jueves, 27 de marzo de 2014

Wilner Cayo: Mi visión

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Quebec Decide
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Ante las desigualdades socioeconómicas que persisten al seno de las comunidades culturales desde hace más de 30 años, y que no son tomadas en cuenta por ninguno de los partidos políticos grandes, creemos que es tiempo de que forcemos, de forma pacífica y eficaz, el ser escuchados, a fin de que nuestros retos sean tomados en cuenta, por nosotros y por nuestros hijos.

Tanto los québécois de souche y como los québécois inmigrantes somos una gran familia que exige un igualdad de oportunidades para todos nuestros hijos.

El objetivo de la diligencia es el posicionamiento de un verdadero equilibrio de poder, de manera que no sólo no seamos más ignorados, sino que seamos capaces de exigir por el bienestar de nuestras comunidades, como lo hicieron, antes de nosotros,  otras comunidades que se organizaron y tomaron su destino en las manos.

Este posicionamiento debe ser, antes que nada, político, considerando el gran poder que podrían tener las comunidades organizadas para influir eficazmente  en quienes toman las decisiones, convirtiéndonos nosotros mismos en esas personas. Si los políticos no quieren aprender lecciones y tomar acciones que se imponen ante los hechos de desigualdad que afectan nuestras comunidades, serán forzados a hacerlo cuando votemos en bloque, quitándoles nuestro apoyo. 

En efecto, los temas que afectan a las comunidades culturales no son invocados por ninguno de los jefes de los partidos políticos. El problema de la integración socioeconómica de las minorías visibles tiene implicaciones directas en el acceso de sus hijos a los estudios postsecundarios. Si con diplomas universitarios, en comparación con los nacidos aquí, la tasa de desempleo es tres veces más elevada en las minorías visibles, la situación no hará más que deteriorarse para los hijos de los inmigrantes, que tendrán una tasa menor de escolarización.

No podemos permitirnos seguir siendo excluidos de la esfera política de la sociedad québécoise: el precio de nuestro silencio político, de nuestra pasividad, o de nuestras acciones divididas y no coordinadas, será insoportable y con consecuencias desastrosas: “La solución a los problemas de integración social, que reposan en la integración económica, exige una estrategia de acción global, sea política, económica y jurídica”. Es, ante todo, política, porque sin leyes eficaces para atacar los problemas de discriminación sistemática que afectan a las comunidades culturales, los cambios no se darán. Debemos forzarlos.

Felicitamos y agradecemos a todos los que se inscriben en el lado correcto de la historia, a los que se únen en este movimiento naciente, pacífico y respetuoso de todos los orígenes.El movimiento tendrá eficacia cuando juguemos en nuestro favor, en un ejercicio inteligente y bien coordinado, con la fuerza de nuestros números.

El movimiento comienza con la circunscripción de Viau para expandirse por todos los lugares donde construiremos una coalición para hacer que la balanza se incline en dirección a los intereses de nuestras comunidades culturales, de los québécois olvidados y de todos los seres humanos.

¡Es posible, juntos!