jueves, 10 de abril de 2014

Balance para la izquierda colombiana en las elecciones al Congreso: consolidación y cualificación en medio de la división

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El arca de Enoïn
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Elecciones 2014 Colombia

La noche de las elecciones, el político bogotano Juan Carlos Flores, que funge también como analista en las cadenas radiales y la televisión privada, era uno de los invitados por la cadena radial Caracol a analizar los resultados electorales. En la medida que avanzaban los escrutinios, el concejal Flores, que fue uno de los opositores más feroces que encontró en su gestión al frente de Bogotá el destituido alcalde Gustavo Petro Urrego, se empeñó en martillar sobre un clavo: el fracaso de la izquierda, particularmente en Bogotá.

La premisa evocada por Flores fue la misma que orientó el balance electoral del portal La Silla Vacía. En este portal, tal como lo advierte Andrés Felipe Parra en el portal independiente Palabras al Margen, tomando como referente los resultados de la Cámara en la capital, se aseguró que a Petro le fue mal en Bogotá, sin ser ésta la cabeza visible de un partido en campaña al Congreso. Dicho punto también fue resaltado por el portal de la cadena de Televisión RCN.

Citando al analista Enrique Serrano, en este canal, donde se presentó como ganador indiscutido de las elecciones a Álvaro Uribe y su Centro Democrático, a la hora de analizar los resultados de la izquierda se dijo que los malos resultados electorales “y el desgaste que ha sufrido la izquierda los dejó muy afectados”. Para dicha cadena las causas del mal son los “problemas de Gustavo Petro y la crisis de Venezuela”. 

En lo que toca con el asunto Petro, Juan Carlos Flores consideró que el destituido alcalde de Bogotá fue el principal responsable del fracaso electoral de la izquierda. Según Flores, las movilizaciones sociales convocadas por Petro para denunciar la arbitrariedad, que se cometió cuando se le destituyó por parte del Procurador General de la nación, aduciendo faltas gravísimas por el hecho de haber cambiado una política pública de manejo de basuras, le enviaron un mal mensaje a la sociedad colombiana. En lo esencial, el argumento de Flores ponía de manifiesto que esas movilizaciones sociales terminaron por asustar a los sectores de clase media y alta, que votaban a la izquierda para protestar contra el sistema. Incluso, Flores llegó a sugerir que la alta votación sacada por Álvaro Uribe en Bogotá era grosso modo una consecuencia de las movilizaciones sociales impulsadas por Petro.

A los balances que se empeñaran en mostrar como negativos los resultados de la izquierda se sumó el del diario El Espectador. Allí, a partir del titular “Los claroscuros de la izquierda”, se dejó constancia de que “la situación de la izquierda en el panorama electoral fue trágica”. Por su parte Luis Celis en el portal Las 2 Orillas sostuvo que en la contienda electoral los partidos de izquierda: “La Alianza Verde y Polo Democrático, se rajaron”. 

En su balance Celis afirma que resulta “impresionante en un país como Colombia, donde la inequidad reina y la guerra ha hecho estragos profundos, que partidos como la Alianza Verde y el Polo Democrático, no logren mayor respaldo, siendo que han mantenido por años estas banderas en alto, pero no logran concitar un importante respaldo ciudadano”. En su análisis Celis resalta que sorprende que “los partidos de izquierda y centro-izquierda no logren atraer un amplio respaldo”, a pesar de que varios de sus senadores y representantes son calificados como los de mejor desempeño en el senado. La posición de Celis fue reafirmada por Rodrigo Urrego, periodista político de Semana.com. Para Urrego la “izquierda ahora se estanca”. Sobre el punto también abundó Arturo Wallace, corresponsal de BBC mundo en Colombia. Según Wallace, “la izquierda no salió particularmente bien en las pasadas elecciones legislativas”. 

En los análisis mediáticos hay -a nuestro modo de ver- una evaluación inapropiada de los resultados electorales de la izquierda. En general todos los analistas, a la hora de hacer el balance de los votos depositados en las urnas en la contienda parlamentaria de 2014 por los candidatos de esta tendencia política, han tomado como referente dos elecciones presidenciales. Para el caso del Polo, el antecedente tomado en cuenta son las elecciones presidenciales de 2006, en las que Carlos Gaviria Díaz obtuvo 2.613.157 votos, y para el caso del Partido Alianza Verde, el referente son las presidenciales de 2010, en las que Antanas Mockus capitalizó 3.588,819 votos.

Esa evaluación inapropiada, que se hizo en los medios tradicionales, del despeño electoral de la izquierda colombiana en las elecciones parlamentarias, condujo a una frustración del militante de izquierda del común o del indignado -que muchas veces no vota-, que se ha venido manifestando de manera continua en las redes sociales. Al enfrentarse a los resultados electorales en bruto, adoptando como patrón de análisis las pistas que le ofrecen desde las primeras de cambio los medios; en los que se dejó constancia que el país giró a la derecha y en “las elecciones para Congreso” el “ganador fue el expresidente Álvaro Uribe, cuyo movimiento, el Centro Democrático” obtuvo la segunda votación de los comicios, muchos de los simpatizantes de los partidos de izquierda solo se fijaron en la mitad vacía del vaso, pasando por alto la mitad llena.

A la buena ponderación de las cosas tampoco han contribuido analistas como Antonio Caballero o Carlos Castillo Cardona. Caballero, en la columna que publicó en Semana el domingo siguiente a los comicios, sostuvo rotundamente: “perdió el país”, porque “En Colombia lo único verdaderamente democrático […], es la corrupción”. Por su parte Carlos Castillo Cardona, analizando las cosas desde la perspectiva matemática, en función de la baja votación concluye diciendo que “todos perdimos en las elecciones”. Apoyado en ese tipo de lecturas, hay quienes “en esa plaza virtual de la política moderna que son las redes sociales” han salido a decir que ganó el pueblo, porque no votó, anuló su voto, no lo marcó o votó en blanco, y perdió la clase política porque no logró convencer al pueblo de salir a votar (Ver la gráfica siguiente).

Interpretación de los resultados de los comicios electorales colombianos en las redes sociales

gráfico elecciones Colombia

Análisis grafico de la jornada electoral tomado del muro de Facebook / Juan Carlos Pineda

La confusión de variables -y de fenómenos- al analizar los resultados electorales de la izquierda en las parlamentarias es evidente en el análisis de Rodrigo Urrego. En su balance este analista sostuvo que, capitaneada por Gaviria Díaz, “la izquierda alcanzó su ápice” en las presidenciales, y “desde entonces ha venido en caída”. Sin embargo, cuando se dividen las aguas y se analizan elecciones parlamentarias y presidenciales por separado, nos encontramos que tanto Urrego como la  Redacción Política de El Espectador y RCN confunden, cuando se trata de la izquierda, ovejas con cabras.

VER TAMBIÉN: 

Comportamiento electoral de la izquierda colombiana en las elecciones parlamentarias y presidenciales entre 1998 y 2014:

Cuadro izquierda en Colombia

El gráfico que sigue a continuación nos presenta a vuelo de pájaro una radiografía de la dispersión en el seno de la izquierda antes de las elecciones de 2006. Si bien es cierto que a partir de 1991, los votos obtenidos le permitían a la izquierda de elegir entre cinco y 10 senadores, los resultados para Cámara nunca le habían sido favorables, pues hasta antes de 2010, no había logrado rebasar los cinco elegidos a esa sala del Congreso. El gráfico nos permite traer a colación los nombres de las principales figuras políticas que atrajeron el voto de izquierda luego de la disolución de la Alianza Democrática M19 en 1994 y de la desaparición -a sangre y fuego- de la Unión Patriótica.

Las fuentes consultadas nos indican que antes de las elecciones de 2006 la izquierda colombiana estaba en completa dispersión y muchos de los que recibían el favor del voto de izquierda, como en el caso de Samuel Moreno o Bernardo Hoyos Montoya, no eran del todo individuos a los que se pudiese considerar como políticos de izquierda. Si contamos dentro de ella a dos dirigentes indígenas, que atraían al voto de sectores de izquierda que se sentían huérfanos de liderazgo, y dos independientes: Rafael Orduz e Iván Name Vásquez,  ésta eligió siete senadores en 1998 y 10 en 2002.

Individuos que recibieron el voto del electorado de izquierda en 1998 y el 2002

resultados elecciones colombia

El proceder de hacer el balance electoral para la izquierda tomando como referente sus resultados en las elecciones presidenciales antes mencionadas, es a todas luces erróneo porque, como lo anotó Juan Manuel Serrano G en el portal Kienyke, el voto en las elecciones presidenciales está menos permeado por el clientelismo, que el voto para elegir Congreso. En general, a la presidencia la baraja de candidatos es más reducida, los candidatos tienen menos contacto directo con el  público “y ninguno representa de manera plena las intenciones de gran parte de la ciudadanía”. 

La influencia del voto de opinión en las elecciones presidenciales es una variable que nos puede explicar el éxito electoral de Carlos Gaviria Díaz en 2006 y de Antanas Mockus en 2010. Si bien es cierto que estos candidatos no ganaron las elecciones presidenciales, si obtuvieron, como se puede ver en el cuadro, votaciones superiores a las obtenidas por los partidos, que los avalaron en las elecciones a Congreso. Ese aspecto también podría explicarnos por qué Enrique Peñaloza registra porcentajes que oscilan entre el 10 y el 17% en las encuestas sobre intención de voto en las elecciones presidenciales, mientras que el partido que avala su candidatura solo obtuvo en el Congreso el 3,94% de los votos depositados por los electores en las urnas.

