jueves, 6 de marzo de 2014

Nueva York para despistados, en invierno

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Viaja el Mundo
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Manhattan en invierno Viaje el Mundo

Son las nueve y cuarenta y dos de una mañana helada en Nueva York. El mes de marzo de este viaje (que fue hace justo un año) llegó con la promesa de lluvia, tormenta de nieve y más frío. Pero ahí estaba el viajero, a las puertas del JFK, dispuesto a ganarle al congelamiento de los dedos y redescubrir a una de las ciudades más congestionadas y fascinantes del mundo. Nueva York es, en resumen, el sitio en el que nadie duerme y en el que todo pasa.

Viaja en invierno por una razón práctica: es más económico. Es más barato aun si el viaje programa en enero o febrero, pero se corre el riesgo de tener muchos vuelos cancelados y vías trancadas por la nieve, además de ventiscas que arrancan el ánimo. Una vez el clima se normaliza, el frío no se va, pero quedan los caminos despejados. Y hay que decirlo, Nueva York en pleno invierno es otra cosa, es una paisaje blanco en medio de sus edificios altos.

Para apreciar la primavera, entonces hay que conocer primero su frío y ver el movimiento de la gente que busca música en los rincones, que se queda prendada a un chocolate caliente en la 5ta avenida o a una sopa de wanton humeante en una de las callecitas del barrio chino. La nieve, la nieve de Nueva York, tiene un encanto difícil de disimular.

Pero dejamos al viajero en las puertas del JFK.

Si viajan solos, la mejor opción para llegar a Manhattan es el Shuttle: por menos de 20$ te dejarán en el sitio que quieras y se ahorrarán, al menos 60$ por hacer el trayecto en taxi. Eso sí, hay que tomarlo con calma. Vas en el shuttle con otras personas, entonces es como dar un paseo por la ciudad para tratar de respirarla y de explorarla desde la ventanilla de la van. (Siempre me pasa que me dejan de última, así que mi paseo es más largo) También se puede llegar al corazón de Manhattan en metro, por muchísimos menos dólares, pero con muchísimas más escaleras. Si no hay prisa, ni mucho peso, vale la pena intentarlo; no es nada complicado.

El invierno trae descuentos que siempre compensan: algún hotel regala una noche gratis (si ya pagaste dos), o te dan un upgrade solo porque sí; los museos tienen entradas gratuitas al menos un día a la semana; los musicales tienen mejores precios; las tiendas están en oferta y el Central Park está ahí con su encanto blanco para convertirse en la mejor de las atracciones y para perderse entre sus paisajes, que son muchos, al menos un día entero.

Nada mejor que caminar por Central Park, abrigados, sin prisa y descubrir sus rincones. Andar, por descuido (o despiste) por esa parte del parque donde está Strawberry Fields, el homenaje a John Lennon que reúne a los curiosos en torno a su “Imagine” y ver que justo al frente está el edificio Dakota, donde el músico vivía y fue asesinado. Seguir en línea recta, solo haciendo casos a las curvas del camino, viendo los árboles, las ardillas, las carretas y sus caballos y desembocar –casi sin querer- en la fuente de Bathesda, tan llena de nieve como para pasar desapercibida y que el viajero no sepa que es justo ahí donde se han grabado escenas de infinidades de películas (por allí persiguen a “Mi pobre Angelito” o hace una gran bailanta todo el elenco de “Encantada”). Seguir las curvas, ver a lo lejos a Manhattan sin salir de ella, y tropezarse (otra vez por descuido) a estatuas precisas y contundentes de escritores como Shakespeare, Fitz-Greene Halleck, Walter Scott y Robert Burns, hasta llegar a la escultura de Christopher Columbus y ver el inicio del “Paseo de los Literatos”, para darse cuenta que lo caminamos al revés.

Otro día, el viajero decide caminar por Times Square y quedar atónito entre tantas luces, fascinantes de día y de noche. Se queda un rato frente a esas escaleras rojas que todos suben para verse en una pantalla y tomarse fotos, y de tanta risa, se da cuenta que diagonal a ese bullicio, hay una oficinita muy pequeña, casi escondida (vamos a imaginar que es en el cruce de Broadway con la calle 47 y que tiene el nombre de TKTS) en el que se consiguen entradas a todas las obras de Broadway por mucho menos precio. Entonces pregunta, ve los asientos y termina comprando un ticket para ver el musical de “Mamma mía” por solo 70$ cuando ya muchos lo compraron por 210$ casi en la misma ubicación ¡Nueva York es sorprendente!

Con los días, el viajero descubre la emoción de irse en metro hasta Brooklyn y volver a Manhattan caminando por el puente; o de ver de cerca la Estatua de la Libertad sin pagar un céntimo porque se dio cuenta que podía tomar el ferry hacia Staten Island gratis (de ida y vuelta) para ver la ciudad desde lejos. Un día almuerza en Little Italy y cena un hot dog al frente del Empire State que, además está abierto hasta la una de la madrugada y termina, ya entrada la noche, a las puertas de la Catedral de San Patricio con ese aviso, ideal para el viajero despistado: “In a city that never sleeps, everyone needs a place to pray” (“En una ciudad que nunca duerme, todos necesitan un lugar para rezar”).

 Twitter: @viajaelmundo

Fotos: Adriana Herrera

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