lunes, 17 de febrero de 2014

Yannick logra un Beethoven extraordinario

Publicado en:
Ciudad
Por:
Temas:

Yannick Montreal

Otro espléndido concierto de la Orquesta Metropolitana, el pasado domingo, nueve de febrero. Director, nuestro excelente, admirado y querido maestro Yannick Nézet-Séguin. Y solista invitado, el joven virtuoso del corno Louis-Philippe Marsolais, quien, desde este mes de febrero hace parte oficialmente de la Orquesta Sinfónica de Montreal. 

Este, el segundo concierto de la orquesta en este 2014, nos ofreció una de las más extraordinarias ejecuciones que hayamos escuchado de la Sinfonía “Eroica”, de Beethoven. Aunque la primera parte del programa, consagrado a Richard Strauss, brilló, con dos obras cimeras de ese compositor, fue tanta la altitud alcanzada en la sinfonía beethoveniana, que quisiera centrarme sólo en esta obra.

Yannick ConcertLa Sinfonía #3, “Eroica”, de Beethoven, resulta heroicamente interpretada.  La Orquesta abre con un maravilloso fraseo, cada sección lleva la emisión controlada y progresiva de un crescendo expresivo, y todo el conjunto con el vigor necesario. Temas con notas muy bien definidas. Surgen melodías, como brillantes reflejos; y los cantábiles de los vientos contestan reiteradamente. Dúos y tríos de metales claman y las cuerdas en pizicatto acentúan y puntúan.

Cada ejecutante toca como un virtuoso y el director tiene en sus dedos y en sus gestos corporales los hilos de cada músico. Los tutti de acordes repetitivos llegan al máximo con exactitud y solidez, son exactos, en una amalgama que hace parecer que la orquesta toda fuera un solo instrumento global.

En los timbales, Jean-Guy Plante, quien se lució. Los chelos ejecutando en forma estupenda. Los cornos se fundieron en uno solo. Tajantes y precisos. Al igual que la sección de los primeros violines, junto con las violas: tocaron como si todos fueran un cuchillo gigante y afilado.  Los segundos violines, impecables.

Las maderas y las flautas estuvieron sonoras y expresivas, sobre todo al comienzo del segundo movimiento, en la Marcha Fúnebre. Entre tanto, los contrabajos imprimieron su profunda expresión de sufrimiento a sus pasajes fúnebres.  No notamos ningún desfase de ritmo.  El director halaba las cuerdas altas y contrabajos, tratando de urgirlos, siempre obteniendo la alineación deseada.

El Scherzo sonó festivo y rítmico, ligero y saltarín. El solo de los cornos se sintió perfecto.  Este Scherzo nos parece precursor de los allegros danzantes de Beethoven, como los de su ballet “Las criaturas de Prometeo” y los de la Séptima Sinfonía (coreografiada esta última, en 1933, por Massine, entre columnatas clásicas y faunos, y recreada por otros durante los siguientes decenios, hasta llegar al cine argentino).

En algunos momentos al principio del cuarto (último) movimiento (allegro molto), en pasajes en que múltiples instrumentos entran en capas o en diálogo, hubo muy buen staccato y limpieza de silencios audibles entre frase y frase de una sección a otra. Increíble la dinámica entre unos grupos y otros.

La Orquesta toda sonó con tal excelencia, que los tutti parecían con mejor sonido que en algunas grabaciones excelentes de casas disqueras.  Es impresionante que semejante desempeño sea logrado por un director tan joven.  Como sabemos, Yannick Nézet-Séguin cumplirá apenas 39, en pocos días. Bajo su guía, la Orquesta Metropolitana mostró con esplendor, una vez más, cuánto ha crecido en capacidad y calidad.

Yannick Orchestre Métropolitain de Montréal

Fotos: Cortesía Keith Hooper.