domingo, 9 de marzo de 2014

Elecciones Colombia 2014: el voto en blanco le pone color al panorama político

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El arca de Enoïn
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Congreso Colombia

2014 es un año electoral en Colombia. El domingo 9 de marzo los electores están convocados a las urnas para elegir al Congreso de la República y el último domingo de mayo se llevarán a cabo las elecciones presidenciales.

El nueve de marzo serán elegidos también los representantes al Parlamento Andino. Este es un organismo que, según lo sostenido por Sergio A. Naranjo en el Colombiano, tiene ‘‘más nombre que funciones’’ y en la práctica es ‘‘realmente un espacio casi que de tertulia», que resulta ‘‘muy costoso’’ para los países que allí están representados. La impopularidad que hoy registra el Parlamento Andino entre el –poco electorado- que conoce de su existencia, es la razón principal que ha llevado al presidente del Partido Liberal, Simón Gaviria, a recomendar a los miembros de su partido el voto en blanco para esta corporación plurinacional.

En lo que toca al Congreso de la república, éste está compuesto de una cámara baja: la Cámara de representantes, y una cámara alta denomina Senado de la república. La cámara de representantes la componen 166 parlamentarios. De estos 161 son elegidos por circunscripción territorial: departamentos, y los cinco restantes corresponden a las circunscripciones de las minorías étnicas y la circunscripción internacional. El Senado de la república está conformado por 102 senadores, de los cuales 100 son elegidos en todo el territorio nacional y dos llegan en representación de las comunidades indígenas, a través de una circunscripción especial, creada por la constitución de 1991 para esta población.

Si bien el Congreso colombiano siempre ha sido considerado como un cuerpo corrompido, su desprestigio entre la ciudadanía ha ido increchento luego de la expedición de la constitución de1 91; la cual ha contribuido fuertemente al cambio de la cultura política colombiana. En la legislatura que termina el Congreso de la República se ha visto envuelto en una marejada de escándalos, que han tomado connotación nacional gracias a las redes sociales. Según Nicolás Rudas, los frecuentes escándalos del congreso colombiano han despertado una ‘‘ola de indignación ciudadana’’ contra la clase política, que no tiene precedentes en la historia reciente de Colombia.

El descrédito alcanzado por el Congreso colombiano y la clase política durante el último cuatrenio llevó a varios sectores sociales a agitar, durante varios meses, un referendo revocatorio del Congreso, que no cuajó. La iniciativa, que comenzó a cocinarse en las redes sociales en julio de 2012, luego del escándalo de la reforma a la justicia, estuvo abanderada por sectores cercanos al congresista Camilo Romero y al movimiento ciudadano ‘‘Tiene Huevo’’. Con ella se buscaba impulsar, según los promotores, ‘‘la revocatoria del Congreso de la República’’ porque era evidente que ‘‘la clase política’’, representada en el congreso, estaba ‘‘actuando a espaldas de la gente’’.

Según un informe publicado en septiembre de 2013 por el portal La Silla Vacía, el 75% de los colombianos perdió la confianza en el congreso, el 73% no cree en la imparcialidad de las altas cortes, ni en el gobierno y en general el 78% cree que la justicia colombiana es corrompida. Según los editores de dicho portal, la principal conclusión que se desprende de dicha encuesta es que la actual élite colombiana ha fracasado y en la escena pública es evidente la ‘‘ausencia de otra, que tenga hoy por hoy un chance de reemplazarla’’.

Según dicho informe, es tan evidente dicho fracaso, que la impopularidad de todos los partidos políticos ronda el 60%. El descredito de la clase política hoy es tan fuerte que la única institución social (si se puede usar dicha categoría) más impopular que el congreso, el gobierno, los cuerpos de justicia y los partidos, es la FARC, cuya impopularidad se sitúa por encima del 80%. En síntesis, la ‘‘crisis de confianza’’ de los colombianos en sus élites es tal, que una encuesta divulgada por el diario El Espectador el 11 de febrero de 2014, ratificó aspectos que varias encuestas han venido revelando en los últimos dos decenios: a nivel institucional, los colombianos creen más en la Iglesia Católica (73%) y las Fuerzas Militares (72,7%), que en el Congreso, los partidos políticos y el sistema judicial. En fin: es todo el andamiaje que sostiene al sistema democrático el que ha perdido legitimidad.

El voto en blanco se toma la escena pública

De la emergencia del fenómeno del voto en blanco y de su posible impacto en las elecciones a Congreso y Presidencia de la República en 2014 me percaté en el verano de 2013, en el grupo de Facebook Corrupción, súmate al no. En esa ocasión el intelectual, activista y dinamizador de redes sociales Álvaro de Jesús Forero Salazar, ante el insistente retorno de una postal que invitaba a votar en blanco en las elecciones de 2014, lanzó una encuesta, en la que incluyó todos los posibles candidatos presidenciales y el voto en blanco.

En esa ocasión el voto en blanco les ganaba lejos a todos los candidatos y en el segundo lugar se posicionaba un candidato de izquierda. En aquella ocasión consideré que esa encuesta era un indicador, pero no definía una tendencia porque se realizaba al interior de un grupo que, si bien cuenta más de 70.000 adeptos, es un grupo donde confluyen sectores de izquierda, liberales y de centro derecha educados, indignados con la clase política y frustrados con el manejo que se le ha venido dando al país.

Quienes defendían en ese momento la importancia del voto en blanco citaban el caso de las elecciones para alcalde en el municipio de Bello, zona metropolitana de Medellín, donde los electores decidieron hacer uso hacer uso de ese derecho, para castigar a la clase política local, que se había amangualado para presentar un candidato único a los comicios. Según el El Tiempo, para  oponerse al candidato único, que pertenecía al Partido Conservador, se constituyó un movimiento cívico, que obtuvo en las urnas para el voto en blanco 60.818 de los 124.897 votos escrutados.

El éxito de los sectores ciudadano, que habían impulsado el voto en blanco en Bello, se convirtió en un primer precedente valido para aquellos, que no creen en la clase política.

Luego de la expedición de la ley 1475  2011 (Reforma Política), que adoptó ‘‘reglas de organización y funcionamiento de los partidos y movimientos políticos’’ y ‘‘de los procesos electorales’’ y dictó ‘‘otras disposiciones’’, el voto en blanco tiene efectos electivos. En dicha ley se estipuló que el ‘‘voto en blanco es “una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos”, pues “el voto en blanco constituye una valiosa expresión del disenso a través del cual se promueve la protección de la libertad del elector’’. En reconocimiento de esos aspectos, ‘‘la Constitución le adscribe una incidencia decisiva en procesos electorales orientados a proveer cargos unipersonales y de corporaciones públicas de elección popular”.

Para hacer efectivo el ejercicio del voto en blanco en la actividad política, la ley dio la oportunidad a los ciudadanos de constituir grupos de promoción del voto en blanco. Estos grupos pueden ser remunerados por cada voto que sea marcado a su nombre. Para ello deben inscribirse ante las autoridades electorales, para poder llevar a cabo en la contienda electoral la promoción del voto en blanco. Si los votos marcados en blanco superan el número de votos marcados por los candidatos en lisa, las elecciones deben repetirse, con nuevos candidatos, en el caso de presidente, alcaldes y gobernadores. Para los cuerpos colegiados los candidatos de los partidos que alcancen el umbral electoral, fijado en un 4% de la votación total depositada el día de las elecciones, pueden volverse a presentar, más no aquellos que hayan sido derrotados por el umbral.

Sobre el particular, el portal Vote Bien sostiene que la idea de darle peso jurídico y político al voto en blanco surge dentro de la idea de combatir la abstención. Este fenómeno ‘‘ha llegado a cifras de ausencia de participación ciudadana superiores al 70 por ciento del censo electoral’’. Luego de la aprobación de la validez política del voto en blanco, los grupos que lo promocionan han proliferado en las redes sociales. Según el diario El Tiempo en las elecciones del 30 octubre de 2011 se inscribieron 68 grupos de promoción del voto en blanco en todo el país. Para las elecciones a congreso de 2014, según Noticias Caracol, se inscribieron 43 grupos de promoción del voto en blanco. Estos comités, si el voto es marcado en la casilla adscrita a ellos, recibirán ‘‘los mismos beneficios económicos que cualquier candidato, es decir que a sus promotores les darán hasta $4.726 por cada voto en blanco’’.

Hay sectores que están diciendo que muchos de estos comités no están movidos por verdaderos principios ciudadanos y que al contrario se movilizan solo por el dinero que se paga por cada voto. De esa opinión es la analista Rosa Maria Ossa Freyle, quien sostiene que ‘‘el voto en blanco [es] botín de los avivatos’’. Para evitar que grupos de personas inescrupulosas salgan beneficiadas de la indignación de los ciudadanos con la clase política que los gobierna, el ‘‘Consejo Nacional Electoral’’ afirma estar vigilando para que no se haga ‘‘negocios con el voto en blanco’’.

