sábado, 22 de marzo de 2014

María Corina Machado fue acallada en la OEA, como lo suele ser en la Asamblea Nacional de Venezuela

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El Mundo
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En el mundo estamos viviendo momentos de gran insensatez.

Acabamos de ver ayer, un espectáculo bochornoso. Unos burócratas, pagados para garantizar que la democracia funcione en el área de los países a los cuales representan, se encargan ellos mismos de destruirla.

Lo peor, se recurre para ello a procedimientos parecidos a los utilizados por las «dictaduras de nuevo cuño». Esto es, arropadas con un manto «democrático», que a la postre nos es más que una seudodemocracia.

La diputada de la oposición venezolana, María Corina Machado estuvo ayer en la Organización de los Estados Americanos (OEA), ocupando un curul que gentilmente le había cedido Panamá, para hablar sobre lo que está pasando en Venezuela.

Corina Machado vio trascurrir ante sus propios ojos lo mismo que le viene pasando en Venezuela. Las maniobras empezaron con una «votación democrática«, mediante la cual los miembros del Consejo de la organización internacional aprobaron que las palabras de Machado no fueran emitidas públicamente, sino en sesión privada. Pero luego más tarde, sin mediar asunto, sencillamente «la sacaron» de la agenda.

El embajador panameño intentó un plan alternativo, en el sentido que Machado hablara durante el espacio de «otros asuntos». Pero la maquinaria burocrática no accedió. Machado intentó agradecer y despedirse, pero su micrófono fue cortado casi de facto. Lo mismo que han hecho con ella y con otros diputados opositores, varias veces, en la Asamblea Nacional de Venezuela la maquinaria burocrática del régimen venezolano.

¿Cómo esta especie de «contaminación» ha podido alcanzar un foro internacional otrora respetado?

El chavismo no solo se ha encargado de blindar durante sus más de 15 años en el poder, un complejo andamiaje que no deja abierta ni la más mínima rendija por donde se pueda colar alguna expresión contraria a sus propósitos.

Este andamiaje, con sus vicios incluidos, también se ha extendido, hacia una organización que justamente uno de sus objetivos es evitar que regímenes abusivos acallen impunemente la disidencia.

En el caso venezolano no estamos hablando de unas cuantas personas, o de un grupo de gente poderosa con dinero como a cada rato arguye el chavismo, a sabiendas que el verdadero poder económico está en Estado venezolano. Estamos hablando del 49.7 % de la población que no está de acuerdo con el régimen venezolano, a juzgar por los resultados oficiales de la última elección presidencial.

Este andamiaje internacional ha sido construido a través de negociaciones fuera de la luz pública, utilizando el petróleo como arma de convencimiento. Pero también este andamiaje está construido por una especie de solidaridad entre los regímenes de igual cuño. Esta solidaridad a menudo se manifiesta en bloque, en modo automático, sin razonar, sin evaluar, sin escuchar. Es una suerte de «nueva cofradía» entre gobiernos que bajo la formalidad «democrática», practican la autocracia.

Para muestra un botón: Con ocasión de la anexión unilateral de Crimea a Rusia, la presidenta de Argentina no dudó en ofrecerle su respaldo inmediato a su colega Putin, diciendo que al igual que Las Malvinas son de Argentina, Crimea es de Rusia. Con ello convalidaba la decisión de los crimeos que aprobaron dicha anexión a través de un referéndum.

Se olvida la presidenta que si ese criterio es válido para Crimea, tiene que ser válido para Las Malvinas. En este sentido Las Malvinas entonces, no son de Argentina sino de Gran Bretaña, porque así lo decidió su población en marzo del 2013, cuando el 98.8 % votó a favor de seguir formando parte del Reino Unido.

Foto: Captura de pantalla – Youtube