jueves, 6 de febrero de 2014

¿Por qué viajamos?

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Viaja el Mundo
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Viaja el Mundo NM por que viajamos Adriana Herrera

Siempre se recuerda bien la primera vez. Me refiero a esa primera vez que decides viajar solo y apartarte de lo conocido. Te montas al avión, al tren, al carro, al barco, a lo que sea, con tus miedos guardados en la maleta y sonríes ante todo lo que se te va apareciendo en el camino. Vas por ahí con esa pinta de súper héroe queriendo conquistar el mundo, abarcando lo que se pueda con cada paso y crees, con cada viaje, que nada pudo ser mejor que haber estado ahí, en ese momento, a esa precisa hora. 

Viajar es un ansia que no se acaba. Y escribir sobre eso es un acto interminable que se cuela por los dedos. El universo, ese que está justo al cerrar la puerta de la casa, nos conmueve y nos asombra. Incluso, nos perturba con la misma agitación que nos produce la risa ante lo sorpresivo. Entonces queremos conocerlo todo, llenarnos de sensaciones. Queremos caminar, ver, tocar, oler, llorar, reír, volver a reír. Queremos vivir. Por eso viajamos, porque no sabemos ponerle freno, porque no hay otra manera de comprender los días que no sea desde la lejanía de esos sitios a los que aún no hemos ido y desde la cercanía de lo que nos es cotidiano. Siempre queremos estar en otra parte. Extrañamos hasta lo que no conocemos. 

No se puede viajar con cualquiera y quizá esa sea la razón por la que yo viajo sola desde hace ocho años, salvo contadas excepciones. Cuando viajas, lo haces con tus manías y casi nunca coordinan con las manías de otro. O eso creo.

Con esto intento decir que me ha pasado un poco de todo con mi soledad viajera a cuestas: quedarme esperando una maleta por tres horas en un aeropuerto, sin nadie que me consolara por la pérdida momentánea; perder un vuelo por equivocarme de hora sin tener dinero en el bolsillo y a nadie a quién pedirle prestado; o esperar nueve horas por otro vuelo y llegar al destino al borde de la madrugada sin saber la dirección del hotel al que se suponía debía ir.

Pero no todo es tan dramático e incluso esas improvisaciones se cuentan con risa varios días después. Viajar sola también me ha permitido descubrir que puedo pasar horas sin pronunciar palabra, o mi capacidad para hablar con cualquiera y preguntar hasta el aburrimiento. He podido conocer personas que se han convertido en mis amigos para extrañarlos siempre. Estoy convencida que las ciudades y los paisajes se comportan de manera distinta cuando viajas en soledad. Están ahí para remover cada fibra desde adentro. Y eso es lo que intento cada día: viajar para nunca dejar de sorprenderme, para que la maleta siempre esté llena de historias por contar.

Algunas quedarán escritas aquí.

Twitter: @viajaelmundo

Foto: Flickr / Jude Freeman (CC)