Rosa Maria Ossa Freyle considera que el voto en blanco representa ‘‘una valiosa expresión del disenso a través del cual se promueve la protección de la libertad del elector’’, sobre todo en aquellos casos donde ningún candidato llena las expectativas del elector. Según ella ese fue precisamente su caso en las elecciones a ‘‘Parlamento Andino’’ de 2010.

En el grupo de Facebook Voto en Blanco Colombia, un grupo que se denomina Disertación Democrática, sostiene que ‘‘las mayorías por el voto en blanco’’ consolidaran ‘‘una gran unión de los ciudadanos para sobreponerse a los candidatos de partidos’’. Según la analista política y hoy candidata al Senado Claudia López, el voto en blanco terminará golpeando a los candidatos que salen elegido con los votos de opinión, que son los que han denunciado la corrupción en el congreso, pues los indignados que los votan, terminaran votando en blanco.

Para López los candidatos de los partidos tradicionales, que funcionan sobre la maquinaria y la clientela, de todas formas saldrán elegidos. Para ella, de ganar el voto en blanco, estos políticos serán los verdaderamente favorecidos por este tipo de iniciativas. Como sus partidos no serán afectados por el umbral, en el fondo todos los candidatos de los partidos tradicionales podrán volverse a presentar y como las elecciones se pueden repetir una sola vez, terminaran llegando al congreso y legislando para los intereses que siempre han defendido. Del mismo punto de vista es el senador Jorge Robledo Castillo, que en su cuenta de Facebook escribió: ‘‘El voto en blanco le sirve al santismo, porque el voto en blanco es de opinión y el santista es amarrado’’.

Para la gente que opina en los foros de Facebook, como Jaime Duke, ‘‘el voto en blanco: Es una expresión de protesta del elector por no encontrar un aspirante, que cumpla con sus expectativas’’. Por su parte Oswaldo Novoa sostiene que si el voto en blanco gana significa una ruptura de paradigmas, que le hará sentir a las elites que la democracia no es una cosa de ‘‘los mismos con las mismas’’. En su opinión, ‘‘es hora de hacernos sentir, es hora que en realidad triunfe la democracia, es hora que Colombia triunfe’’ y no aquellos ‘‘que manejan las cosas a su acomodo’’. De su lado Humberto Castañeda Beltrán cree ‘‘que este es el mejor momento para votar en blanco’’, pues ‘‘nunca antes se había movilizado la ciudadanía como ahora’’ y esto ‘‘podría ser un punto de quiebre en la historia del país’’. En fin, en el grupo de Facebook Voto en Blanco se afirma que ‘‘Colombia vota en blanco porque está mamada de la corrupcion’’.

Posiblemente el voto en blanco no obtendrá las mayorías en la votación al Congreso, en las elecciones de este nueve de marzo. Pero las encuestas indican que a la presidencia el voto en blanco tiene todas las posibilidades de aguarle la fiesta al presidente Santos, que aspira a reelegirse. Según un informe del portal Infobae, de comienzos de febrero, ‘‘el voto en blanco lidera las encuestas presidenciales de Colombia’’

Esta tendencia ha sido ratificada por las encuestas de comienzo de marzo. Un informe del diario uruguayo El País (03/07/2014) resalta que ‘‘el voto en blanco sería con un 30,6% la opción electoral mayoritaria para los colombianos si las elecciones presidenciales fuesen mañana, según un sondeo divulgado ayer que arroja como segundo resultado el apoyo a la posible reelección del presidente Juan Manuel Santos con un 27%.’’.

¿Por quién votar al Congreso?

En la coyuntura actual en realidad no es importante señalar por quién votar al Congreso, pues personas idóneas por quien votar deben haber en una lista compuesta por más de 800 candidatos. Allí hay nombres como los de Horacio Serpa, Jorge Robledo, Claudia López, Jorge Iván Ospina, Iván Cepeda, Juan Luis Castro Córdoba, y están también los 10 mejores congresistas escogidos por la revista Dinero, entre otros. A la cámara deberán haber también individuos, que ameritan en su circunscripción respectiva el apoyo ciudadano.

Sin embargo, a los que hay que identificar con claridad es a aquellos nombres por los que no se debe votar. Aquí en este vínculo podrá encontrar los nombres de los cinco peores congresistas de la legislatura que termina, según la revista Dinero. Esas personas no merecen retornar al congreso. Igualmente, organismos ciudadanos y periodistas establecieron una lista roja, compuesta por 131 candidatos, que podrían tener ‘‘posibles nexos con fuerzas ilegales’’. Son esos nombres los que hay conocer antes de votar, para no conferirles el voto de confianza, que en el fondo es lo que conferimos a un político, cuando votamos por él en las elecciones a cargos de representación pública.

Foto: Wikimedia Commons