miércoles, 5 de marzo de 2014

A un año de la muerte de Hugo Chávez: Cinco puntos que persisten (y se profundizan)

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Happy Square Face
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Nicolás Maduro a un año de la muerte de Hugo Chávez

Un año desde la muerte de Hugo Chávez. Venezuela sumida en una crisis que hoy miércoles de ceniza, posterior a los Carnavales, estuvo precedida por días en los que el gobierno, denunciando un golpe de Estado, trató -y muchas veces no lo logró- demostrar que todo en el país está “normal”, más allá de la paradoja que encierra en sí las dos versiones. Un año ha transcurrido desde que la calidad de vida del venezolano ha empeorado y en el que aquella frase de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, retumba en la cabeza de muchos:Chávez era el muro de contención de nuestras ideas locas”.

Pero no creo que la desaparición física  de Hugo Chávez sea el verdadero y único factor que ha llevado al país petrolero a la situación que vive hoy, es decir, la crisis que se vive ahora no puede endosarse sólo al hecho de que Chávez ya no está.

Se lee con frecuencia en análisis internacionales el efecto “Maduro” o más bien, “Maduro no es Chávez”.  A Maduro lo identifican como un mal gobernante, después del “carismático e inteligente” Hugo Chávez. Se tiende a generar la versión de que lo que ocurre actualmente es consecuencia de la ausencia del “Comandante”. Pero lo cierto es que la grave escasez de alimentos y medicamentos no se genera porque Chávez ya no está. Una de las inflaciones más elevadas del planeta no se genera porque Chávez ya no está. Devaluación tras devaluación no se generan porque Chávez ya no está. La muerte diaria de venezolanos a manos del hampa no se genera porque Chávez ya no está. Eran problemas que se vivieron durante los años en los que el militar estuvo al mando y que hoy muestran su peor cara. Lo más grave: esa profundización puede seguir avanzando mientras las arcas del Estado se queden “cortas” para todo el gasto que el aparato creado por el modelo (llamado por algunos como la “transición al socialismo”) base de la “Revolución Bolivariana”.

Hace un año escribía en este mismo blog Cinco puntos por los que no toda Venezuela llora a Hugo Chávez. Hoy quisiera retomar esos cinco puntos para hacer una comparación que permita evaluar lo que ha pasado en estos 365 días, al menos desde el punto de vista económico, en los que la nación con mayores reservas de petróleo en el planeta ha ocupado titulares en todo el mundo por realidades como escasez de alimentos, de papel higiénico o más recientemente, por la brutal represión aplicada contra los manifestantes.

1-Respecto al discurso contra el “imperio”: la palabra imperio ha estado en boca de los gobernantes revolucionarios durante las últimas semanas. Según Nicolás Maduro, las recientes manifestaciones son producto de un golpe de Estado planificado desde Estados Unidos. El 23 de febrero, el presidente Maduro, a quien Chávez levantó la mano en apoyo antes de fallecer,  aseveró: “no es una campaña más de conspiración, es un golpe de Estado continuado (…) es decidido desde el poder de Estados Unidos, dirigido en la calle por sectores de la derecha venezolana y respaldado por la cúpula empresarial del país”. Para ese entonces Maduro ya había expulsado a tres diplomáticos estadounidenes. Pero sólo dos días después, el 25 de febrero, el mismo presidente anunció el nombramiento de  Maximilien Sánchez Arveláiz, como el nuevo embajador de Venezuela ante la Casa Blanca. Ni ahora, con las denuncias de golpe de Estado, ni hace seis meses, en tiempos de “guerra económica”, ni antes, Venezuela ha dejado de vender un sólo barril de petróleo al “imperio”. No se debe dejar de mencionar que sí, que el país ha logrado diversificar su mercado, pero medidas similares ha hecho Canadá, por ejemplo, buscando no depender sólo de EE UU para colocar su crudo.

Hoy más que nunca Venezuela tiene una economía dependiente del petróleo y mantiene entre sus principales socios comerciales a Estados Unidos, a pesar de un retroceso en las colocaciones realizadas. En 2013, según cifras de la Cámara Venezolana Americana (Venamcham), las exportaciones petroleras fueron el 96,5% de las exportaciones totales realizadas hacia los Estados Unidos: $30.888 millones. Este monto es  17,36% inferior en comparación con el  total de las exportaciones petroleras realizadas hacia EE UU en 2012.

2-Respecto al ideal del “Robin Hood” y el mercado:  la “transición al socialismo” ha implicado en Venezuela un cerco al sector privado. Esta barrera, planteada en el llamado “plan socialista de la nación” -y en el que el objetivo es reducir al máximo el tamaño de la empresa privada dentro del modelo- ha dado paso a un gran número de expropaciones de empresas activas, de compañías vinculadas a sectores considerados como “estratégicos”, de tierras… El problema es que esas expropiaciones, como bien se sabe, no se han traducido en mayor producción. Ni siquiera han permitido mantener los niveles de producción previos a la radicalización socialista y en consecuencia la población venezolana enfrenta actualmente graves problemas de escasez. Si bien en tiempos de Chávez la escasez ya se evidenciaba en los anaqueles de los supermercados, las importaciones se mantenían con cierta regularidad porque había dólares disponibles.

En tiempos de Maduro la escasez alcanzó un nuevo récord y se ubicó en 28% en enero (26% la de alimentos) mientras los ciudadanos, de todos los estratos, en todo el país, deben hacer largas filas para comprar productos de forma limitada, es decir, un número limitado de artículos o de alimentos por persona. Esto ocurre en las redes creadas por el propio gobierno para abastecer a la población (Pdval), donde incluso se ensaya un modelo de racionamiento ( Regulan las compras en Pdval); y en las cadenas de supermercados privados.

No se puede dejar de mencionar, si hablamos de mercado y la era post Chávez,  lo ocurrido con el sector comercial y de ventas al detal,  hecho por el que Venezuela ocupó nuevamente titulares en la prensa internacional que mostraban cómo en el país suramericano las personas se fueron a las calles a hacer largas filas para comprar electrodomésticos, ropa, calzado y demás artículos, tras el anuncio del presidente Maduro de “vayan y no dejen nada” en las tiendas (aunque el gobierno reculó a las semanas pidiendo “bajarle dos al consumo”). Hubo fiscalizaciones, comerciantes detenidos y cierre de santamarías, luego de que los consumidores dejaran vacíos los anaqueles de tiendas que nada tienen que ver con necesidades básicas.

El llamado fue un hecho ¿desesperado o estructurado? para “frenar la especulación” que según los gobernantes era parte de la “guerra económica” que mantiene la inflación en niveles récord (56,2% en 2013, una de las más altas del  mundo). A la política de control de precios establecida a lo largo de la era Chávez se le sumó en la era Maduro la Ley de Precios Justos, a través de la cual se estableció una ganancia máxima de 30% -en una economía con inflación por encima de 50%-.

La devaluación era inminente y aunque el gobierno ha utilizando un sinnúmero de eufemismos la realidad es que Venezuela comenzó el año con un retroceso del valor del bolívar, la sexta corrección del tipo de cambio en 11 años de control cambiario (que se impuso para frenar la salida de capitales que, cada año, alcanza cifras récord). Se han establecido nuevos mecanismos para dar dólares a empresas y particulares pero éstos no parecen suficientes y, mientras tanto, el denominado dólar negro sigue su avance. Dice un economista amigo “el cielo es el límite”.

Lo cierto es que hace un año la cotización de ese dólar negro era 20 bolívares por dólar; hoy, 5 de marzo de 2014, asciende a 81,12 bolívares. Se preguntará ¿y qué tiene que ver el dólar con los menos favorecidos en Venezuela? Mucho. Venezuela tiene una economía en la que un buen porcentaje de los precios de bienes y servicios se ajustan al dólar negro, no así sus salarios, y esto obedece al hecho de que muy pocos sectores tienen acceso al dólar oficial. Tiene tanto que ver que puedo dejarles esta tabla  del Worldwide Cost of Living 2014 de The Economist que demuestra que Venezuela es el país donde el precio del pan  (del pan, alimento, no artículo de lujo) es el más elevado del mundo. Un “Robin Hood”, creo, no habría estado satisfecho si su población se enfrenta a tal realidad…

Precios pan en Caracas The Economist

Esa idea entonces de “quitarle a los ricos” para “darle a los pobres” puede irse demostando, pues sí, se ha cercado la empresa privada (y en tiempos de Maduro el cerco tocó hasta el sector comercial) pero eso no se ha traducido en bienestar para la población. Al contrario, todos,  chavista, opositor, pobre, clase media, padecen los efectos de la escasez en toda su dimensión.

Vale preguntarse en este punto ¿cuáles serán los resultados de la Comisión de la Verdad económica?

3- Respecto a la reducción de la pobreza: decía hace un año  que éste es un elemento reafirmado por organismos internacionales. Venezuela fue en 2010 el tercer país con menor pobreza de Latinoamérica (Cepal). Entre 2002 y 2010 la pobreza disminuyó de 48,6% a 27,8% y la pobreza extrema pasó de 22,2% a 10,7%. Decía también en 2013 que  la realidad es que una serie de programas y beneficios sociales que otorgan dinero directo a miembros de las clases más desposeídas de la nación explican, en parte, estos resultados. Mi pregunta sigue siendo prácticamente la misma de hace un año ¿qué pasará el día en el que el dinero no esté disponible para mantener estos subsidios? ¿Pueden traducirse estas medidas en una efectiva y sostenible -en el tiempo- reducción de la pobreza? El panorama en nada ha cambiado respecto a esta realidad. El punto anterior (2) demuestra más bien cómo se ha profundizado. Entre tanto dejo dos frases que resumen ideología y realidad de lo que pasa en Venezuela respecto a la pobreza:

  • Ministro para la Educación, Héctor Rodríguez (25 de febrero de 2014): “campaña para erradicar la pobreza” pretende establecer políticas sociales para sacar a los ciudadanos de esa condición, pero: “no es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarlas a la clase media y que pretendan ser escuálidos”.
  • Lorenzo Mendoza, presidente de Empresas Polar (26 de febrero de 2014): En Venezuela “no ha habido movilidad social, y esto ocurre cuando la gente tiene mejor acceso a la educación, infraestructura, mejores viviendas…”.

4- Respecto al sistema de salud: la situación parece prácticamente la misma en el tema de la infraestructura. Mauricio Gutiérrez (@mauricioccs) estuvo en vísperas de la conmemoración de la muerte de Chávez tuiteando sobre el estado de varios de  los hospitales más emblemáticos de Caracas. Los médicos se han sumado a las protestas pacíficas denunciando sus condiciones de trabajo. Pero el problema no es sólo de infraestructura y tiene que ver mucho con el punto 3. La escasez de medicamentos se agrava en Venezuela y cada vez más es común encontrar amigos y conocidos pidiendo ayuda a través de las redes sociales para encontrar tal o cual medicamento. Otros denuncian que no hay reactivos suficientes para los exámenes médicos y hay quienes acuden a una especie de mercado negro para encontrar medicinas tan esenciales como para diabéticos. Hay quienes piden sus medicinas a farmacias fuera de territorio venezolano y pagan el envío a casa, porque como se ha dicho a través de las redes (en una campaña para que los afectados denuncien y ubiquen los medicamentos necesarios) #ConLaVidaNoSeJuega. Todo este escenario se ha profundizado en este año de ausiencia de Chávez y no hay luces en el camino que indican que la situación va a mejorar.

5- Respecto a la seguridad de los ciudadanos: Casos emblemáticos han dado una cara pública al problema de la inseguridad en Venezuela. El caso de Mónica Spear, el más reciente y el más conocido fuera de las fronteras venezolanas. Lo cierto es que aunque se ha hablado de desarme de la población, de plan de pacificación, de cuadrantes de seguridad, los venezolanos siguen estando a merced del hampa. En Caracas, una ciudad dinámica y activa -antes de las protestas recientes- era común escuchar que existe una especie de (auto)toque de queda por temor a salir y ser atracado o asesinado.

Van no menos de 2o planes propuestos por el gobierno venezolano pero no existen estadísticas ni evidencias que permitan verificar que estos han sido efectivos. Maduro debió enfrentar durante sus primeros meses de mandato una cifra desgarrante: 24.763 homicidios ocurridos en 2013, que  constituyen la cifra más alta de la historia del país, según los datos del Observatorio Venezolano de Violencia. Esto se traduce en  en una tasa de 79 asesinatos por cada 100.000 habitantes, la segunda del mundo, solo superada por la de Honduras. 68 homicidios por día. Uno cada 21 minutos En 2012 se registraron no menos de 21.000 homicidios. Sigo preguntándome: Sí, la inseguridad en Venezuela es un problema estructural pero si ni siquiera en “revolución” se toman medidas efectivas para combatirla ¿cuándo se hará?.

Otros “pequeños puntos” de este año de ausencia de Chávez:

Venezuela mantiene tiene una de las inflaciones más elevadas del mundo (y contando):  La promesa bolivariana fue  llevarla a un dígito desde hace nueve años pero solo ha sido eso, una promesa. En 2013 el indicador cerró en 56,2%. Recuerde, no hay producto más caro que el que no se consigue.

Venezuela sigue siendo uno de los países menos competitivos del mundo. Está a niveles de naciones como Malí, Mozambique y Pakistán (The Globe Competitiveness Index 2013-2014, Foro Económico Mundial).

-Venezuela tiene un elevada deuda externa que, para inicios de 2013, llegó a la cifra récord de 105.779 millones de dólares. Esto ocurre en un escenario en el que la cesta venezolana se ha mantenido, después de la crisis financiera, por encima de los 90/100 dólares por barril. Sólo a China la revolución bolivariana debe unos 38.500 millones de dólares (adquiridos en préstamos acordados con venta de petróleo a futuro). A esto se le suma el hecho de que entre la mitad del segundo semestre de 2013 y el 2014 los pagos de la deuda total del Gobierno central se proyectan en 27,4 millardos de dólares, de ese monto, la mayor carga la representan las obligaciones internas.

La división: si algo ha pasado en estos 365 días de ausencia de Hugo Chávez es que el lenguaje  de división se ha radicalizado. No sólo de lado del oficialismo sino desde las filas opositoras, marcando aún más la división que viene caracterizando a la polarizada sociedad venezolana. Las manifestaciones de las últimas cuatro semanas han evidenciado lo lejos que se está del difícil -y a mi juicio, necesario- reencuentro de los venezolanos y el futuro de este importante -diría fundamental- punto, no parece tener un plan claro.

Dice el periodista Boris Muñoz en un artículo publicado en Prodavinci: “Al cumplirse un año de la muerte de Chávez, parece quedar claro que su fantasma es más un problema para un chavismo, que ha quedado huérfano de su líder y con un país a la deriva, que para la oposición. El desafío de los herederos de Chávez es reinventarse como proyecto civil y democrático, si es que quiere proyectarse más allá del legado de su caudillo fundador. Y por la esencia militarista y personalista que Chávez le imprimió a su proyecto, se trata una apuesta cuesta arriba”.

Otro artículo recomendado, escrito por Joaquín Villalobos,  exguerrillero salvadoreño y consultor para la resolución de conflictos internacionales y publicado en El País, explica: “Sin duda Maduro es un pésimo gobernante, Venezuela vive una terrible crisis y el chavismo se está agotando, pero su fuerza social es suficiente para mantenerlo en pie. El problema central de la oposición venezolana no es inventarse una insurrección, sino convertirse en mayoría superando las arbitrariedades antidemocráticas, dar seguridades al chavismo de que no habrá revancha, ganar elecciones y reunificar a Venezuela con chavistas incluidos”

Hay, sin duda, otros puntos que podrían ser incluidos en este análisis. Los invito a comentarlos.

@GAbAguzzi / gaguzzi@noticiasmontreal.com

Foto: Nicolasmaduro.org.ve