domingo, 9 de marzo de 2014

Natalie Dessay en la Maison Symphonique: incomparable comunión con el público

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 Natalie Dessay Orquesta Sinfónica de Montreal

Para comenzar con el pie derecho el mes de marzo, la Orquesta Sinfónica de Montreal y Pro musica han ofrecido al público montrealés un concierto por muchos esperado: la première lírica de la gran diva francesa Natalie Dessay en la Maison Symphonique.  Y decimos «première lírica», pues la famosa «prima donna» ya había sido estrella en este mismo auditorio, en diciembre del año pasado, mas no con el repertorio lírico que la ha hecho mundialmente famosa, sino con canciones populares y temas de películas compuestos por Michel Legrand.

En esta ocasión, Dessay, acompañada por el magnífico pianista Philippe Cassard, ha ofrecido a nuestra audiendia una exquisita colección de «lieder» y romanzas de Clara Shumann, Brahms, Duparc, R. Strauss, Fauré, Poulenc y Debussy.  El mismo programa será presentado la semana entrante en el Carnegie Hall, de Nueva York.  Esto solo ya dice mucho de la calidad y la categoría del prodigio que pudimos presenciar.

Este concierto hace parte de la gira 2014 de la gran soprano francesa, que incluye presentaciones en París, Nueva York, San Francisco, Boston, Tokio y Seúl, entre otras ciudades, y fruto de la cual es un disco con melodías de Duparc, Fauré, Chausson y Poulenc.  La cooperación y sincronía espiritual entre Dessay y el pianista Cassard ya habían florecido en otro disco compacto intitulado «Melodías», dedicado a Debussy, y que salió al mercado en el 2012.

Esta es la primera gira de recitales que ofrece Dessay, luego del anuncio, en octubre del año pasado, de su retiro de los escenarios operísticos.

 Natalie Dessay Orquesta Sinfónica de MontrealPocos amantes de la ópera en el mundo ignoran qué representa Natalie Dessay en el arte lírico de los últimos tres decenios.  Reconocida unánimemente como la mejor soprano ligera de Francia del último medio siglo, cuenta con una hoja de vida cuajada de invitaciones para actuar en las salas operísticas de mayor relieve internacional (como el Metropolitan Opera House, el Covent Garden, la Ópera de París, el Liceu, de Barcelona, y la Scala de Milán), dirigida por los mejores maestros del mundo (como el mismísimo Pierre Boulez y James Levine), y en compañía de las principales estrellas de la ópera actual, como Plácido Domingo, Juan Diego Flórez, Jonas Kaufmann, Rolando Villazón y Renée Fleming. Su particular tesitura y su talento histriónico le han merecido las más altas recompensas a las que un cantante de ópera pueda aspirar.

En el concierto del sábado pasado, Dessay se lució, con excelencia y profesionalismo, con su famosa voz poderosa y bien controlada, elegante y hermosamente vestida y con la gesticulación adecuada para una presentación no escénica, de concierto, a la que conviene alguna medida de expresión dramática, como ella lo hizo.

Hermosos su timbre y la dulzura de su expresión en las canciones alemanas de Clara Schumann, Brahms y Richard Strauss. Mostró, además, gran seguridad y buena vocalización.

Según avanzaba el concierto, uno no podía creer estar frente a una soprano tan extraordinaria, una de las de mayor categoría internacional.  Cantó bellamente y con hondo sentimiento las hermosas «Invitación al viaje» y «Éxtasis», de Henri Duparc, única intervención en francés en la primera parte del concierto.

La soprano interpreta luego del intermedio cinco espirituales melodías de Fauré, para entrar luego a las «Fiançailles pour rire» de Poulenc, con esa voz fabulosa que también ha brillado ante los más exigentes públicos del mundo. ¡Su control de las notas y la potencia de su teatralidad no se pueden creer!

Y esta excelencia queda balanceada inmediatamente después por las magníficas «Aparición» y «Romance de Ariel», de Debussy, que coronaron con esplendor esa noche de belleza.  Tras una larga ovación, la diva ofreció tres «encores», que provocaron aplausos cada vez más intensos.

En cuanto al pianista Cassard, se destaca por sobre otros pianistas por ser líder notorio a lo largo de la ejecución de las obras. En la mayoría de conciertos como este, vemos pianistas que son meros acompañantes, escondidos o eclipsados por el gran solista. No en el estilo de Cassard. Él avanza al frente, atento a las necesidades de la soprano, indicando la pauta interpretativa con su fuerza pianística, y un sentido exegético.

En resumen, este fue un espectáculo absolutamente inolvidable, en cuanto a la categoría de los intérpretes, el programa escogido, la belleza que reinó en cada instante y la comunión sobrecogedora entre público y artistas.

Fotos: Cortesía de Keith Hooper