jueves, 2 de enero de 2014

El Cascanueces de Les Grands Ballets Canadiens de Montréal: 50 años deleitando y educando a nuestro público

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Cascanueces Montreal 2013

El pasado domingo, concluyó la celebración del cincuentenario del espectáculo Cascanueces de Les Grands Ballets Canadiens de Montréal.  Y la verdad es que la versión de este año fue digna de tal efemérides.

A lo largo del mes de diciembre, los mejores bailarines de Montreal presentaron al público de la ciudad, en la Salle Wilfrid-Pelletier, de la Place des Arts, el programa estrella de esta compañía, ese con el cual ha conquistado el corazón de los montrealeses (más de dos millones de personas han asistido al espectáculo montrealés desde su creación).

Muchos de ellos, que lo vieron siendo niños, llevaron, a su vez, a sus hijos a presenciar el espectáculo, y hoy, a través de Cascanueces muestran a sus nietos por primera vez el maravilloso mundo del ballet.  Y, en el resto del mundo, la historia es parecida: en todas las ciudades, año tras año, en días navideños, es infaltable y esperadísima la representación de Cascanueces.  Esto hace de esta pieza la más popular del repertorio balletístico internacional, superando incluso a El lago de los cisnes, del mismo compositor, Tchaikovski.

A través de los años, podemos asistir al prodigio de esta producción cincuenta y otras cincuenta veces, y siempre nos producirán mayor y mayor deleite la visión de sus formas. Como buena historia infantil, el contenido temático de la obra puede ser absurdo: se hace necesario aferrarnos mentalmente a una licencia intelectual que conceda un indulto al romanticismo de su período, para que, siendo adultos maduros y educados en la mentalidad de lo lógico, nos extasiemos sin embargo, siguiendo la repetición del recuento de una niña que se enamora de un muñeco que se convierte en príncipe, que, a su vez, combate con su ejército las tenebrosas fuerzas de los ratones, en un mundo en miniatura.  Y qué tal los otros prodigios que se van mostrando a la pareja, en el segundo acto.  Por cierto, ¡es extraño que, en nuestros días, ninguna asociación haya protestado por el hecho de que en esta historia una niña forme pareja con un príncipe de más edad!

Pero la modalidad de la fantasía en el género del cuento mágico, combinado con la belleza estética y emocional, y exaltado por la música no solo dancística sino además temática o descriptiva, hacen que el ballet clásico, por absurdo que pudiera considerarse, no lo parezca cuando se está inmerso en sus giros. Y es tanto su poder de fascinación, que ni siquiera nos damos por enterados cuando algunos reveses saltan a la vista.

De la misma manera, por los mismos mecanismos de denegación, la mayoría de los amantes y asiduos del ballet decidimos ignorar el hecho de que el público objetivo de este espectáculo específico es el infantil. ¡Y vale la pena esa disposición mental! Porque Les Grands Ballets Canadiens de Montréal y sus bailarines, han demostrado que, como tantas veces sucede con diversas manifestaciones artísticas, la genialidad y la excelencia se pueden alcanzar escogiendo el material (humano e intelectual) adecuado.

Estos artistas, además de ser muy buenos bailarines, también son formidables actores. Pueden combinar la destreza física, el entrenamiento exhaustivo, las mejores técnicas del ballet y una efectiva aptitud que denota gran talento artístico.  El elenco, en cada función, consta de más de 165 personajes que portan más de 300 vestidos de compleja y sofisticada confección. Los principales solistas son Clara Corbo, Catherine Lamarre, Lucas Coutin-Beaulieu y Samaël Maurice; el director artístico es el inefable Gradimir Pankov, y el director de orquesta, Allan Lewis, a la batuta de la Orchestre Métropolitain.  Todo basado en la coreografía del difunto Fernand Nault y, sobre todo, como decíamos, en la música del inigualable Piotr Illich Tchaikovski.

Como sabemos, Tchaikovski es uno de los compositores que más definido tuvo su perfil melódico y sus trucos tímbricos para construir su andamiaje orquestal y los ritmos que descubren en el aire los muchos pasos balletísticos tan plásticos que hacen que pareciera que su música se puede ver.

En el caso de Cascanueces, es trascendental la música, una de las más amadas en todo el mundo. Y, gracias a la dirección de Allan Lewis, pudimos adentrarnos en ese mundo nuevo, con maravillosos descubrimientos. Con esta orquesta, se puede atender y gozar con mayor intensidad el prodigio del genio de Tchaikovski.  Bajo esta batuta, el sonido por sí solo hizo los pasos. La orquesta brilla muy intensamente.  El famosísimo «Valse de las Flores» fue un deleite exquisito.  En general, sonido recio y firme, y de bello color. el conjunto orquestal logra la perfecta materialización del bellísimo dúo de amor de la niña princesa y el príncipe muñeco-soldado.

En definitiva, ¡qué excelencia!  Gracias a las compañías destacadas que han dado a Les Grands Ballets Canadiens de Montréal el patrocinio necesario para que el público de la ciudad cuente año tras año, desde hace medio siglo, con una de las mejores versiones de Cascanueces en el mundo.

Fotos: Sergio Esteban Vélez

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