miércoles, 19 de marzo de 2014

La travesía de un viaje sin retorno (con Air Canada) que nunca ocurrió

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Happy Square Face
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I

El lunes en la noche José (nombre ficticio a petición del entrevistado) no logró dormir sino hasta pasadas las 2:00 am. Las horas previas las había pasado pegado al teléfono, llamando al call centre de Air Canada. La noticia de la suspensión de los vuelos desde y hacia Canadá lo dejó pasmado. Aunque ya había hablando tres veces con distintos operadores de la aerolínea, tras esperar no menos de media hora en cada llamada, no conseguía conciliar el sueño, algo que ocurre en muchos hogares de venezolanos por estos días.

José deja este fin de semana Venezuela. Se viene a Canadá con su esposa y su hijo. Se trata de una pareja de jóvenes profesionales que dejan de contar su historia en su país natal para sumarse a los más de 18.000 venezolanos que forman parte de los números oficiales de Statistics Canada.

Es una decisión tomada. Años de preparación. Años de papeleos. Cursos de francés. Entrevistas con las autoridades de Quebec. Visa estampada y boletos comprados desde octubre de 2013. Pagó entonces, por los tres, 27.000 Bs (unos $400 en el mercado no oficial, $2.400 a tipo de cambio oficial -Sicad I-). No sabía -nadie sabía- que Venezuela estaría, justo en el momento que le tocaba decir adiós, sumida en su peor crisis en más de una década, aunque no faltaban señales.

Vaya timing en el que le tocó empacar para dejar su tierra, a la cual, confiesa, extrañará. Pero lo que más ocupa su mente actualmente es poder sacar a su hijo del ambiente que le ofrece  su país, siendo esta preocupación una de las razones de mayor peso para salir de Venezuela.

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José temía, de alguna manera, todo lo que está ocurriendo con Air Canada. Lo había comentado, de hecho, con sus amigos hace apenas tres días, es decir, un día antes del anuncio de la suspensión. Optimismta -como se describe- pensó sólo que era una idea de esas que a veces pasan por la mente y que no tenía que crear un «plan b» para cumplir con su objetivo de llegar el sábado 22 de marzo al aeropuerto Pearson de Toronto, donde le toca hacer el landing.

«Yo creo que Air Canada se va a ir y nos va a afectar», le  dijo a amigos que le esperan en Montreal cuando éstos le dijeron «ya falta poco, nos vemos pronto».

Dos de los tres operadores que atendieron las llamadas de José el mismo lunes del anuncio le recomendaron volver a llamar a lo largo de la semana para poder reprogramar su vuelo con otras líneas aéreas. No le interesaba el reembolso. Sólo quería viajar. Pero…no había garantía en la fecha de salida, pues dependía de la disponibilidad de esa otra línea aérea. Fue precisamente esa no garantía lo que no lo dejó dormir esa noche del lunes.

II

Era ya martes y el momento del «plan b» a pesar del poco tiempo transcurrido. La mejor opción: averiguar si hay disponibilidad en otras líneas aéreas para los tres, saber cuánto cuesta y pedir el reembolso por Air Canada.

José llamó entonces a una agencia de viajes para buscar opciones, las más económicas. Le consiguieron, por Bs 43.000 ($642 en el mercado no oficial, 3.900  a tipo de cambio oficial -Sicad I- ), tres boletos a Toronto vía Nueva York. Los reservó sin pensarlo mucho. Eso le daba algo de tranquilidad entre tanta zozobra con el vuelo de Air Canada. No estaba del todo convencido, pero ante la duda prefirió reservar.

Un nuevo anuncio, pero esta vez de parte del gobierno venezolano, hizo que José terminara de decidirse en cuestión de horas: el ministro de ministro de Transporte Acuático y Aéreo, Hebert García Plaza, informaba al país que la relación comercial con Air Canada se daba por terminada, «hasta que el Presidente lo decida».

Otra llamada al call centre de la línea aérea canadiense y la respuesta seguía siendo la misma. «Pensé entonces que era mejor comprar los boletos por otra aerolínea y pedir el reembolso (…) lo mejor es lo que viene después», dijo José, refiriéndose con optimismo a esta nueva etapa de su vida que comenzará a vivir en pleno a partir de tan sólo días.

III

Ya la presión había bajado. Era todavía martes y las cosas estaban cambiando rápidamente, con decisiones de última hora que jamás estuvieron escritas en la agenda premigratoria. No quedaba sino asumirlas y, como siempre, resolver.

Un correo apresura una nueva decisión, pero esta vez tomada ya desde el cansancio. El correo era de Cadivi (sistema activado por el control cambiario que hay en Venezuela desde el 2003) y le anunciaba que la solicitud de cupo para viajeros que ambos habían introducido -y que ya había sido aceptadas- había sido cancelada. No tardó José en relacionar la repentina decisión de Cadivi con esta nueva etapa del conflicto entre el Gobierno venezolano y Air Canada».

Una búsqueda rápida en Twitter con las palabras claves «Cadivi» y «Air Canada» le permitió constatar que no era el único en esta situación.

José compró sus boletos con regreso a Venezuela, tanto los de Air Canada como los de la otra línea aérea, con la que finalmente viajará. Pensaba volver pronto, pero no tan pronto como se lo exigieron esta vez para comprar el boleto (finales de abril). Por eso había tramitado «Cadivi viajero». Ahora no está tan seguro de que pueda ver su tierra nuevamente en el corto plazo, pero sí está decidido a decirle au revoir a los dólares.

«Voy a seguir consejos» (olvidarse de Cadivi, por ejemplo). «Algo que me dijo un amigo y me pareció sabio: José, acuérdate que tus dos pies ya no están en Venezuela».

En medio de todo este estrés operativo, por así decirlo, José siente emociones encontradas a cada segundo.  Vive la expectativa y el vacío en el estómago que da al meter toda la vida en un par de maletas, con la presión del «guerrero que muestra en su escudo una foto familiar». Vive la tristeza de dejar a sus padres, amigos y su entorno de siempre.

«Sí, voy a extrañarla mucho (Venezuela). Aquí están mis padres, están los amigos. No sé por ahora si mis padres van a poder ir para Canadá. Me pregunto si podré volver a ver a mis padres».

Pero José se aferra a algo inusual que le ocurrió este mismo lunes, cuando eran las 2:00 am y no podía dormir.

«Estaba meditando. Dije: ‘Dios, tú sabes lo que haces. Sé que no nos vas a desamparar’. En ese momento,  mi hijo se despertó y caminó hacia la sala, cosa que nunca había hecho solito. Me abrazó y me besó (…) Siento paz interna por mi hijo».

@GAbAguzzi / gaguzzi@noticiasmontreal.com

Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM