lunes, 10 de febrero de 2014

Yayo: la magia de dibujar el mundo con trazos simples

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El arca de Enoïn
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Yayo, o Diego Herrera como reza en sus papeles oficiales, es uno de esos 660 colombianos radicados en Canadá, que al llenar el formulario del censo 2011 declararon como profesión un oficio relacionado con el arte, el espectáculo y la entretención. Entre ese grupo, que representa una de las poblaciones de menor talla dentro de las 21 profesiones y oficios en los que se agrupa a la población colombiana residente en territorio canadiense, en edad productiva y activa en el campo económico, Yayo hace parte de aquellos que no necesitan presentación. Su nombre, como lo atestigua el amplio número de premios que ha cosechado en los 27 años que lleva viviendo en Montreal, es una marca de comercio: por  usar un giro lingüístico propio del argot del mercadeo, o un concepto conocido en el mundo del dibujo humorístico y la ilustración.

Parafraseando la expresión jocosa que lanzaba el artista cereteano Noel Petro Henríquez antes de comenzar cada entrevista en la radio, Yayo es entre los 76.580 colombianos que viven en Canadá uno de los que puede decir con propiedad: ‘‘mamá estoy triunfando’’. De eso da testimonio el galardón que acaba de ganar en el concurso Ilustramaxima versión 2013, organizado por la cooperativa CROA del País Vasco (España), cuya temática versaba sobre una docena de frases célebres relacionadas con el agua. Los concursantes debían plasmar en sus dibujos el espíritu de cada máxima. En el concurso participaron ilustradores de más de 50 países de distintos continentes. Entre todos los participantes, el único ilustrador americano premiado fue Yayo. La máxima con la que cosechó su galardón, surgida del magín de Loren Eisely, reza: ‘‘Si hay magia en este planeta, está contenida en el agua’’. 

Este nuevo premio viene a sumarse a galardones y reconocimientos que le han concedido en Canadá, Francia, Italia, Rusia, Serbia, Macedonia y Portugal, entre otros países. En Colombia, por su trabajo en El Tiempo y El Espectador recibió algunos premios, entre ellos el premio Simón Bolívar de periodismo en el campo de la caricatura. Entre los reconocimientos más importantes que le han hecho por fuera de su país de origen se encuentra, así lo manifestó en entrevista concedida al portal cultural quebequense Mediation Culturelle, el premio Charles-Biddle, otorgado en 2011 por el Ministerio de Inmigración y Comunidades Culturales de la provincia de Quebec. Con este premio el gobierno provincial reconoce el aporte de las personas de origen inmigrante al desarrollo cultural y artístico de la provincia.

Sobre los aportes de los artistas inmigrantes a la cultura del país que los acoge, Yayo considera que el enriquecimiento es mutuo porque ‘‘el emigrante trae consigo un bagaje cultural diferente. Esto le permite aportar nuevas ideas y otras maneras de ver las cosas. Así mismo el emigrante se enriquece al contacto con la sociedad donde llega’’. Por esa vía surge una ‘‘diversidad de expresiones culturales’’, que ‘‘es el equivalente de un jardín o de una huerta con una gran diversidad de plantas’’.

Un hombre sencillo

Si a alguien, luego de un primer encuentro con Yayo le pidieran que busque uno de los miles de adjetivos que recoge el diccionario de la Real Academia Española de la lengua para definirlo, lo más seguro es que de entrada la persona piense en la palabra sencillez. Ese es el sentimiento que transmite todo el tiempo la personalidad de Yayo, a pesar del camino que ha hecho en el mundo del arte a través del mundo. Aunque sus dibujos humorísticos han sido publicados en importantes medios norteamericanos, entre los que se cuentan L’Actualité, Châtelaine, Le Devoir, Reader’s Digest, The Wall Street Journal, The Chicago Tribune, The Boston Globe, Cartoonists & Writers Syndicate, The Globe and Mail, Yayo no esconde sus orígenes. Cuando se le pregunta sobre el tema no duda en decir que nació en Mesitas del Colegio, un pueblo de economía campesina cercano a Bogotá, en el seno de una familia de origen obrero típicamente latinoamericana.

Al recordar su medio familiar sostiene: ‘‘mi mamá trabajaba en la casa y mi papa tenía una volqueta. No nos faltaba nada, teníamos lo esencial y vivíamos sin lujos. Fue en ese medio que comencé a interesarme, de manera natural, primero por la historieta y más tarde por el dibujo. Desde muy niño sentí que me nacía dibujar, que eso me ayudaba para expresarme. A mi temprana edad me gustaban ya el dibujo humorístico caricaturado. Precisamente el dibujo de caricaturas e historietas que se publicaban en la prensa. Cuando yo era niño mis historietas preferidas eran las historietas de Mickey Mouse, las aventuras del oeste y el Zorro’’.

Yayo IlustradorFue así: imitando los dibujos de las historietas de los periódicos, como Yayo comenzó su carrera en el arte que lo ha llevado a hacerse a un espacio –o de un espacio- en el mundo del dibujo humorístico y la ilustración de libros infantiles en las más prestigiosas esquinas del planeta, pues su trabajo es reconocido hoy tanto en Norteamérica, Europa y Japón, como en América Latina. Después de haber pasado su infancia y adolescencia dibujando todo lo que se agitaba en su imaginación, al terminar los estudios secundarios Yayo, cuya familia había emigrado a Bogotá cuando él tenía siete años, entró a estudiar publicidad en la universidad Jorge Tadeo Lozano y dibujo publicitario en el SENA. Al finalizar esas formaciones ingresó en la escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional.

Cuando llevaba cursado un año de estudios en la Nacional participó en el Concurso nacional de caricaturas Al Día en el año 1983, en el que ocupó el primer puesto. El galardón obtenido lo animó a enviar sus trabajos a los diarios bogotanos y de la región central de Colombia. Rápidamente sus trabajos fueron acogidos en las páginas de los dos diarios más influyentes del país: El Espectador y El Tiempo. El rápido éxito alcanzado por sus gráficos en los medios, lo llevó a retirarse de la carrera de bellas artes en la universidad Nacional, para dedicarse por completo al dibujo de prensa, corriente del dibujo en que se especializó.

Con una carrera hecha en los medios colombianos, Yayo decidió de emigrar en 1987 por el simple deseo de conocer lo que pasaba más allá de su medio, la curiosidad de conocer el mundo y de buscar nuevos horizontes. El deseo de explorar otros países lo condujo a Canadá. En este país ha hecho familia y nombre, en medio de una atmosfera intercultural, donde las puertas no se le abren fácilmente a todo el mundo en el campo del arte. En un contexto bastante competido, a punto de trabajo e ingenio, Yayo ha hecho un camino, que lo ha llevado a codearse con lo más granado del arte canadiense en su campo; grupo del que podría decirse que él ya hace parte.

Sin embargo, los logros artísticos no lo han llevado a perder su afabilidad. El éxito alcanzado no se le ha subido a la cabeza. Eso explica porque el artista consumado que hoy es Yayo no ha olvidado su origen modesto, ni ha dejado de ser ese hombre sencillo, que se muestra accesible a cualquier interlocutor, al que puede acoger en su casa con un té de coca y tratarlo con una fraternidad sin límites, aunque sea la primera vez que lo acoja en su morada y que el encuentro con la persona sea el segundo en su vida.

Es esa sencillez la que lo ha llevado a impartir talleres de dibujo humorístico e ilustración en las escuelas de Montreal, con el objeto de que los niños desarrollen una visión amable del mundo. Sobre esa tarea pedagógica le dijo al portal Mediation Culturelle: ‘‘en esos encuentros, aunque yo también dibujo y muestro mi trabajo, mi deseo principal es el de sembrar en esos niños la semilla del interés y el aprecio por el arte y la lectura, de su valoración como medios para desarrollar una visión más humanista del mundo. Siempre me ha gustado imaginar que mi trabajo con los jóvenes se reflejará más tarde en una mejor calidad de vida para ellos y la sociedad. Al hablarles de mis logros y premios yo pienso que puedo ayudarlos a que ellos identifiquen un modelo a seguir. Yo creo que eso les ayuda a tomar conciencia sobre aquello en lo que podrían convertirse, si asumen con seriedad una pasión. Anualmente yo realizo más o menos 20 encuentros con jóvenes, entre los que veo la imagen del Quebec de hoy, que está hecha con en el rostro de una buena cantidad de niños inmigrantes. Al trabajar con ellos yo siento que les aporto algo, que les permite ciertamente reforzar la estima de sí mismo’’.

La llegada a Canadá

Yayo es uno de los 95 artistas colombianos que se instalaron en Canadá entre 1970 y 1996. Sobre su venida a Canadá, el dibujante manifiesta que todo comenzó con una venida a Manitoba en el año 1985 en un intercambio de jóvenes, que duró tres meses y medio. En el intermedio de esa actividad pidió permiso para venir a Montreal unos días para visitar el Salón de caricaturas, que se realizaba en ese momento en la ciudad, donde se exponían algunos de sus dibujos. En la exposición conoció a Robert LaPalme, uno de los más importantes caricaturistas canadienses del siglo XX. La ciudad le gustó, al igual que el modo de ser de sus habitantes. Al final del intercambio regresó a Colombia y siguió  trabajando. Pero el viaje potenció en él el deseo de partir al exterior, que lo aguijoneaba mucho antes de venir a Canadá. 

Ilustración YAYOAntes de su venida a Manitoba ya había estado viajando por América del Sur  y América del Norte, en viajes de exploración y de estudio, que le permitieron contactar dibujantes y caricaturistas. Yayo recuerda que los encuentros con sus pares de Argentina, Brasil y México fueron muy formativos, pues le sirvieron para ponerse al día sobre lo qué estaba pasando en estos lugares. La idea de venir a Canadá comenzó a rondarlo cuando vino a Montreal. En ese momento se dio cuenta que aquí podía desarrollar cosas en su campo. A su regreso a Bogotá, alguien le comentó que se podía hacer una solicitud de emigración formal. Eso lo motivó a hacer los formularios y a presentar sus papeles en la embajada canadiense. Cumplidos los trámites, fue aceptado y emigró a Montreal en 1987. El artista recuerda que cuando hizo la diligencia para venir a Canadá tenía ganas de ir a otros países. De todos los países a los que había previsto partir, Canadá fue el que primero lo aceptó.

Antes de venir a Canadá, Yayo había probado suerte en 1984, durante un corto periodo, en Estados Unidos. Pero después de varios meses de vivir en Nueva York, con una visa de turista, le pareció que no valía la pena de quedarse a vivir en ese país como indocumentado. La idea de quedarse a vivir allí sin papeles no lo atrajo porque –en su perspectiva– le  impedía desarrollar un trabajo de gran calado en su campo profesional. ‘‘Por eso no me quedé en Estados Unidos’’ recalca de manera apacible. La experiencia en Nueva York lo llevó a buscar otras alternativas. Entre ellas estuvo la idea de ir a Europa. Sin embargo, cuando se presentó la oportunidad de venir a Canadá no lo pensó dos veces. Para él ‘‘Canadá reúne lo mejor de los dos mundos: es un país joven con una fuerte tradición europea, donde uno tiene la posibilidad de involucrarse en el desarrollo de  proyectos, hacer cosas y la gente tiene una actitud abierta frente a los inmigrantes’’.

Los comienzos en Montreal y la integración

Sobre sus comienzos en Montreal, Yayo sostiene: ‘‘en el principio fue la incertidumbre. Yo traje mis ahorros y en todo caso mi objetivo era vivir de ellos hasta que consiguiera trabajo o hasta donde yo pudiera. Estoy seguro que si no hubiera podido vender mis dibujos hubiera tenido que trabajar en otra cosa, hasta que se me diera la oportunidad de comenzar a trabajar en lo mío. Afortunadamente no pasó así. El dinero que traje me alcanzó y hasta hoy no he tenido que trabajar en otros oficios’’.

Sobre su proceso de integración a la sociedad quebequense, Yayo reconoce que como todos los inmigrantes, al comienzo, al verse confrontado con la soledad y con la incertidumbre de no saber qué iba a pasar con su vida en este país sufrió el choque inicial de la adaptación. En ese momento las preguntas que se hace todo el mundo cuando llega a un nuevo lugar comenzaron a martillar su mente. ‘‘¿Será que consigo trabajo?, ¿será que podré insertarme en este mundo nuevo?, ¿será que voy a superar este desafío?, esas son preguntas que uno se hace con frecuencia’’.

Desandando los diferentes momentos que marcaron su proceso de integración, Yayo advierte en tono evaluativo: ‘‘Cuando llegué mi desafío era el de seguir estudiando y aprendiendo mi arte. La primera parte fue para mí un poco conflictiva. De un lado me acosaba la soledad y del otro tenía que vivir de algo. Durante un año estuve estudiando esencialmente la lengua y viendo donde podía vender mi trabajo y aprendiendo más sobre la disciplina artística y el humor. Ese fue para mí un año bastante estresante. Recuerdo que en ese momento yo tenía la tendencia a estar más que todo encerrado y sentía un poco de temor a abrirme al medio y salir a hacer contactos. Entrar en contacto con la gente, desde el punto de vista social, eso me costaba trabajo. Pero hubo un momento en que sentí la necesidad de romper el caparazón y de salir al encuentro de la gente’’.

Con una sonrisa de satisfacción, Yayo afirma que seis meses más tarde comenzó a ver la luz al fondo del túnel y cuando iba a cumplir un año de vivir en Montreal y sus ahorros comenzaban a tocar fondo, comenzó a ser contactado por revistas, que acogieron su trabajo positivamente. Después de las primeras publicaciones, los trabajos para ilustrar artículos fueron afluyendo rápidamente.

Sobre la acogida que le ha brindado la sociedad quebequense, Yayo resalta que, ‘‘en general, la aceptación por parte de los quebequenses ha sido muy positiva. Desde el comienzo he estado compartiendo con mis colegas ilustradores y artistas, en las buenas y en las malas porque, como en todas partes, en Quebec los artistas también luchan por vivir de su trabajo. En ese sentido yo estoy en el mismo barco y he tenido que buscar alternativas como ellos para poder garantizar mis ingresos. Esa es parte de la aventura, pero puedo decirte que el ejercicio es positivo. Eso son los desafíos de este oficio. Uno podría decir que hace 25 años era más fácil que ahora. Seguramente  para ciertas cosas sí, pues ahora hay otras dificultades y oportunidades, otros desafíos que no había antes’’.

Sobre la clave para abrirse las puertas y tener éxito en esta sociedad, Yayo afirma que ‘‘parte del éxito consiste en conservar siempre una actitud de recién llegado, no olvidar porque estamos aquí. Tener presente que venimos con la intención de mejorar en algo nuestro nivel y calidad de vida, de hacer reconocer nuestro trabajo. La primera preocupación de la persona no debe ser tanto la de enriquecerse materialmente, porque eso se puede hacer en todas partes. El éxito en el arte es algo que va más allá de la ganancia inmediata, es algo que supera la satisfacción de las necesidades primarias, pues el éxito en el arte consiste también en alimentar la pasión por el trabajo, pues cuando se tiene la pasión por algo las cosas son más fáciles. Es cierto que se corren riesgos, porque muchas veces te pones a hacer las cosas sin pensar si estás haciéndolo bien o no. Pero en todo caso es importante tener esa actitud para no desanimarse. La pasión por lo que se hace es algo que cuando uno comienza a cosechar logros, con el tiempo se tiende a olvidar. Pero es bueno recordar, que cuando tienes pasión, tienes determinación. De ese modo las cosas resultan más fáciles a pesar de los obstáculos. Eso es una ley del universo: en todo lo que uno emprenda en la vida siempre va a encontrar obstáculos’’. 

Los logros

Cuando se le pregunta a Yayo cuáles han sido sus mayores logros en tierra quebequense, él no duda en afirmar que lo más importante que ha conseguido, después de haberse instalado en Quebec, ha sido que los medios de prensa y las editoriales reconozcan su trabajo y aprecien lo que hace. Es ese reconocimiento el que le permite hoy publicar en la revista L’Actualité un espacio de humor y ser llamado permanentemente por diversas editoriales para ilustrar libros para niños. Sobre su llegada al mundo de la edición infantil, el artista resalta que fue su trabajo en los medios el que le ‘‘abrió las puertas entre los editores de habla inglesa en Vancouver y Nueva York, donde hay  una buena percepción de lo que hago’’.

Ese éxito en el mundo de la edición es el que le permite decir –sin pretensiones– que ha colaborado con casi todas las revistas de Quebec y también con publicaciones del Canadá Ingles. Después de muchos años de estar trabajando en la parte editorial en revistas y diarios, tanto en Canadá como en Estados Unidos, en la ilustración de carácter humorístico e ilustrando libros para niños o escribiendo libros de humor, Yayo ha decidido hacer menos ilustración editorial para los medios para dedicarse a desarrollar otras facetas de su actividad creativa. ‘‘Ahora estoy más dedicado a escribir libros para niños’’, dice. ‘‘Los ilustro o los escribo y hago menos editorial. También dedico más tiempo al gravado, que está más relacionado con las artes plásticas. Esta es la etapa en la que me encuentro ahora’’.

Los vínculos con la cultura latinoamericana y el país de origen

En lo que concierne a los vínculos que mantiene con su cultura de origen, el artista resalta que su trabajo se inscribe dentro de una tendencia propia de América Latina: el humor gráfico. En tal sentido, sus imágenes ‘‘son imágenes que además de hacer reír transmiten ideas y por lo tanto no se circunscriben solamente al humor superficial, sino que ponen en evidencia un humor más profundo’’.

En cuanto a los lazos que lo unen a Colombia y a la difusión de su trabajo allí, Yayo recalca que los vínculos con los medios colombianos los abandonó durante cierto tiempo, pero que los ha vuelto a retomar en los últimos cinco años. Sobre el tema acota: ‘‘después de que yo me vine para Montreal, dejé de publicar en Colombia por muchos años. Eso se debió a que quería concentrarme de lleno en lo que estaba haciendo aquí. Pero hace tres años estoy publicando en la revista Cromos, donde tengo una página de humor. Se trata de humor gráfico como el que he hecho siempre en medios norteamericanos’’. Su distanciamiento de los medios colombianos, Yayo lo atribuye a una un deseo de coherencia conceptual y honestidad artística, pues según él en cierto momento le era ‘‘difícil situarse claramente entre una realidad y otra’’ y le ‘‘costaba trabajo de estar simultáneamente concibiendo trabajos para dos mundos paralelos’’. 

Los avances de la tecnología y ciertos estándares que ha ido poniendo en boga la globalidad le han permitido manejar mejor las cosas y le han facilitado la posibilidad de volver a trabajar en Colombia. Sobre la materia el artista precisa: ‘‘una de las dificultades que tenía antes para publicar en Colombia era la de enviar mis trabajos. Ahora, gracias al internet los puedo enviar al instante. La posibilidad de poder enterarme en línea de lo que está pasando allá me ayuda en el fondo a contextualizarlo y a compartir mis inquietudes con la gente de los medios. Al final uno descubre que solo hay diferencias superficiales, pues tanto en Colombia como aquí y en otros lugares, todos tenemos las mismas necesidades: obtener una mirada cómica de la realidad.  Por lo tanto se puede hacer una imagen humorística, que pueda tocar tanto a un lector fuera de Canadá como aquí sin cambiarle lo esencial. Solo hay que guardar las proporciones, sobre todo cuando se tocan cosas más específicas, como los deportes de invierno, que son característicos de Canadá, o las costumbres de uno y otro país. En Colombia no entenderán los chistes sobre hockey y aquí no van a entender muy bien los chistes sobre las ruanas. Son cosas normales’’.

El artista frente a la globalidad

Sobre los retos que ha traído consigo para los artistas el auge de la era numérica y la cultura global, Yayo considera que con el ascenso de la globalización la principal ventaja que tienen los artistas es que pueden comunicarse más fácilmente e informarse de lo que está pasando en diferentes lugares, en tiempo real. Para él eso permite de intercambiar con los colegas y de poder ver –casi que en vivo- lo que ellos están haciendo en sus estudios en otras partes del mundo. Sin embargo, para Yayo hay una cosa que es indiscutible: ‘‘esa nueva realidad es más exigente, por eso hay que hacer cosas más originales y al mismo tiempo hay que tener más control sobre lo que se hace. Por ejemplo: Si una obra aparece en internet es más fácil de que te la copien. Esos son los desafíos a los que nos estamos enfrentando los creadores, tanto del ámbito artístico como de otras profesiones’’.

En cuanto a las herramientas numéricas, el artista cree que éstas como toda herramienta, tienen sus ventajas y desventajas. Según él, ‘‘su impacto en el mundo editorial comienza a sentirse, pero a pesar de la crisis que hay a nivel editorial, la nueva realidad supone el desafío para las editoriales de desarrollar libros numéricos accesibles. Con en el auge del internet y la digitalización ha habido menos trabajo para los artistas gráficos, pero éste va a volver a crearse porque los libros y los periódicos continúan: en nuevos formatos, pero continúan’’.

Respecto a las posibilidades de hacer arte y vivir de él en este nuevo contexto, Yayo resalta que de cara a la nueva realidad, en un medio tan competido, para poder hacer valer su arte, los artistas deben comenzar a organizarse para poderle sacar provecho a los recursos –por demás exiguos– que ofrecen las instituciones culturales, particularmente los ministerios. Esos recursos no son suficientes, pero son algo.

Con el cambio tecnológico y todo lo que han puesto en escena las nuevas tecnologías, según Yayo las condiciones para los artistas se han vuelto más difíciles. A diferencia de otras carreras más convencionales, la gente que trabaja con el arte debe invertir mucho tiempo para hacerse a un nombre. Como la valoración del arte es algo subjetivo, un artista puede ser muy bueno, sin embargo su obra pueda que no llegue a ser comercial’’. Pese al cambio de condiciones, Yayo es optimista y considera que ‘‘a pesar de todo los artistas seguirán haciendo sus obras’’.

Ilustración: Yayo