Sobre la prevalencia en las elecciones presidenciales del voto de opinión sobre el voto clientelar vale la pena traer a colación las consideraciones de un grupo de figuras públicas y analistas sociales consultados por La Silla Vacía en 2010. En esa ocasión, Ricardo Santamaría, David Luna, Juan Fernando Londoño y Marcela Prieto coincidieron en un punto: “El voto para las elecciones presidenciales no está tan amarrado a un partido como a los planteamientos de un candidato u otro”, pues “el voto de opinión para las presidenciales es cada vez más fuerte, pero no tanto así en las parlamentarias”, porque en “una elección presidencial” es más “el candidato” y menos “la maquinaria la que cuenta”. Esto le permite a la gente, en general, liberarse “de las maquinarias políticas” que juegan con un “voto amarrado” con “tejas, comida y dinero en efectivo” y centrarse en los “compromisos concretos” de los candidatos “en materia de seguridad, de generación de empleo, de educación y de calidad de vida en las ciudades”.

Si dejamos de confundir manzanas con peras y nos centramos solo en las elecciones a Congreso, podríamos llegar a dos conclusiones, que a mi juicio son positivas. En primera instancia, podría decirse que en estas elecciones, aunque dividida, la izquierda se consolidó y cualificó su representación. En segundo lugar hay que decir que los resultados de las elecciones representaron una paradoja para la izquierda colombiana: aunque aumentó ligeramente el número de sus electores, ese aumento no se vio reflejado en el número de elegidos.   

Sobre este particular, como lo advierte Andrés Felipe Parra, en el portal América Latina en Movimiento (ALAI), el problema real para la izquierda colombiana en estos momentos es su fragmentación, pues al sumar la votación le “quedan votos flotantes que, en caso de estar reunidos en un número superior en una sola lista (abierta o cerrada), habrían significado el aumento en por lo menos unas 2 o 3 posibles curules para una coalición”.

El punto sobre la consolidación de la izquierda colombiana y la cualificación de sus elegidos al Congreso, lo resalta claramente Diego, un lector del portal Palabras al margen. Considera Diego que en el caso del Polo Democrático, “después de la crisis” suscitada por “la alcaldía de Samuel Moreno y la salida de varios congresistas hacia los Verdes, el balance del Polo no es malo. La alta votación de Robledo, el paso de Iván de la Cámara al Senado, el importante triunfo de Alberto Castilla, la buena votación de Alexander y la llegada de Alirio son hechos relevantes”. Según él, hoy “más que números, hay que considerar la calidad de personajes que quedaron” elegidos. En el caso de los verdes, el lector resalta que allí “también hay gente buena, que esperemos busque la unidad” y haga un buen trabajo.

Sobre lo que toca a la cualificación, Catalina, otra lectora del mismo portal, resalta que hoy se puede “visibilizar que en estos años ha existido un aumento de la fuerza de izquierda, que somos más, quizás mejor preparados y con más sueños y esperanzas”. 

Si bien es cierto que la izquierda no ha podido traducir en votos la fuerte ola de indignación contra la corrupción, que sacude a Colombia a partir del estallido del Proceso 8000 en 1994, la Parapolítica, los frecuentes escándalos de corrupción del gobierno y de las figuras visibles de la derecha, que cuentan con el apoyo de la chequera gubernamental para hacer política, también hay que reconocer que en materia de participación electoral, la izquierda no tiene la tradición de las fuerzas de centro y de derecha, ni cuenta a su haber con la simpatía mediática que tienen los partidos de esas orientaciones ideológicas.

Antes de la constitución de 1991, en Colombia, legalmente, no había prácticamente espacio para la actividad electoral por fuera de los dos partidos tradicionales: Liberal y Conservador. Sobre el débil progreso electoral de la izquierda, cómo pasar por alto el impacto general causado por el exterminio de la Unión Patriótica, un partido que pagó con el genocidio la osadía de hacer política por fuera del establecimiento. Tampoco hay que dejar de lado el lastre que representa para la izquierda civil la existencia de dos grupos guerrilleros: las FARC y el ELN, a los que los colombianos no miran con simpatía.

Si uno no mira las cosas desde una óptica pesimista o deliberadamente sesgada podría considerar que en el fondo, en el campo electoral, la izquierda colombiana en los últimos 15 años ha alcanzado logros que son significativos. Sobre todo si se tiene en cuenta, como bien lo recordó El Espectador, que Colombia “es un país de derecha”, cuyo establecimiento no ha dudado en echar mano a todas las formas de lucha para frenar el avance de las ideas de izquierda.

