanda tantos matices de expresión.  Su voz es increíblemente potente y bella.

 Yannick Nézet-Séguin

Cortesía Keith Hooper

El maestro Nézet-Séguin, durante la ejecución, bien parecía un doble de Wagner por reencarnación. Se nota que ha estudiado esta partitura y la manera personal y musical de Wagner hasta tenerla como un cuerpo sonoro subliminal en el cerebro, independientemente de cualquier acción temporal; y también en forma gráfica, como un telón de fondo accesible en cualquier momento. Fenómenos intelectuales de donde nacen todos sus movimientos y… ¡sus resultados! ¡Qué resultados! ¡El producto de la unión de este dúo de quebequenses de excelencia satisfaría al propio compositor!

Luego, también de Wagner, el “Preludio y muerte de Isolda” (más conocida como “Muerte de amor”), de la ópera Tristán e Isolda. Para nuestro entusiasmo, esta pieza es una de las más hermosas jamás escritas en toda la historia de la música y como, a lo largo de los años, la hemos escuchado insistentemente, podemos decir que aquí se produjo la mejor ejecución, la mejor interpretación, la más profunda de todas las que jamás hayamos presenciado.

Nézet-Séguin, desde el comienzo, la aborda con intensa penetración en su significado espiritual y emotivo. El tempo muy, muy lento, casi sacramental con que expone las primeras frases, y la expresividad emocional tan vibrante, vierte todo el contenido psíquico en el idioma de la música.

Esta escritura orquestal está describiendo concreta y episódicamente, con su melodía, su crescendo sublime, sus frases repetitivas, obsesivas, y con su ritmo,  el proceso mental, y emocional, y el procedimiento corporal motriz físico, del mismísimo acto de amor, con toda la carga emotiva y la explosión anímica que alcanza el éxtasis espiritual. Para entrar de inmediato en un infinito estado de enajenamiento, de paz y de ternura que penetra la otra orilla: lo que le sobreviene de inmediato al alma tras el acto de amor, y en la muerte: un estado de beatitud indescriptible.

¡Qué despliegue profuso y soberbio para una digna celebración del bicentenario de un genio de la talla de Wagner! 

Nézet-Séguin no cesa de enamorar a su público.

Orchestre Métropolitain Montreal

Fotos: Cortesía Keith Hooper y Sergio Esteban Vélez