miércoles, 5 de marzo de 2014

Latinoamérica y las turbulencias

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Negocios Quebec-Latinoamérica
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Mapa latinoamérica

Estamos en un momento crucial para el futuro sociopolítico y económico para la mayoría de los países de América Latina. En nuestras conversaciones con los gerentes de empresas latinoamericanas y con gerentes de empresas canadienses con inversiones en LATAM, se percibe ansiedad, incertidumbre y optimismo.

Las distintas percepciones dependen del país de las empresas. La diversidad de las expectativas para el corto y mediano plazo es tan grande como las diferencias culturales de América del Sur.

Empecemos este artículo con una visión global. Una economía emergente se caracteriza por tener riesgo político alto – o más alto-, y credibilidad política más baja que en las economías desarrolladas. Esto, por supuesto, es una generalidad si consideramos los casos de, por ejemplo, Italia y España. Por un periodo de 10 años, mientras la crisis financiera golpeaba a EE UU y Europa forzando a los bancos centrales a expandir la base monetaria, y las economías emergentes crecieron rápidamente, esa definición parecía obsoleta.

Es interesante comparar las declaraciones de los dos bancos centrales más influyentes en el mundo. Hubo una notable similitud entre lo que dijo el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en una reciente reunión del Consejo de Gobierno del BCE y el de la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, en el Congreso de  EE UU: sus decisiones de política monetaria solo estarán sujetas a consideraciones domésticas. En otras palabras, los países de mercados emergentes deberán adaptarse.

¿Pero qué está pasando? ¿Por qué las recientes turbulencias en las economías emergentes? ¿Se debe a razones macroeconómicas? ¿Sociopolíticas? ¿A las políticas de la FED o del BCE? Como solía decir un profesor de economía, las decisiones técnicas, en las democracias, están supeditadas a las decisiones políticas. Y así debe ser. Como dice José Ortega y Gasset en “Mirabeau o el político” lo “que distingue al político del simple… gobernante, por su intuición, por la habilidad en unir intereses contrarios y por su perspectiva política central, es la de hacer del Estado un instrumento al servicio de la Nación”.

Lamentablemente, en América Latina nos sobran políticos pero nos faltan estadistas. El estadista es incomprendido, porque se ocupa con las cuestiones de largo plazo y toma decisiones impopulares a corto plazo, en tanto que la mayoría de los políticos se preocupan de los resultados inmediatos. Siguiendo esta lógica, podemos agrupar a los anteriormente países “estrellas” en lo que hoy son los cinco países frágiles: India, Indonesia, Turquía, Brasil y Sudáfrica. Todos tienen en común debilidades económicas y de política como déficit fiscales y de cuenta corriente, desaceleración del crecimiento, aumento de la inflación y, sobre todo, una incapacidad crónica para encarar/implementar las reformas estructurales. A esto se le suma la inestabilidad que generan las elecciones presidenciales o parlamentarias durante el 2014 y 2015. El hecho de que las elecciones generan inestabilidad es otro síntoma de la relativa falta de educación cívica de dichas sociedades como hemos mencionado en artículos anteriores.  Otras economías emergentes como –Argentina, Venezuela, Tailandia y Nigeria- también se enfrentan a la incertidumbre política y social, incluyendo disturbios civiles pero su impacto en la economía global son mínimos.

Volviendo al punto principal del artículo, no todo es negativo ni todo es positivo. Indudablemente, hubo crecimiento del ingreso per cápita, y el surgimiento de una clase media que tiende a dar estabilidad económica y sociopolítica en el largo plazo. Decimos que tiende porque justamente estamos en ese punto de inflexión donde la nueva clase media está demandando derecho y la clase política todavía no se adecúa a la nueva realidad sociopolítica. Por eso,  países como Brasil, Turquía, Venezuela, Argentina y Tailandia están sumergidos en incertidumbre.

Sería injusto poner en la misma categoría a los gobernantes de Brasil y Argentina. En el caso de Brasil, la presidente Dilma Rousseff ha luchado contra la corrupción y el clientelismo político con modesto éxito. Pero hay una señal clara. En el caso de Argentina, las condiciones políticas y económicas han empeorado. La presidenta argentina, Cristina Fernández, lejos de demostrar interés en combatir la corrupción, parece proteger a quienes están involucrados en actos de ese tipo probablemente por interés personal. A pesar de esto, la clase media es más vocal y políticamente más organizada que en el pasado, en gran parte porque los medios sociales les permiten movilizar más rápido.

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