Sobre los aspectos que han frenado la expansión de la izquierda colombiana bien vale aquí citar la opinión de Cristina de la Torre, quien advierte que, si bien Colombia fue de los pocos países que no sufrió “las dictaduras sanguinarias que menudearon en Suramérica”, es “sin embargo el único de la región donde la izquierda no conquista el poder” en las urnas. Sobre el mismo punto el sociólogo Hernando Gómez Buendía, al tratar de explicar por qué es tan débil la izquierda colombiana, concluyó que “la gran disputa política en Colombia no es entre izquierda y derecha sino entre la derecha y la derecha extrema”, que en este país “los partidos reformistas y movimientos sociales tienen mucho menos fuerza que en el resto de América Latina”.

De la Torre saca a relucir que en los últimos 50 años la lucha principal de la izquierda civil colombiana ha sido “por vencer el doble cerco que la asfixia”. Ese doble cerco lo tienden, por un lado, un movimiento guerrillero de vocación militarista, que ha abusado del recurso a las armas, y por el otro, una derecha intolerante, que no ha dudado en proceder “como la patria manda para conjurar al Enemigo Malo”, eliminando a tiros a todo aquel que se le antoja representa un “guerrillero vestido de civil”. Tres candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro, asesinados entre dos elecciones presidenciales y más de 5.000 muertos entre los militantes de la Unión Patriótica son la prueba. 

Pero las cosas parecen estar cambiando. Si bien es cierto que en estas elecciones, la izquierda solo alcanzó a conservar sus adquisiciones y los votos y curules obtenidos solo le alcanzaron para mantenerse en el panorama político colombiano, el hecho de haber salvado el pellejo es parte de su victoria. Haber sobrevivido al filtro del umbral, depurando sus filas por la vía del voto, particularmente cuando muchos dieron por hecho que uno de los dos partidos -o tal vez los dos- desaparecerían el día de los comicios, significa un logro no tan mediocre.

La posibilidad del descabezamiento de los partidos de izquierda era una espada de Damocles, que se advertía en los meses de octubre y noviembre de 2013. Como bien lo planteó en aquel momento un artículo de la revista Semana, uno de los riesgos políticos que corría la sociedad colombiana en las elecciones de 2014 era que los partidos de izquierda, por su eterna división, no alcanzaran el umbral y el Congreso se quedara sin partidos políticos provenientes de este espectro ideológico. Pero sucedió lo inesperado: el Procurador General de la Nación destituyó -sin justificaciones claras- al  alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, a comienzos de diciembre.

El hecho, que ha sido percibido (según encuesta electrónica de la W Radio) por el 63% de los colombianos como un claro acto de persecución política, contribuyó a movilizar un electorado de izquierda que se encontraba un poco apático por las peleas ideológicas de su dirigencia. Muchas de las figuras que llegaron al Congreso a nombre de esta tendencia política: Claudia López, Angélica Lozano o Inti Asprilla, son primíparos que salieron a la calle a rechazar abiertamente el abuzo de poder del Procurador contra el alcalde.

La confirmación de la medida del Procurado por parte del presidente Santos, desoyendo el pedido de Medidas Cautelares a favor del alcalde proferido por la  Comisión Interamericana de Derechos Humanos CIDH, le están costando políticamente al presidente y le está dejando ganancias a largo plazo a Gustavo Petro. La destitución de Petro se ha convertido en un bumerang para el presidente Santos, que se jugó dicha carta, como lo anotó Elber Gutiérrez Roa, redactor general de El Espectador en una “una calculada jugada política de cara a las elecciones presidenciales”. Pero parece que la maroma no le salió como pensaba el Presidente. Una encuesta reciente muestra que después de confirmar la destitución de Petro, el presidente cayó ocho puntos en la intensión de voto a nivel nacional. En Bogotá, ciudad en la que la derecha no gana elecciones desde el año 2000 y la izquierda gobierna desde el 2004, el voto en blanco y la abstención ganan las elecciones.

La destitución de Petro se ha convertido -quien lo creyera- en un viento que ha terminado movilizando la izquierda. En las parlamentarias, según nuestra apreciación de las cosas, la salvó de la debacle electoral, pues en el partido Alianza Verde todos los que cogieron en Bogotá balcón al lado del destituido alcalde, salieron elegidos. Hoy Petro recorre el país llenando plazas públicas para denunciar su destitución, lo cual podría terminar conduciendo a un proceso –sin precedente– de  expansión político de la izquierda.

Foto: Captura de pantalla / YouTube