domingo, 30 de marzo de 2014

Democracias latinoamericanas con presidentes eternos

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Clases de políticos

¿Cómo se entiende una democracia en donde el primer mandatario es reelecto indefinidamente?

Los defensores de este modelo sostienen que si el pueblo está feliz con su presidente, entonces, éste (o ésta) merece ocupar la primera magistratura hasta tanto sea derrotado electoralmente en las urnas.

Desde 1959, los hermanos Fidel y Raúl Castro manejan las riendas de Cuba. Por si no se entendió bien, hace 55 años, es decir, más de medio siglo que dos personas deciden por el futuro de más de 10 millones de personas.

Fidel Castro fue titular del Ejecutivo de la isla caribeña hasta julio de 2006, cuando por razones de salud fue reemplazado interinamente por su hermano Raúl, quien fue ungido formalmente recién en febrero de 2008.

Los defensores de los hermanos Castro suelen ser caudillos centro y sudamericanos que, en su afán de poder, intentan imitarlos. Para ellos, la democracia, la calidad de vida y los derechos humanos no están en tela de juicio en Cuba. Y cada vez que pasan por la isla, procuran fotografiarse con uno o ambos.

En Venezuela, mientras tanto, el fallecido Hugo Chávez, ferviente admirador de los hermanos Castro, permaneció casi 14 años en el poder.

Si bien por razones de salud nunca llegó a jurar su cuarto mandato, éste recayó en manos de Nicolás Maduro únicamente por decisión del propio Chávez. Fue recién tras las elecciones de abril de 2013, cuando Maduro juró efectivamente como presidente.

En realidad, dado que Chávez no se presentó a su propia jura, en Caracas, en enero del último año, habría que haber llamado inmediatamente a elecciones y no tras conocerse su fallecimiento.

Por otra parte, los resultados de las dos últimas votaciones estuvieron en tela de juicio por los líderes de la oposición de ese país. Hoy, sus consecuencias se observan en las decenas de muertos en sus calles.

Volviendo a la pregunta inicial, es difícil comprender una democracia sin recambio de gobernantes.

Siguiendo con el ejemplo, el matrimonio de Néstor y Cristina Kirchner se alzó con el poder en la Argentina a principios de 2003, con un magro porcentaje de votos. Por entonces, Kirchner debió haber pasado por un ballottage, pero éste no ocurrió dado que el otro candidato –Carlos Menem- decidió no presentarse a la segunda vuelta.

Kirchner gobernó hasta 2007, cuando fue electa su esposa, elegida candidata presidencial por el propio Kirchner. En 2011, Cristina Kirchner fue reelecta presidente. Desde entonces, los rumores sobre una reforma constitucional que la habilitara para un tercer período fueron incesantes en el país austral, si bien nunca se concretó.

En la Argentina, habrá nuevamente elecciones en 2015. Al igual que en Venezuela, su pueblo está marcadamente dividido entre oficialismo y oposición.

En Bolivia, en tanto, Evo Morales transita su segundo mandato como titular del Ejecutivo y aspira a su segunda reelección en octubre próximo.

Aunque la Carta Magna de esa nación sólo permite la reelección presidencial inmediata, pero prohíbe la indefinida, Morales fue habilitado por la Justicia de su país para un eventual tercer período al considerar que tras la reforma constitucional de 2009, el primer término presidencial es el correspondiente a 2010-2014, sin contabilizar el previo.

Dos ejemplos más: Rafael Correa, presidente de Ecuador desde 2007 y hasta 2017 –reforma constitucional mediante-, y el nicaragüense Daniel Ortega, que acaba de lograr que en su país se apruebe la reelección indefinida.

Castro, Chávez, Kirchner, Morales, Correa y Ortega, políticos convencidos de su capacidad para lograr la felicidad de sus pueblos únicamente si ellos y/o sus familiares o allegados directos se mantienen en el poder. También, claro está, hábiles para torcer la voluntad popular según su conveniencia y/o adulterar los resultados de los comicios desde el mismo poder.

¿Más de una década en el poder? ¿Democracia o tiranía?

Twitter: @hernanhaines

Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM