viernes, 27 de diciembre de 2013

Audiencia del caso Noé Arteaga: el juez tiene ahora la palabra

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El arca de Enoïn
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Noe Arteaga

VIENE DE: Caso Noé Arteaga: un asunto que desnuda las miserias del Programa de Trabajadores Temporales de Canadá

El miércoles 18 de diciembre en el hotel Holiday-Inn, del sector Chinatown de Montreal, se llevó a cabo la audiencia del caso Noé Arteaga Santos contra el invernadero Savoura. Los miembros del equipo que asistió a Arteaga Santos y él mismo coincidieron en un punto: ‘‘El evento fue desgastante’’.

La audiencia, que comenzó como estaba previsto a las 9:30 am, terminó a las 4:00 pm. Durante la jornada, que fue presidida por un juez laboral, se enfrentaron en una controversia interminable, las dos partes, que trataron a toda costa de hacer valer sus intereses. 

Al final del día, el equipo que asistió al trabajador guatemalteco fue más bien cauto a la hora de hacer su balance. Al evaluar la jornada el propio Noé sostuvo en tono calmado: ‘‘según yo, ellos no tienen ningún fundamento a invocar para justificar que no fueron ellos quienes me despidieron. Su argumento se basa en sostener que lo que hicieron era legal, porque ellos llamaron al Cónsul de Guatemala y le expusieron lo que estaba pasando y con él acordaron que lo mejor era que yo retornara a Guatemala lo antes posible’’.

Al final de la tarde el presidente de la audiencia, el juez de la comisión de normas de trabajo, consideró que en este caso ya había suficiente ilustración. Al levantar la audiencia informó a las partes que el veredicto final será rendido a más tardar en 60 días. 

Sin embargo hay un aspecto del programa de trabajadores extranjeros temporales (PTET) entre Guatemala y Canadá, que este caso pone al descubierto: el rol de los agentes diplomáticos del país centroamericano con respecto a sus trabajadores temporales del sector agrícola en el extranjero.

El rol de los diplomáticos guatemaltecos

El seguimiento al caso de Noé Arteaga Santos nos ha permitido constatar que por la situación por la que este trabajador rural está pasando han pasado por lo menos 20 trabajadores guatemaltecos en Quebec en los tres últimos años. Noé recalca que “estas personas han tenido problemas porque no se han aguantado las condiciones de trabajo” imperantes en muchas de las granjas agrícolas donde vienen a trabajar.

Sostiene que si bien es cierto que “los casos que se conocen son pocos y no han sido documentados, eso no quiere decir que el mal no sea generalizado, pues mucha gente aguanta los abusos aquí para poder responderle a la familia allá. Los que terminan por rebelarse son en general los trabajadores más jóvenes, que son solteros y no tienen mucho que perder”.

Un trabajador guatemalteco que acaba de desertar de una finca ganadera sostiene: “la dueña nos trataba más mal que a sus vacas. Si gritabas por accidente a las vacas ella te gritaba durante una hora. No me aguanté más y le dije basta. Por eso me echó”. Aunque la mayoría de los trabajadores guatemaltecos que han sido despedidos de las fincas sostienen no conocer que está sucediendo exactamente en la parte anglófona, ellos dicen tener noticias “que allá también hay muchos problemas para los trabajadores centroamericanos del sector temporal”.

Al escuchar los relatos de estos trabajadores rurales sobre las razones de sus despidos de las fincas quebequenses, cualquier observador desprevenido comienza a preguntarse acerca del rol jugado por los diplomáticos de este país centroamericano en lo que respecta a la preservación de los derechos de estos trabajadores en tierras canadienses. Escuchando sus historias, varias preguntas emergen: ¿Por qué los funcionarios diplomáticos no defendieron los derechos de estos trabajadores y buscan la conciliación entre las partes con el objeto de limar las asperezas entre ellas? ¿Qué rol juegan en realidad los funcionarios guatemaltecos cuando se produce este tipo de incidentes entre trabajadores rurales temporales oriundos de este país y los empresarios canadienses? 

Según Noé Arteaga, cuando hay desacuerdo entre trabajadores guatemaltecos y patrones quebequenses los diplomáticos prácticamente adoptan una posición pasiva. Tanto él como los otros trabajadores consultados resaltan un hecho: en el consulado “se desentienden del trabajador y no se preocupan por defender sus derechos cuando los patrones pronuncian la palabra despido”. “En mi caso simplemente procedieron a darle curso al repatriamiento”, recalca Noé. Esto explica por qué, según él, en la audiencia, los representantes de la empresa argumentaban que lo que habían hecho no era discriminatorio, “que nos tratan como nos tratan porque eso lo permite el país de origen”. 

Para las organizaciones que defienden en Quebec los derechos de los trabajadores extranjeros temporales como Noé, estos inmigrantes se encuentran en total indefensión frente a sus empleadores porque -como lo resalta el mismo Noé- “no hablan la lengua, no conocen las normas de trabajo, no conocen la cultura local y aparte vives donde” sus patrones.

Entre los acuerdos que firman los patronos a la hora de engancharlos se encuentra el de llevarlos al hospital si se enferman y el de ofrecerle un alojamiento digno. La responsabilidad de vigilar que lo acordado se cumpla corresponde a los diplomáticos del país de origen del trabajador, por eso –según los diferentes trabajadores guatemaltecos que consultamos- los patronos consultan con los diplomáticos de su país. Sin embargo casi todos los consultados resaltan que los diplomáticos “se desentienden de la suerte de los trabajadores rurales” y por eso los dueños de las granjas “lo tratan a uno como nos tratan: como trabajadores importados”.

En la audiencia del 18 de diciembre entre Noé y la compañía Savoura no se hizo presente ningún funcionario consular. Casi todos los trabajadores guatemaltecos que han pasado por una situación similar a la de Noé y que han emprendido acciones legales similares a la suya sostienen que en los medios diplomáticos de su país “están esperando que todo lo relacionado con este caso termine, porque según los funcionarios diplomáticos somos nosotros (los trabajadores) los problemáticos y por eso ellos no se van a entrometer en nuestras disputas con las empresas”.

Los trabajadores consultados coinciden casi todos en un punto: los diplomáticos de su país no quieren ocuparse de su suerte. Según ellos, lo único que han logrado en una ocasión fue conseguir que en el consulado les firmara “una carta diciendo que el Cónsul no tiene poder de despedirnos. Pero a eso llegamos porque fue que los obligamos a que la hicieran. Eso no fue voluntad de ellos”.

Para estos trabajadores, los diplomáticos de su país actúan más “como consultantes que facilitan la venida de mano de obra extranjera a Canadá, pues estos programas los han implementado para poder obtener más divisas del exterior para Guatemala. Por eso se esfuerzan en tratar de proteger y de mantener el programa, porque hoy el objetivo del Ministerio de Relaciones Exteriores y de trabajo es fomentar la entrada de divisas a Guatemala mediante la ubicación de los trabajadores rurales en el extranjero. Hoy estamos en competencia por los puestos de trabajo en las granjas de Estados Unidos y Canadá con los campesinos de México y El Salvador. Pensamos que el consulado no se interesa en prestarnos ayuda, porque de los países que den menos problemas, son de donde los finqueros quieren traer más trabajadores. Eso es lo que te indica porque cuando los mexicanos comenzaron a sindicalizarse, comenzaron a traer guatemaltecos. Cuando los guatemaltecos hemos comenzado a reclamar nuestros derechos hay quienes han comenzado a decir en los consulados: ‘mira si ellos vuelven a hacer eso, ya no volveremos a traer más trabajadores de su país’. Y la cosa sigue cambiando. Después que nosotros comenzamos a reclamar nuestras horas extras han comenzado a traer hondureños”.

En el medio de los trabajadores guatemaltecos, que han formulado quejas contra sus patrones quebequenses, se sostiene que en la mayoría de las ocasiones en las que han recurrido a los diplomáticos de su país basados en Montreal, “los funcionarios diplomáticos, que deberían actuar como mediadores entre las partes, tratan siempre de resolver los problemas a favor del empleador pero nunca a favor del trabajador”. En tal sentido, si una persona tiene un accidente de trabajo y su recuperación aquí resulta muy costosa para el asegurador, es el mismo cónsul quien se encarga de organizar el retorno de la persona a Guatemala.

Sobre el particular, uno de los trabajadores entrevistados, que pidió omitir su nombre sostuvo: “Yo vi un caso de una persona que tuvo un accidente y el cónsul le pidió que firmara un papel en donde se autorizaba la desconexión del muchacho, diciéndole además que por su muerte le darán una cantidad de dinero determinado. Pero el papá se negó rotundamente y afortunadamente después de varios días el muchacho comenzó a recuperarse y, luego de cierto tiempo, su salud volvió a la normalidad».”.

El mismo Noé evoca el caso de otro trabajador guatemalteco que lo acompañó en la audiencia del 18 de diciembre. Relata Noé que un día ese trabajador amaneció muy enfermo y tenía necesidad de ir al hospital. Él le pidió al empleador que lo llevara y éste en vez de ir con él allí, llamó al  representante consular. Como no lo llevaban al hospital el trabajador llamó por su lado al consulado y cuenta que allí le dijeron que el empleador había dicho que el diablo se le metía al trabajador, porque éste a cada rato aparecía con ojeras. Como la empresa no hacía nada, el trabajador buscó ayuda para ir al hospital. Resultó que tenía una enfermedad gastrointestinal y por eso lo de las ojeras frecuentes. 

“Las historias que te puedo contar son para no creer, pero son reales. Ese es el diario vivir de muchas fincas, no son todas, pero sí son un alto porcentaje. Los casos son difíciles de explicar y si no los vives o los miras, no los crees. Pero te digo: pasan frecuentemente”, recalca Noé.

Según él “todo eso se da porque no hay protección consular ni hay protección laboral”, pues en general las autoridades guatemaltecas “están interesadas en que el programa genere ingresos, pero nunca hemos visto que le solucionen problemas a los trabajadores”.

Un asunto complejo que comienza a llamar la atención de los medios

Nuestras pesquisas sobre este tema nos muestran que la problemática es mucho más compleja de lo que se podría creer a simple vista. Como lo destacó Pablo Gómez Barrio en Radio Canadá Internacional  el PTET para el sector agropecuario y para otros ramos de la economía es un programa firmado por el gobierno canadiense con un número amplio de países.

Como lo afirmó Mohamed Alí Ben Dellej, miembro de la asociación de trabajadores y trabajadores extranjeros y temporales de Quebec, en una entrevista que nos concedió sostuvo: ‘‘la situación de estos trabajadores es muy difícil. La mayoría de las personas que  emigran a Canadá cada año -bajo la etiqueta de trabajadores- son trabajadores temporales. La cifra anual de estos trabajadores supera cada año la cifra correspondiente a la de los residentes permanentes. Debido a muchos factores, estos trabajadores son explotados por sus empleadores. Al llegar a Canadá estos trabajadores no conocen cómo funciona el sistema, ni las leyes concernientes al derecho del trabajo. Todos vienen con un permiso de trabajo cerrado, lo que les impide de trabajar con un empleador distinto al que los ha enganchado, no tienen derecho a estudiar y son obligados a trabajar como esclavos. Si el trabajador no es calificado la situación es aún peor pues estos trabajadores no tienen derecho a pedir la residencia permanente, como sí sucede con los trabajadores calificados’’.

En conclusión, el tema de los trabajadores extranjeros temporales no se agota con el caso de los guatemaltecos que son devueltos a su país o que desertan las fincas después de un despido. El tema es largo y espinoso y con el fin de explorarlo en sus diferentes aristas volveremos más adelante desde otro ángulo.

Foto: Facebook / Noé Arteaga